Carla en plena labor periodística, profesión en la que se inicia.
Formar parte de un medio centenario, con amplio reconocimiento en la sociedad y que es leído por miles de mendocinos cada día, representaba para mí un desafío profesional y hasta parecía un sueño lejano. Sin embargo, siendo una periodista que recién está dando los primeros pasos en esta carrera, tuve la gran oportunidad de comenzar a trabajar en Los Andes.
El compromiso de llegar a los hogares de tantos mendocinos que con grandes expectativas leen estas páginas y de contarles los hechos de manera fiel, implica una gran responsabilidad que hace apasionante la labor diaria.
Trabajar codo a codo con profesionales experimentados no hace más que aumentar el aprendizaje e incentivar las ganas de seguir formándome y mejorando. Cada jornada empieza con un reto, un tema que despierta interés en algún sector de la sociedad y que alguien desearía conocer en profundidad.
Ahí comienza la tarea de investigar, hablar con los afectados o con los beneficiarios, consultar fuentes, rever los datos y armar una nota clara y atractiva que cautive a los lectores. Ese hacer diario es frecuentemente alimentado por el feedback de quienes nos leen, los que frecuentemente se hacen presentes a través de agradecimientos, opiniones, consejos e ideas para futuras crónicas.
Este lugar tan importante que ocupo me pone a pensar en el camino recorrido para llegar a él, y eso me remonta a mi niñez.
Ya de pequeña, cuando todavía no sabía leer ni escribir, tenía un diario personal en el que mi madre oficiaba de tipógrafa. Con esta simple acción que se convirtió en hábito, me di cuenta que a través de la escritura podía verter mis propios sentimientos, lo que devenía en una verdadera catarsis. De esa manera y casi sin darme cuenta, fui deviniendo cronista de las actividades y sucesos relevantes de mi propia cotidianidad.
Con el pasar de los años, esta devoción por la escritura me marcó a la hora de decidir mi carrera universitaria, ya que la única opción que siempre estuvo en mi mente fue la comunicación.
Hoy, gracias a las puertas que se me abrieron en esta casa, siento la enorme satisfacción de poder hacer de mi vocación una verdadera profesión. Esto implica trabajar cada día con seriedad para brindar lo mejor de mí y así llegar a miles de hogares mendocinos con las respuestas que ellos mismos están buscando. Termino estas líneas con una frase que me inspira diariamente: “Madurez en el adulto significa recuperar la seriedad que de niño se tenía al jugar”, firmada por Friedrick W. Nietzsche.
Con la revolución tecnológica, quienes trabajan en los medios disponen de múltiples herramientas para realizar su tarea. Ventajas y desventajas del mundo de la conexión full-time.
El hombre y la tecnología se combinan para que Los Andes llegue al lector a tiempo cada día. La trastienda de este proceso en la voz de sus protagonistas.