Una adecuada crónica expresa mucho, una buena fotografía sintetiza y fija en la retina del lector la realidad que la pluma del redactor ha descripto. La combinación de ambos -texto y registro fotográfico- producen el fenómeno del periodismo gráfico.
Los departamentos fotográficos de los diarios modernos como Los Andes son esenciales para su servicio.
Piense el lector en hechos que lo asombraron en los últimos años -la guerra de Malvinas; la visita del Papa Juan Pablo II a Mendoza; la caída de las Torres Gemelas de Nueva York o sucesos mendocinos como la ocupación de barrios y terrenos; eventos deportivos (tipo Rally Dakar) o el reciente paso del Tour de France por las rutas de la provincia, son una mínima expresión de los hechos trascendentes captados por esos personajes intrépidos que son los fotógrafos.
Los primeros años
Mucho rollo ha girado desde la primera mitad del siglo XIX, cuando se creó un artefacto capaz de reproducir una imagen que permaneciera después de su captura. Primero debía esperarse 8 horas de exposición a la luz y transcribiendo la imagen a través de un dibujo. Fue Louis Daguerre quien logró reducir el lapso de exposición a media hora.
Llamó a su invento “daguerrotipo”. El éxito fue instantáneo, aunque el costo era elevado y la imagen era única y no se podía duplicar. Después el “calotipo” solucionó el problema, permitiendo las posibilidades de reproducción hasta el infinito. Cerca de 1900, el estadounidense George Eastman inventó la película a rollo y a partir de entonces se hizo habitual el acceso a las cámaras, comenzando la era de la fotografía comercial y periodística.
En la historia más que centenaria de Los Andes, acompañar con fotos los textos de las crónicas se hizo más visible en el inicio del siglo XXI y, en forma más ostensible, a partir de la Segunda Guerra Mundial (1945).
Algunos autores señalan que es ahí cuando se consolida el fotoperiodismo en acción, que había aparecido varias décadas antes con muchas dificultades. Las emulsiones aún tenían sensibilidades muy bajas, por lo que tomar fotos en interiores o de noche se limita al uso irremplazable del flash (de magnesio, en aquel entonces). Para colmo, las cámaras eran de gran formato y la frecuente necesidad de usar trípode hacía que los reporteros gráficos estuvieran muy limitados en sus posibilidades.
El recuerdo de don Pedro
Aunque terminó usando equipos modernos, Pedro Suzarte, por tres décadas jefe de la sección Fotografía de este diario (y fallecido en 1993), recordaba en entrevistas que dio en sus últimos años de servicio los viejos tiempos de la fotografía. Allí rememoró que para tomas en interiores o de noche se usaba el flash de magnesio. Había entrado a Los Andes en 1939, a las órdenes de Ángel Delpodio, con 19 años.
Con el paso del tiempo, usando su fiel cámara Roleiflex, capturó revoluciones, maniobras militares, inundaciones, terremotos y visitas de grandes personajes, como Juan D. Perón y Evita, Mario Moreno “Cantinflas”, Julio Cortázar y Mercedes Sosa.
Sus fotos trascendieron tanto que un libro con sus mejores trabajos ingresó al Museo de Nueva York. Y también están coleccionadas en el Museo Fader de nuestra provincia. La serie de postales con paisajes de Mendoza y del país fue un clásico dominical en las décadas del '60 y '70, que el gobierno de la Provincia declaró de interés cultural.
De la emulsión al chip
Otro veterano, Delfo Rodríguez (59), que trabajó varios años en Los Andes, compara la fotografía analógica con la actual, de tipo digital. “Lo que cambió -sostiene- es el respaldo. Antes la imagen se plasmaba en una emulsión, hoy en un chip, en un sensor; antes se usaban los rollos de película y en la actualidad, las tarjetas de memoria, pero la función sigue siendo la misma”.
Sin embargo, una dificultad en la labor del antiguo reportero gráfico era el tiempo que transcurría entre la toma del suceso y el resultado final, que era una copia en papel que luego pasaba por el proceso de fotomecánica. “Ese contratiempo se aumentaba -opina Rodríguez- cuando las notas eran cercanas a la hora de cierre del diario, como un motín en la cárcel, un accidente de tránsito o un evento deportivo a altas horas de la noche”.
La era digital
A partir del invento del rollo de película por Eastman, que sustituyó la legendaria placa de cristal, se produjo el fácil acceso a las cámaras. Y a fines de los años '80 aparecieron en el mercado las primeras máquinas digitales, que en vez de capturar la imagen en el papel fotográfico lo hacen en una memoria digital.
Son tiempos también del formato ‘jpg’, las siglas de Joint Photographic Experts Group, el nombre del grupo que creó esta variante de archivo. Se trata de un formato para guardar imágenes y que comprime para que ocupen menos espacio en la computadora.
Es el actual equipamiento que usan los fotógrafos de Los Andes, cuyo editor en jefe es Daniel Muzio (54). A este profesional, que trabajó en agencias internacionales de noticias, se deben las muy fuertes imágenes del Juicio a las Juntas Militares, realizado en 1985. En esos días, la lente de Muzio capturó los cráneos de los cuerpos que habían sido enterrados como NN y que un científico norteamericano proyectaba en una pantalla para ilustrar a los jueces cómo se podía identificar los cadáveres de los desaparecidos.
El espíritu es el mismo
Walter Moreno (38) integra hoy el staff fotográfico de Los Andes y evalúa este último y gran cambio tecnológico que se dio en su profesión: “Tuve la suerte de conocer los dos procesos. Empecé con equipos analógicos y viví la transformación a la era digital. Los Andes fue el primer diario en usar cámaras totalmente digitales”, sintetizó. Sobre la manera de plantearse el trabajo, afirma que es la misma. “Lo que importa es la mirada del fotógrafo que no va a cambiar, aunque la tecnología avance. Ésta desarrolla nuevas herramientas y nosotros tenemos que aprovecharlas”.
Muchos ‘clicks’ se han accionado desde que en 1839 se presentó el daguerrotipo en París, pero el espíritu de aquellos personajes con estrafalarios aparatos y los profesionales contemporáneos parece ser el mismo: retratar con la mayor fidelidad posible los personajes, las historias, los acontecimientos, las costumbres y los buenos momentos y desgracias de la sociedad en la que vivimos.
Con la revolución tecnológica, quienes trabajan en los medios disponen de múltiples herramientas para realizar su tarea. Ventajas y desventajas del mundo de la conexión full-time.
El hombre y la tecnología se combinan para que Los Andes llegue al lector a tiempo cada día. La trastienda de este proceso en la voz de sus protagonistas.