Presidenciables pero no tanto

martes, 07 de septiembre de 2010

Por Carlos Salvador La Rosa - clarosa@losandes.com.ar

Entre las figuras políticas con más chances actuales de ser candidatos presidenciales, los cuatro principales deben lidiar, cada uno, con su propio fantasma, ése cuya existencia pone a un límite a sus ambiciones.

Néstor Kirchner tiene un problema de techo: cómo perforar un porcentaje que se acerca pero jamás llega al ansiado 40% de los votos que necesita para imponerse en primera vuelta si el segundo candidato en pugna no llega al 30%.

Julio Cobos se enfrenta al problema opuesto: cómo encontrar un piso que le impida seguir descendiendo desde las alturas olímpicas a que llegó luego de su voto “no positivo”, el que lo convirtió en el candidato ideal de la “gente”, esa nueva categoría sociológica (heredera light del “que se vayan todos”) compuesta por aquellos que construyeron la ilusión de una nueva política de características antipolíticas y conducida por líderes no políticos.

Ricardo Alfonsín, por su parte, sólo piensa en cómo lograr la “convertibilidad” entre una imagen positiva que crece exponencialmente, frente a una intención de voto que sube mucho más lentamente. Cómo transferir imagen a voto.

El otro candidato -el que siempre parece estar pero al final termina no estando-, Carlos Reutemann, es poseedor de un fantasma puramente interior, de ribetes shakespeareanos. El santafesino no cesa, como su presumible antepasado Hamlet, de formularse la crucial pregunta: To be or not to be, that is the question.

La dificultad mayor de Kirchner es que el techo a perforar parece construido, en sus instancias decisivas, con materiales de acero. Mientras que, contrariamente, el piso que debería frenar el descenso de Cobos, está compuesto de maderas astilladas. Para el primero es tan difícil seguir subiendo como para el segundo no seguir bajando.

No obstante, si ambos se quedaran donde están situados hoy, serían casi seguramente los dos rivales más importantes que se enfrentarían en 2011. Pero la vida no es una foto sino una película.

Cobos fue la expresión más acabada de la politización de las clases medias urbanas y rurales, proceso que se inició con la rebelión del campo y culminó con el triunfo en las elecciones de 2009.
 
Pero a partir de ese momento, comenzó nuevamente la despolitización de la clase media, cuando ésta se desilusionó al verificar que las distintas oposiciones que la representaron no tenían nada en común entre sí y no aportaban novedad alguna. El principal perjudicado de ese cambio de opinión colectivo, fue Cobos.

La mayor fortaleza de Cobos es su marca de nacimiento, ese famoso voto. Por eso su mayor esperanza es tener otra vez la oportunidad de encontrarse frente a una instancia decisiva similar; pero, al haber desaparecido el efecto sorpresa, cada día se le hace más difícil hallarla.

Ricardo Alfonsín, en cambio, tiene una marca de nacimiento tan positiva como negativa: pasó a la fama porque las hadas le permitieron quedarse -casi como bien de familia- con casi toda la herencia política de su padre, el cual volvió a enamorar, en vísperas de su muerte, a las grandes capas medias.
 
El problema es que parecerse a su padre -en físico, voz y consignas-, no parece ser suficiente como para arribar a la presidencia y hasta puede llegar a ser el obstáculo para encontrar una personalidad propia.

Luego de absorbido el fracaso de julio de 2009, Kirchner se hizo un picnic con la división opositora y la falta de novedades de todos sus exponentes, pero él tampoco parece encontrar nada nuevo, salvo redoblar y redoblar la apuesta en el único camino que siempre siguió: el de la confrontación permanente.

No obstante, esa rutina de poner en escena cada vez un enemigo nuevo para decirle lo mismo que dijo a los anteriores, parece estar encontrando su punto de hastío. Como que no bastara para ganar con ser más de lo mismo. Atacar y atacar como única estrategia lo está llevando a “escupir para arriba”, por lo que su desafío es el de hallar una misión nueva para la cual pedir su re-elección.

Ayer, en Mendoza, Julio Cobos se juntó con todos sus seguidores locales. Algunos, sólo algunos, le pidieron que no esperara un día más para explicitar su candidatura presidencial, pero todos le aconsejaron que ni por casualidad renuncie a la Vicepresidencia de la Nación.

Cobos vino a Mendoza a buscar maderas para impedir que su piso se siga deteriorando, la base partidaria que le falta para competir con Ricardito. En tanto, Kirchner se desvive por no volver a bajar y Alfonsín intenta pasar por el medio de ambos. Reutemann, por su lado, sigue estando solo y esperando.

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