Un fabricante de encantos

sábado, 04 de septiembre de 2010

Por Ledo Ivo

Poesía: el arte de hacer versos y poemas; el lenguaje en su uso supremo; una celebración del universo; un espejo de la condición humana; una visión del mundo; una operación espiritual por la cual se crea un objeto verbal de naturaleza encantatoria; un documento y memoria de la vida y del tiempo; la realidad de lo imaginario.

Frente a esta recopilación poética de Rodolfo Alonso, el gustador de poemas, en el usufructo de un placer -ese placer poético que sólo la poesía tiene condiciones de proporcionar- es estimulado a proceder al reconocimiento de la función de la poesía, sea a través de definiciones ambiciosas que le confieren un sello de totalidad, sea en la aceptación de conceptos parciales.

Aquí está, en una colección que aspira a ser una totalidad, una obra a la que no falta el centelleo del esplendor.

La evaluación del largo trayecto recorrido por Rodolfo Alonso en medio siglo conduce al lector a establecer la abolición del escenario histórico y cronológico, para que el trabajo poético de uno de los mayores poetas argentinos (y latinoamericanos) de nuestro tiempo pueda dejarse ver en toda su nitidez - y en todo su misterio.

El telón de fondo de su actuación apunta hacia una era de emergencias y torbellinos: el siglo XX, con su extenso catálogo de colisiones y cambios, y el surgimiento y sucesión de tantos movimientos poéticos, desde el pos-simbolismo mallarmeano y valéryano al surrealismo, al dadaísmo, al cubismo, al creacionismo, al ultraísmo, a los vanguardismos autocráticos o irradiantes, en busca de una contemporaneidad que casi siempre se sitúa o se oculta en dominios oscuros o desvaídos.

Las mutaciones estéticas de un siglo dividido y desgarrado entre la tradición y la ruptura, el avance y la regresión, la aventura y el orden, rigen la herencia poética de Rodolfo Alonso.

Hombre de su y nuestro tiempo, abierto a la información estética, él no convivió y convive apenas con los grandes legados ostensivos o esquivos de la creación poética.

En su condición de traductor -o mejor, de Príncipe de los Traductores, que promovió la travesía lingüística de tantos nombres contundentes o eméritos- participa, como co-autor o co-creador, de un proceso en que el trasplante de poemas extranjeros a su lengua natal corresponde a una verdadera recreación.

En su faena de traductor, él les confiere una nueva respiración; un nuevo secreto; incluso un nuevo espanto. Les transfiere esa respiración viva y alentadora que sustenta sus propios versos.

En estos poemas de Rodolfo Alonso, el lector escucha una voz nítida e inconfundible. El lastre subjetivo, depósito de experiencias estéticas y vivenciales acumuladas a lo largo del tiempo, busca la expresión inseparable.

El canto de las profundidades, de lo que el hombre tiene de más ambiguo, y oscuro, y recóndito, se eleva al territorio de la elaboración afortunada y de la composición acabada para imponerse en su plena objetividad.

Y así se vuelve un compartir, una asociación con el otro que es el lector - ese otro aparejado para conferir al poema, en una lectura al mismo tiempo placentera y creadora, la interpretación que lo pluraliza y plurisignifica.

Son poemas acabados, completos en sí mismos, viviendo y respirando la autonomía envidiable. Rodolfo Alonso sabe que la poesía es un ejercicio de concentración, incluso cuando ella, expansiva, ostenta una apariencia desbordante.

En esta selección, los poemas se exhiben siempre en su nitidez y concreción, con su rigurosa faz imaginística. Hay una especie de despojamiento en la poesía de Rodolfo Alonso: un lirismo de palabras desnudas, de cielos desnudos, de pies desnudos, de mujeres desnudas y resplandecientes.

La solaridad y la luminosidad de esos versos, en su mayoría lacónicos y elípticos, ávidos de su propia economía, no se agotan en la claridad. Se me ocurre recordar aquí un verso del gran poeta mexicano Carlos Pellicer: "El día tiene algo de la noche."

El día de Rodolfo Alonso tiene algo de la noche: de la grande y estrellada noche argentina, de la brumosa geografía del Sur, de los vientos que soplan en las llanuras, del misterio de los seres silenciosos, del "asombro / sobre las islas del verano". La dicción visible abriga la voz venida de otro lado, el canto inmemorial de las profundidades.

Poesía: canto, poema, carmen, charme valéryano. Con su poesía de deslumbramiento, sustentada por el resplandor del instante, Rodolfo Alonso es un fabricante de encantos.

Rio de Janeiro, 20 de febrero de 2006

Ledo Ivo. Poeta, narrador y ensayista nacido en Maceió, Alagoas, Brasil en 1924. Es una de las figuras más destacadas de la moderna literatura brasileña, notablemente en poesía. Ha forjado una fisonomía fuerte y propia, con pleno dominio de la técnica y del lenguaje. De su obra, ampliamente premiada, destacan sus novelas As alianças (1947) y Ninho de cobras, su libro de crónicas A cidade e os dias (1957), el poemario Finisterra (1973) y sus memorias Confissôes de um poeta (1979).

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