Entre los años 1976 hasta 1986 padeció el exilio, afincándose en México y Cuba.
Las letras hispanoamericanas están de luto. Falleció en Buenos Aires el 14 de agosto la escritora argentino-chilena Iverna Codina.
Nuestra escritora, ubicada entre los máximos exponentes de la literatura femenina y realista del siglo XX, tuvo un comienzo en el campo de la poética para devenir luego a la narrativa con alto grado de compromiso social y con una vigorosa estética en el arte de narrar.
Dijo Hugo Acevedo en el prólogo de la re-edición de uno de sus libros, "? la poetisa del verso cruzaba hacia la prosa para sumar testimonio, elogio y censura en prueba de amor a sus orígenes y al porvenir con que no deja de soñar para los suyos más que para ella misma, que se ha jugado hasta el fondo".
Había nacido en Quillota, Chile, el 15 de junio de 1912 (haciéndole honor a su nombre, ya que "iverna", proviene del latín y significa la que nació en invierno), pero desde muy pequeña vivió en Mendoza, luego en San Rafael, posteriormente en Buenos Aires. Iverna siempre se consideró mendocina.
Escribió una vez: "nací del otro lado de la cordillera, de padre chileno y madre española, pero crecí, viví y me eduqué en el sur mendocino, San Rafael, lejos de la ciudad, entre alamedas sonoras de pájaros, canales con yerbadota y la sombra imponente de la montaña que siempre se traga el sol, robándole un pedazo de la tarde. De la montaña viene el mal tiempo y el bueno, el miedo y la alegría. Hay temporal arriba, nevará mucho, buen verano, entonces traerán agua los ríos y no faltará para el riego. Hay tormenta en la montaña. Las nubes torunas bajan amenazantes con su carga fatídica de granizo y piedras. ¿A quién le tocará perder el trabajo, la cosecha, las esperanzas?...".
Entre los años 1976 hasta 1986 padeció el exilio, afincándose en México y Cuba.
En este último país, después de haber estado un tiempo en la capital mexicana, se desempeñó como investigadora en Casa de las Américas, concretamente en el CIL (Centro de Investigaciones Literarias), donde estableció profundos lazos con Mario Benedetti que en esos años también trabajaba en Casa de las Américas, con su director, el poeta Fernández Retamar, con Alejo Carpentier, con Miguel Otero Silva, con García Márquez, con Julio Cortázar, con Manuel Scorza, Juan Carlos Onetti, Pedro Orgambide, Humberto Constantini, David Viñas, Carlos Fuentes, Nicolás Guillén, Jorge Boccanera y muchos otros con los cuales mantuvo vínculos de trabajo, investigaciones, co-publicaciones y militancia en la cultura.
Esto y las peripecias de la salida del país en 1976 están detalladamente relatados en su último ensayo "Diez años de exilio 1976-1986", que escribió a pedido de la Doctora el Letras, Profesora Marianella Colliette, quien trabaja el tema de mujeres en el exilio.
Las obras de Iverna Codina son: "Canciones de lluvia y cielo", Poesía (1946), premio Municipalidad de Mendoza, prologado por su maestro y amigo Alfredo Bufano, "Mas allá de las horas", poesía, con un poema-prólogo de Juana de Ibarbourou (1950), "Después del llanto", poesía (1952), editado por la editorial El Libro Argentino.
En 1956, la narrativa de I. Codina emerge compulsivamente en su producción literaria. Editorial "La Reja" publica en Buenos Aires "La Luna ha muerto", cuyos personajes viven y merodean tanto en el puerto de Guanabara de Brasil, en la Cuarta Sección de Mendoza como en los bares de Buenos Aires.
Personajes dotados de una rica y sorprendente energía expresiva. Con este libro Iverna Codina inaugura la novelística y es para la literatura femenina y social mendocina un fenómeno novedoso y singular.
