Periodistas: hiperconectados a la profesión

Con la revolución tecnológica, quienes trabajan en los medios disponen de múltiples herramientas para realizar su tarea. Ventajas y desventajas del mundo de la conexión full-time.

jueves, 20 de octubre de 2011
Periodistas: hiperconectados a la profesión

Ilustración: Rodrigo Pérez Moralejo

Ángeles L. Acosta

Suena casi como una escena de ficción que hoy un periodista gráfico que va a redactar una crónica, una nota color, un policial o cualquier tipo de artículo lo haga sin consultar portales webs, sin googlear algún dato o sin chequear la ortografía de un vocablo en el diccionario online de la Real Academia Española.

Si se trata de un periodista de medios radiales su BlackBerry para leer los mensajes de texto o los tweets de sus seguidores es infaltable al momento de comenzar su programa en vivo. Al igual que la notebook con wi-fi conectada dentro del estudio y bajo su micrófono.

Para un trabajador de la televisión es fundamental la llamada cucaracha (discreto auricular que se coloca en la parte interna de la oreja) que le informa a un conductor, por ejemplo, qué noticias hay para el siguiente bloque del noticiero matutino. Las grandes pantallas de LCD en las cuales el periodista puede -a través de un sistema táctil- hacer un repaso por los principales titulares de los diarios del día, también son herramientas, pareciera, imprescindibles.

Es que hoy teléfonos inteligentes, internet, mails, redes sociales, grabadores digitales y tablets son sólo algunas de las miles de herramientas tecnológicas que cualquier periodista tiene al alcance de la mano para realizar su actividad cotidiana. Y, claro, con tamaña incorporación, el mundo de los profesionales de los medios de comunicación se ve revolucionado. Hay, decididamente, un antes y un después en la historia del periodismo.

Hay periodistas que son (o fueron ya) parte de los dos períodos. Están los que sólo conocieron el mundo ya digitalizado y tecnologizado. Y también existen aquellos de la vieja generación que no lograron adaptarse a tremendo cambio. Y eso es, por supuesto, comprensible.

Sin embargo, la esencia del periodismo informativo, de investigación y de opinión -las tres grandes ramas en las que se divide esta profesión- no ha (o no debería haber) cambiado.

“El deseo de informar, la veracidad, la curiosidad y la motivación es la misma de siempre, para los nuevos y viejos periodistas. La novedad es la cantidad de herramientas informáticas que hay ahora. Si estoy escribiendo una nota y no recuerdo, por ejemplo, el nombre del director de una película, lo busco en Google y aparece. Antes había que parar y empezar a llamar, y no siempre conseguías lo que necesitabas. Tenías sólo una máquina de escribir y un teléfono fijo”, rememora Miguel Títiro, quien ha desempeñado toda su carrera -pre y post era digital- en Los Andes.

Es que si bien es cierto que para los comunicadores de la nueva era informática es casi impensado producir información sin la ventaja de todas esas herramientas, la posibilidad de hacerlo existe, es real y concreta. Aunque, tal vez, sea más complejo y lleve mucho más tiempo lograrlo.

“Creo que los periodistas no se dividen en ‘tecnófilos’ y ‘atecnológicos’, sino en buenos y malos. Lo importante sigue siendo contar buenas historias, con rigor, ética y sin aburrir al lector. Sí creo que las nuevas tecnologías ayudan, pero no transforman la esencia periodística. Yo uso Twitter y Facebook como un canal de comunicación más”, explica Leonardo Rearte, editor de Estilo y Cultura de este diario.

Por otra parte, los periodistas new age pueden caer en el vicio de creer que sólo alcanza con estar híper-informados. Y esto, según Rafael Morán (voz autorizada por sus 45 años de profesión) “es un error. No todos pero algunos periodistas jóvenes creen que con la información saben todo y el periodismo no es eso. Es formación y conocimiento. Hay que aprender con la sabiduría que te dan los libros y, también, leyendo diarios”.

Asimismo, la profesión del periodista no puede, ni ayer ni hoy, desligarse de su función social. Es decir, el profesional, informe por el medio que informe, debe chequear siempre la veracidad del contenido que transmitirá.

“Yo escribí todo el juicio a las juntas militares con un telex, que es una especie de máquina de escribir gigante. Me hubiese gustado ser corresponsal en los tiempos de ahora. Pero creo que el periodista con un instrumento maravilloso como el digital o sin él, debe ser curioso, rebelde y veraz. La prensa siempre debe estar al servicio de la ciudadanía”, concluye la periodista y candidata a vicepresidenta del Frente Amplio Progresista Norma Morandini.

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