La cara de los jugadores argentinos es elocuente. El esfuerzo no alcanzó para quedarse con el título. (Orlando Pelichotti, enviado especial / Los Andes)
domingo, 02 de octubre de 2011La Selección perdió ajustadamente con España (5 a 4), en la definición del torneo celebrado en San Juan. Como en 2001, los europeos repitieron la corona.
El estadio Aldo Cantoni tiene vida propia, se estremece. Allí, todos los sentimientos confluyen en su rectángulo de juego. El aliento de la tribuna y su repiqueteo de tambores, las lágrimas, también el desconsuelo, el grito contenido y el desahogo, todos -en su justa medida- también fueron protagonistas anoche de la gran final en la Catedral del hockey sobre patines.
El primer tiempo cerró con una búsqueda notable, España (con una ventaja de 2 a 1 en el marcador) procuraba de contragolpe cerrar el partido; Argentina, por el contrario, recorría distintos caminos que le permitieran llegar al empate. El estadio se había enmudecido, a los 4’31”, cuando Josep M. Ordeig había abierto el marcador.
Pero, lejos de amedrentarse, el público respondió con un fervoroso aliento a los jugadores dirigidos por José Martinazzo.
Los albicelestes intentaban con los desbordes de Pablo Álvarez o los tiros de media distancia, acercarse en las cuentas, pero el nuevo cachetazo español no tardó en llegar y dio en el blanco.
A los 8'13", Marc Torra, de media distancia, hacía más profunda la herida y la cuesta más empinada. Pero el elenco anfitrión, que a lo largo del torneo aprendió a remontar resultados, estaba dispuesto a conseguirlo otra vez.
El ingreso de David Páez renovó la artillería que había propuesto el mendocino Esteban Ábalos. Por esta vía, de media distancia, Páez achicó a los 12’31”.
En el complemento la popular albiceleste, que había alentado desde el Himno, se quedó en silencio cuando Jordi Bargalló volvía a estirar la ventaja para los de la Furia Roja.
La réplica albiceleste fue inmediata y Álvarez estrechó nuevamente el margen, pero España, con mayor soltura en el contragolpe, volvía a doblegar el arco custodiado por Daniel Kenan. Primero con Sergi Panadero y luego de la mano del capitanísimo Pedro Gil (héroe del campeonato de 2001 en San Juan).
La desesperación por descontar atentó contra las ideas de juego y protagonizó un partido al borde de lo emotivo; si bien Álvarez consiguió acortar la brecha del marcador (5 a 3), todos se quedaron esperando el milagro mientras el plantel patinaba más allá de sus fuerzas.
Esta vez, como en aquella final de 2001, la figura del partido fue el arquero catalán Trabal. Mauricio Videla - enviado especial a San Juan - mvidela@losandes.com.ar