Pero la mayor creatividad apareció en 1960 con la novela "Detrás del grito". Primer premio en el concurso internacional de Editorial Losada donde integraron el jurado Miguel Ángel Asturias (Premio Nobel de Literatura 1967), Marco Denevi y Beatriz Guido.
Es con esta obra que Iverna Codina se hace conocer en lejanos lugares del continente y la novela recibe relevantes comentarios de caros personajes de la cultura europea y americana, tales como Pablo Neruda, Ciro Alegría, Rómulo Gallegos, Roa Bastos, Tomat-Guido, Volodia Teitelboim y otros destacados artistas y escritores de la época.
Situada en la región fronteriza del sur de Mendoza y Chile, esta novela, al decir de Teitelboim, es una muestra testimonial de un fenómeno muy particular hasta entonces: "El libro es la vida y tiene un ritmo endemoniado, que casi no da respiro... es terrígeno, sanguíneo, aventuroso, lleno de pueblo que la pelea duro. Talvez ninguno que yo conozca logre esa conjunción chileno-argentina por la fuerza misma de gentes que tienen que batirse con la vida a ambos lados de la cordillera".
"Detrás del grito" expresa con destreza creadora el drama humano del desarraigo y de la marginalidad, mostrando en cada página las pavorosas agonías de nuestros hermanos de la frontera entre Malargüe y Chile.
Es sin lugar a dudas una novela ejemplar, donde la denuncia social están en primer plano y los personajes pueden ser los cientos y cientos de seres que sobreviven en la realidad de las adversidades económicas, sociales, políticas y geofísicas de la región. La profundidad a la cual llega describiendo los muy pocos personajes que utiliza y viven en la novela es sorprendente. El realismo, en literatura, tiene con "Detrás del grito" un notable ejemplo con sus telúricas pinceladas en el escenario sureño.
Si bien esta novela no tuvo un "boom" editorial como lo fueron años después "La muerte de Artemio Cruz"(1962), "Cien años de soledad" (1967), "Rayuela"(1963), "La ciudad y los perros"(1962), sí podríamos afirmar que "Detrás del grito" fue una de las piedras fundacionales del "boom" en tanto compromiso total del escritor con la realidad socioeconómica y política de Latinoamérica. Compromiso con los sobrevivientes de medio continente atropellado, explotado y excluido, al igual que millones de doloridos seres humanos sin palabras, que subsisten en él.
"Detrás del grito" fue publicada en 1960, es decir antes de las grandes obras de Carlos Fuentes, García Márquez, Cortázar y Vargas Llosa.
En 1964 nació el primer ensayo, publicada y editada por Cruz del Sur de Buenos Aires, se llama "América en la novela". En ella hace un interesante recorrido histórico y cultural para después analizar en profundidad la novelística, ese lugar privilegiado del arte,"? donde una comunidad recrea su cultura" y lo hace desde México hasta Uruguay y Argentina, nación por nación.
La Municipalidad de Buenos Aires premia a Iverna Codina en 1966 por una colección de cuentos, en la que el primero de una serie de trece, lleva el nombre del libro, "La enlutada", y Editorial Losada lo publica ese mismo año.
Iverna ejerció la docencia en el sur mendocino, fue maestra de grado en las escuelitas rurales y en los años sesenta integró como periodista una comisión legislativa, encargada de investigar la aplicación de la Ley de Minas que según reiteradas denuncias esa ley era continuamente burlada.
Fue la única mujer entre doce integrantes de aquella comisión investigadora que transitó desde la frontera con Chile hasta los límites con la Pampa atestiguando el trabajo en las minas, campamentos, socavones, huellas, cerros, yacimientos y fundamentalmente recorrió las condiciones infrahumanas en que vivían aquellos hombres.
De esta experiencia y de una exquisita sensibilidad surgieron los cuentos de "La enlutada", pudiendo confirmar como lo hizo también Gabriel García Márquez, que "nunca se me ha ocurrido nada, ni he podido escribir nada que sea mas asombroso que la realidad".
