El fundador de la organización WikiLeaks con un ejemplar que refleja la repercusión de la noticia. (AFP)
El Pentágono investiga la filtración de 91.000 documentos militares secretos estadounidenses sobre Afganistán que registran probables crímenes de guerra norteamericanos, grandes errores operativos en el conflicto y el convencimiento de que Pakistán ayuda al enemigo.
La difusión de los archivos clasificados, compilados por unidades militares norteamericanas en los seis últimos años de la guerra, conmocionó a todas las naciones implicadas, desde Estados Unidos, Afganistán y Pakistán hasta los miembros de la OTAN con tropas en suelo afgano en el noveno año de la guerra contra los talibanes.
Sin mencionarlo, Afganistán apuntó ayer a su vecino Pakistán y dijo que los documentos publicados on line prueban que la guerra no tendrá éxito hasta que no se destruyan los campamentos talibanes en territorio paquistaní, a lo que Islamabad respondió con un rechazo tajante de que respalde a los rebeldes islamistas.
Los documentos fueron publicados por el sitio WikiLeaks y dejaron en evidencia que la inteligencia estadounidense considera un fracaso gran parte de la guerra, justo cuando ésta arrecia y crece cada vez más el rechazo popular al conflicto en los países con tropas en Afganistán, muchos de ellos en crisis económica.
WikiLeaks, una organización que promueve la difusión de documentos clasificados, dijo ayer que los informes difundidos -una de las la mayores publicaciones de secretos militares de la historia- eran sólo el comienzo y que aún estudia 15.000 archivos para ver si los publica.
Ante periodistas en Londres, el fundador de la organización, Juliane Assange, dijo creer que "miles" de ataques estadounidenses descriptos en los documentos podrían ser investigados como posibles crímenes de guerra, según informó la cadena de noticias CNN.
En Washington, un vocero del Pentágono, el coronel Dave Lapan, dijo que las Fuerzas Armadas necesitarán "días, si no semanas" para revisar todos los documentos y determinar "el daño potencial a las vidas de nuestros soldados y socios de coalición".
El portavoz del Departamento de Defensa se negó a responder sobre cuestiones específicas de la información, como los informes de que los talibanes usan misiles sofisticados provistos por la CIA a los combatientes islamistas que en la década del ?80 derrotaron a las fuerzas soviéticas, algo nunca reconocido hasta ahora.
Mientras tanto, el ejército detuvo a un ex analista militar de inteligencia en Bagdad por sospechas de que compartió información clasificada, pero los documentos de WikiLeaks podrían haber provenido de cualquier persona con acceso a datos secretos, dijo Lapan.
Los documentos reavivaron viejas tensiones entre Afganistán y Pakistán, justo cuando habían comenzado a disminuir.
"La reciente filtración respalda claramente y verifica la posición de siempre de Afganistán de que el éxito sobre el terrorismo no llega con combates en poblados afganos, sino atacando sus santuarios y fuentes financieras e ideológicas a través de las fronteras", dijo la oficina del presidente afgano.
"Nuestros esfuerzos contra el terrorismo no darán resultados productivos mientras esos santuarios permanezcan intactos", agregó el parte del despacho del presidente Hamid Karzai, en una clara alusión a Pakistán.
La Cancillería paquistaní recogió el guante rápidamente y salió al cruce de las acusaciones y en defensa del servicio secreto del país, el ISI, que según Kabul ayuda a los talibanes.
"El pueblo de Pakistán y sus fuerzas de seguridad, incluyendo al ISI, realizaron enormes sacrificios contra el terrorismo", dijo el Ministerio en un comunicado.
La OTAN rechazó comentar sobre la filtración, pero distintas naciones que integran la alianza manifestaron su deseo de que no perjudique las actuales operaciones militares.
Supuestamente, los 9.100.000 de dólares procedentes del crudo estaban destinados a la reconstrucción de Irak. Pero a 7 años de la caída de Saddam, el país árabe sigue careciendo de servicios básicos.
Unas 15.000 personas tuvieron que ser hospitalizadas y al menos 66 fallecieron víctimas de la ola de calor persistente en la mayor parte de las regiones de Japón desde hace unas semanas, anunciaron este martes las autoridades.