domingo, 04 de julio de 2010“Alemania de cabo a rabo. Argentina de cuatro”. Fue la síntesis del más destacado columnista deportivo brasileño, el sociólogo Juca Kafouri.
A pesar de su inapelable sentencia, el comentarista tuvo un gesto compasivo al evaluar: “Recibir un gol a los tres minutos de juego es lo mismo que ejercitar los músculos en frío o dar una trompada a la punta afilada de una cuchilla”.
Otros analistas y torcedores brasileños fueron menos ecuménicos. Prefirieron no ocultar un lógico sentimiento de revancha. De esto dio cuenta uno de los mensajes recibidos, a decenas, por Clarín. Escrito en perfecto italiano y enviado poco después del partido, el email rezaba: “E meglio sugare un'arancia che fare lo stesso con una salsiccia tedesca”.
Traducido: “Es mejor chupar una naranja que hacer lo mismo con una salchicha alemana”.
Las venganzas suelen ser feas para las víctimas. Pero duelen mucho más cuando hubo alguna culpa previa. Fue el caso de las celebraciones que los hinchas argentinos le prodigaban a cada gol de los holandeses.
Si aquella derrota de la gran potencia futbolística sudamericana fue vista como una humillación, gol en contra mediante, qué podría esperar una Argentina que ni siquiera consiguió hacer un tanto contra el bloque germánico. Como dijo Juca Kafouri, una inestimable referencia brasileña en materia de fútbol, “cuando la Argentina conseguía llegar, lo hacía pero sin fuerza”.
“¿Y ahora qué me dice de la arrogancia del técnico y de los jugadores argentinos?" interrogó otro torcedor paulista a esta periodista.
"Señora entienda de una vez por todas: en América del Sur no tendríamos campeones si no fuera por Brasil. Ustedes tienen que encarar la realidad y olvidarse de que alguna vez fueron una gran selección. Y si Brasil salió por la puerta de atrás, Argentina se fue por la alcantarilla”.
El músico Junior Lima fue más brutal: dijo que había una sola manera de remediar la tristeza de los brasileños. Era el “Chupa Maradona” y en una situación de trance aclaró: “Tiene 13 letras”. En lugar de elegir a los jugadores como blancos de sus chistes. CC