Otra creación de la misma calidad es "Los guerrilleros", novela (1968), aquí aparecen novelados los acontecimientos guerrilleros en el norte argentino en la década del sesenta. Se trata de los Uturunco, también de la guerrilla salteña y la de Tucumán.
Esta obra fue reeditada en México en 1977 con buen éxito editorial y llamativos comentarios de la crítica de entonces. Fue escrita a pedido de su hijo Jorge Giannoni, apasionado cineasta, fallecido imprevistamente en 1995 mientras filmaba "La Gitana Tropical".
Años más tarde pone también la lupa en otro contexto social y recrea situaciones y personajes para novelarlos, proporcionando al mundo de las palabras otra comprometida creación literaria.
El contexto económico internacional de la década del sesenta, la política empresarial del país, la intromisión despótica de las fuerzas armadas en los gobiernos de toda América Latina y diversos focos insurrectos que afloraron esparcidos en occidente soñando nuevos rumbos: el Mayo Francés, la protesta de Tlatelolco, la Primavera de Praga, el Cordobazo, los Tupamaros en Uruguay son manifestaciones populares de alto nivel revelador.
En uno de ellos se detuvo Codina trascendiendo toda categorización de género literario para atestiguar con erudita pluma y admirable estética el magno fenómeno protestatario cordobés.
Con penetrante espíritu crítico Iverna se alista al proceso de la revolución latinoamericana, cuyo meridiano pasaba entonces por Córdoba, y lo hace conociendo las entrañas mismas de las causas que originaron aquella sublevación popular. De esa apasionada observación surgió una obra literaria repleta de emociones dispersas en el terreno testimonial: "Los días y la sangre".
En 1977 obtuvo el Primer Premio en el Concurso Leopoldo Marechal con el cuento "La noche de la barricada" y en la "Antología del cuento argentino" está publicado otro cuento que se llama "La cruz negra", editado en Munich en 1975.
Codina escribió otra novela no publicada todavía donde relata aconteceres del exilio y se llama "Un barco en la bahía", crónicas, vivencias y recreaciones experimentada por ella cuando un barco argentino estuvo anclado en la bahía de la Habana en los años de la dictadura militar
En 1981 deja Cuba, donde también había colaborado en la revista "Casa", para trasladarse a México formando allí talleres literarios de narrativa y además formó parte de otra revista literaria, "Plural".
En las ultimas páginas de "Diez años de exilio", Iverna escribe que uno de los galardones que le regaló la vida fueron las palabras de Pablo Neruda cuando fue invitada a la casa de Isla Negra junto a diez escritores más (Donoso, Skármeta, Dorfman, y otros) en donde el poeta dijo: "El motivo de esta reunión es festejar el éxito de Iverna Codina, chilena de origen que ha obtenido con su novela "Detrás del grito" el Primer Premio en el concurso de la editorial Losada para escritores de España y América Latina, al que se presentaron alrededor de setecientos aspirantes con seudónimos. La novela de Iverna que he leído con entusiasmo, se puede parangonar con lo más destacado de la novelística de América, osadamente social, en la línea de Mariano Azuela, Rómulo Gallegos, Roa Bastos y tantos otros"
Quiero terminar esta nota transcribiendo algunas palabras del poeta y periodista veneciano, radicado en argentina, Francisco Tomat-Guido, a propósito de "Detrás del Grito", algo que pinta a la autora y a su sensibilidad de cuerpo entero".
Orientada esta novela a mostrar una de las agonías contemporáneas, su forma y contenido la acercan al drama del desarraigo y a la búsqueda de un bien común, como forma viviente de comprensión entre los hombres. ...Transparente por momentos, bárbara en otros, reconoce en última instancia ambiciones por venir en el fondo crucial de los destinos sociales... Apasionante sentido de la fe puesta en el hombre, como razón y principio de toda justificación humana".
El escultor inaugura mañana, a las 20 hs, una muestra retrospectiva en su pueblo natal "41 años con el Arte del Fuego, 1969-2010". Es en el Centro Cultural Héctor David Gatica, Villa Unión, La Rioja.