Un relato refiere que el nombre surgió en México, en 1850, cuando en un pueblo en la afueras de Tijuana, una mujer de aspecto regordete, salió a comprar vino para su marido, con una botella que su marido, el vidriero del pueblo, había cambiado su botella de ancho pico por una botella de pico más refinado, pero con un cuello que se abre tanto como 4 o 5 botellas juntas y desciende sin afinar.
La mujer llamada Juana de los Milagros González, solía pasar con el botellón y la gente decía ahí va “Juana con el botellón”, o preguntaba “de quien ese botellón, a lo cual se les respondía, es de la dama Juana” Poco a poco, se fue adoptando el envase pero al comprarlo no sabían cómo llamarlo: “Me da una botella de Dama Juana –solía decir la gente - Esto con el tiempo se transformó en, “me da una Dama Juana”, con lo que el vidriero del pueblo, la bautizó como damajuana.
Otra fuente señala que su nombre viene del francés "Dame Jeanne”, una señorita llamada Jeanne, que era la flor más bonita de una región vitivinícola de Burdeos y tenía tantos pretendientes que siempre en el entorno de ella se desarrollaba una competencia para alargarla.
Su más ferviente y devoto admirador, Jean Claude Pierrin, guardó en secreto unas novedosas botellas, más grandes y mejor adornadas, con unas artísticas canastas de mimbre y se las obsequió en plena vendimia y delante de todo el mundo.
La producción tenía el nombre del Chateau Pierrin del joven galán, pero el calor popular pudo más y todo el mundo comenzó a referirse a este como “El vino de Damme Jeanne” y por extensión cada vez que se utilizaba este tipo de botella se decía “Es un Damme Jeanne” que en castellano es una Damajuana.
De los 9 millones de hectolitros de vino en damajuana que se vendían en el país a principios de los 90, hoy se vende menos de 1 millón. Algunas bodegas que envasan con este formato, prefieren resignar rentabilidad a sacarlas del mercado.