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La TV chimentera al ataque

Los tiempos cambian; la forma de chusmear por TV, también. Cómo se las ingenian los programas para no perder rating.

La TV chimentera al ataque
Con Jorge Rial al frente, "Intrusos en el espectáculo" alcanza una década en la pantalla chica argentina.

sábado, 31 de julio de 2010

La realidad puso a la TV chimentera ante una alternativa de hierro: reinventarse o de-saparecer. Fruto de las transformaciones del comportamiento social y el auge de las nuevas tecnologías, los ciclos de chismes están mutando para seguir en carrera.

Atrás quedaron los viejos tiempos en los que Lucho Avilés atrapaba la atención de la audiencia contando indiscreciones de la celebridades. Escuchadas con oídos contemporáneos, la mayoría de aquellas infidencias suenan como un juego de niños.

Ocurre que el límite entre lo público y lo privado se ha ido corriendo: gran parte de las conductas que antes la gente preservaba en el recoleto universo de su intimidad ahora, las comparte.

Ayer nomás, famosos y desconocidos ocultaban o intentaban ocultar los escarceos amorosos sin libreta de matrimonio, esos que ahora rebautizaron como touch and go y admiten con naturalidad en charlas de amigos o en los medios, según se trate de amantes célebres o ignotos.

Las enfermedades, las intervenciones quirúrgicas y los tratamientos psicológicos supieron protegerse bajo el inviolable cono del secreto médico; ahora los pacientes comparten sus dolencias con quien quiera escucharlos y discuten sus síntomas en los foros de Internet.

Y ni que hablar del sexo: los antiguos secretos de alcoba pasaron a integrar la agenda de la conversación; más aún, hay quienes acostumbran a grabarse manteniendo relaciones sexuales para luego subir el video a Internet.

Así, el chisme televisado -que, como todo chisme, se basa en la curiosidad por conocer lo que el Otro pretende ocultar- fue perdiendo terreno: ¿Cómo atraer a las grandes audiencias contando naderías que los propios interesados están dispuestos a admitir sin siquiera sonrojarse? Imposible, o casi.

Para mayor complicación, los reality shows, nacidos a finales de los ‘90 con la idea de exhibir en la TV al vecino de la puerta de al lado, no tardaron en convocar a ricos y famosos. ¿Qué chisme de esas estrellas podría despertar el interés del público cuando ya las ha visto lavándose los dientes y depilándose las axilas? Ninguno, o casi.

Los tiempos cambian; la forma de chusmear por TV, también. Pero algo permanece: la curiosidad por espiar la vida ajena es igual que en la época de los rumores de palacios. En fin, somos humanos. CC

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