Luis Scola es el goleador del Mundial con 145 puntos en 5 partidos jugados, es decir, un promedio de 29 por juego. (AP)
domingo, 05 de septiembre de 2010El protagonismo y la intensidad del trabajo que realiza cada jugador en un equipo varía significativamente. Hay selecciones que concentran el esfuerzo en su quinteto titular y en unos pocos sustitutos. Otras tienen mayores recursos en el banco, por lo tanto pueden repartir las cargas y responsabilidades con un personal más variado.
¿En cuál de esos grupos está encuadrada la Selección argentina en este Mundial? Claramente en el primero, porque acumula su capacidad de desequilibrio en apenas tres jugadores: Luis Scola, Carlos Delfino y Pablo Prigioni. Al menos hasta que Fabricio Oberto se sume a esa base, ya repuesto de su afección intestinal.
La simple y objetiva mirada de cada partido permite sacar conclusiones. Y las estadísticas, relevantes, suelen confirmarlas con precisión. Ambas fuentes de información ofrecen datos contundentes. Por ejemplo, que entre el ala-pivot de Houston y el escolta de Milwaukee aportaron en 5 juegos 232 puntos de los 413 que sumó Argentina. Es decir que en ellos dos se concentró el poder ofensivo del equipo, con el 56 por ciento de los tantos.
Otro rubro clave, el de las asistencias o pases gol, está casi acotado a Prigioni y Delfino, con 48 sobre 80 (60%). Ambos fueron asimismo los que estuvieron más atentos para robar pelotas (22 de 40, 55%). El trío en cuestión, hasta el momento, jugó 510 minutos de los 1001 que sumó todo el conjunto nacional. Más de la mitad del tiempo de la Selección entera, con Delfino como abanderado, ya que es el segundo jugador de los 288 que compiten en Turquía con mayor rodaje: 35,6 minutos por partido, contra 35,8 del chino Liu.
Más tiempo en cancha es sinónimo de más trabajo, mayor esfuerzo y mayor desgaste. En síntesis, sobrecarga y sobreexigencia.
Hasta ahora, las mentes y los cuerpos de los tres respondieron con creces. Si bien es un dato positivo, puede no serlo tanto en cuanto a que los adversarios saben que las opciones de ataque de Argentina se limitan a esos jugadores. Lo cual implica un riesgo, porque podría convertir al equipo en un oponente más previsible y vulnerable.
Y decimos podría, porque pese a esa evidencia, Scola, monumental e imparable, da cátedra y quiebra todos los recursos defensivos. Delfino, tan versátil como desequilibrante, se multiplica en todas las facetas del juego y se adapta en tres posiciones, como base, escolta o alero. Y Prigioni es el segundo mejor asistidor del campeonato, con su habitual astucia y gran panorama. Ellos tres son las columnas que sostienen a la Selección. ¿Será suficiente para que la esperanza crezca? Daniel Pelisch - Especial para Más Deportes