Maravillas de Mozambique

Playas paradisíacas y cultura africana hacen de la provincia costera un destino impostergable. Realidades del subdesarrollo conviven con exóticas postales. Estilo colonial y días de sol.

domingo, 05 de septiembre de 2010
Maravillas de Mozambique

En la bahía, los jóvenes aprenden el oficio de pescadores.

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Pepo Garay - Especial para Turismo

"Las cosas han cambiado mucho aquí. Si hubieras visto lo que era esto seis o siete años atrás, te sorprenderías cuanto. Antes ni siquiera tenías rutas ni transporte para ir de un lugar a otro. Ahora la realidad es muy distinta", comenta Percy, un sudafricano que desde hace una década realiza trabajos comunitarios en Mozambique.

Más allá de las reformas de las que habla este trabajador social, el viajero no deja de sorprenderse con lo que dispara su alrededor. Caminos desgarrados y pies descalzos nos hablan de una nación que batalla día a día contra el subdesarrollo.

Los problemas cotidianos gritan África, pero también las bellezas del paisaje. Quizás allí, en ese contraste, radique lo más interesante de este país costero. Mixtura que alimenta su seducción y carácter, convirtiéndolo en un destino impostergable.

Bien auténtico

Inhambane ejemplifica a la perfección aquel perfil. Una pequeña ciudad donde el lujo brilla por su ausencia, ocupando su lugar el encanto de lo auténtico. Ubicada al sur del territorio nacional, la capital de la provincia homónima disfruta de un legado arquitectónico y un entorno natural único. Eso, sumado al perfume de la cultura local, logra que el visitante se consagre a sus pies.

Por las calles del centro el ambiente es calmo y sosegado. La gente deambula ocupada en lo suyo, al tiempo que un puñado de turistas recorren las arterias sin el menor rasgo de apuro. Siendo las playas el principal foco de atención, son pocos los foráneos que se acercan a caminar las bondades del asfalto.

Así, uno pude darse el lujo de explorar en calma las huellas del pasado colonial. Radiante de significado, el estilo de la arquitectura portuguesa aparece en cada esquina. Dan testimonio la Catedral de Nossa Senhora da Conceicao, a Casa da Cultura y demás edificios históricos. Por su parte las mezquitas, preciosas construcciones de rasgos arábicos, reflejan la diversidad religiosa de los mozambiqueños.

Luego de embriagarse con los hechizos del cuadro urbano, conviene darse una vuelta por la bahía. Allí los parroquianos acuden a conseguir su alimento básico: el pescado. Vela, redes y un par de tripulantes marcan el semblante de los pequeños cayucos. Desde el muelle, un grupo de jóvenes aprende el oficio con improvisadas cañas. A algunos les basta una tanza y un anzuelo para llenar sus alforjas.

Mientras tanto, barcos rebosantes de pasajeros van y vienen conectando Inhambane con Maxixe. Son 20 minutos de viaje a través de la Bahía. En un ambiente de total informalidad, tan característico de Mozambique, el trayecto va aggiornado de colorido y charlas con los locales.

Las playas de Tofo

Es tiempo ahora de hacer cita con el océano índico. En "Shapa" (o pequeños buses, medio de transporte por excelencia en la nación africana) el viajero se complace con las postales del camino, rico en palmeras y aldeas rurales.

Tras 25 kilómetros de tierra, Tofo y sus exuberantes playas surgen ofreciendo un universo de sol y arena. Cielo abierto y mar turquesa dan rienda suelta al regocijo, bendecidos por un clima tropical que acompaña todo el año.

Unas pocas Cabañas, hostels y campings ayudan a enmarcar el cuadro. Ambiente relajado, sandalias y la paz que invoca la cultura playera. Aquí el aire sabe a gloria.

En la esquina principal del pueblo, los vendedores ofrecen artesanías, frutas, pescado y artículos de almacén. También hay un par de restaurantes, donde se puede saborear un delicioso filete de barracuda con arroz por menos de dos dólares.

Ya de vuelta junto al mar, los niños que venden pulseras se acercan para ofrecer sus mercancías. Ante el menor signo de simpatía, se sientan al lado y hablan.

Hablan mucho. La ocasión es la apropiada para seguir cultivando saberes de Mozambique y reír en portugués con las ocurrencias de los infantes. Grandes sonrisas manifiestan alegría, a pesar de las dificultades diarias. Dicen ser felices. El paraíso que los rodea les da la razón.

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