Juan Gutiérrez, Nelson Pérez y Erica Bengolea, peritos especializados. (Claudio Gutiérrez / Los Andes)
El miércoles 16 de junio, a los policías especializados en pericias balísticas Nelson Pérez, Erica Bengolea y Juan Gutiérrez los despertaron temprano: sus celulares sonaron antes de las seis de la mañana. Alguien les dijo que se fueran de inmediato a trabajar en la División Balística Forense, donde los tres prestan servicios.
El motivo de tanta urgencia era que el comerciante Rubén Flores (40) había sido asesinado de un balazo en el barrio Unimev, que la Policía había detenido a dos sujetos en moto con un arma y que con suma prontitud necesitaban saber si el proyectil que habían sacado del cuerpo de Flores correspondía al arma secuestrada a los dos motoqueros.
Antes de las siete de la mañana, la oficial ayudante Bengolea, el auxiliar Pérez y el agente Gutiérrez, comenzaban con la faena. *****
La noche anterior, un ladrón había disparado con un revólver calibre 22 largo al comerciante Flores después de un asalto al quiosco propiedad de la víctima, ubicado en Houssay y Adolfo Calle del barrio Unimev.
La bala, pequeña, entró en la zona de la clavícula y afectó la arteria aorta (la principal del cuerpo humano) de Flores, quien murió en un móvil policial antes de llegar al hospital Central.
Minutos después el barrio estaba convulsionado y a las dos horas la Policía detenía a Daniel Rodríguez (28) y a Juan Marcelo Zabala (24) a bordo de una moto en el cruce de las calles Tielli y Sáenz Peña de Maipú. En poder de ambos se encontró un revólver calibre 22 largo.
Había una esperanza de que ellos fueran los asesinos. Y se presagiaba un muy mal ánimo en la opinión pública. *****
"Lo primero que hicimos en el laboratorio de Balística fue recibir la ropa del hombre fallecido y el arma secuestrada. Un poco más tarde fui a buscar el proyectil del arma que desde el Cuerpo Médico Forense habían extraído del cadáver", recuerda la oficial Bengolea, a cargo de la oficina.
El agente Gutiérrez, por su parte, fue el encargado de tomar el arma a periciar, hacer lo que se llama un disparo de experiencia -que se efectúa contra un aparato llamado 'frenador' (un cilindro hueco de hierro relleno con estopa y con uno de sus extremos destapado).
"Con esa prueba se sabe si el arma está o estuvo recientemente en condiciones de ser usada", refresca el agente. Cuando hizo la prueba, no quedaron dudas de que ese revólver calibre 22 corto servía. *****
Ese mismo día a la mañana, la gente del barrio Unimev comenzó a juntarse en la esquina donde la noche anterior habían matado a su quiosquero.
Los vecinos lo hicieron de manera espontánea y al cabo de un rato acordaron que al mediodía se iban a reunir en Houssay y Adolfo Calle para protestar por lo ocurrido.
Y para quejarse de la floja actuación que le achacaban a la comisaría 44 porque, además, el crimen ocurrió a menos de 40 metros de esa seccional.
Para entonces, la noticia de que había dos sospechosos detenidos había ganado los medios de comunicación, pero la gente recordaba que es muy habitual que cada vez que ocurre un hecho resonante la Policía salga a decir que hay detenidos. Primaba la desconfianza. *****
Una vez que los policías de Balística corroboraron que el arma a periciar estaba en condiciones de ser usada, pasaron al siguiente paso, que consiste en disparar cuatro balas idénticas a la extraída del cadáver contra el frenador.
"La estopa frena y envuelve las balas y luego las sacamos para proceder a la comparación con la bala a periciar", según explica el auxiliar Pérez. Ese trabajo, llamado de cotejo, se lleva adelante en el comparador balístico, un artefacto de suma utilidad para la división Balística (ver infografía).
A todo esto, ya llevaban cuatro horas de trabajo. Y sus teléfonos celulares no paraban de sonar: "Todos (por las autoridades) querían saber cuáles eran los resultados", coinciden los tres efectivos. *****
Hacia el mediodía, el kilómetro cero del barrio Unimev se había convertido en una suerte de peatonal de la indignación.
Al lugar llegaron los comisarios Juan Carlos Caleri (jefe de la Policía de Mendoza) y Pedro Tejerina (a cargo del departamento de Guaymallén) y tuvieron que enfrentar a los lugareños, que -con la prensa como testigo- descargaron su ira contra los funcionarios.
Caleri intentó hablar pero no era una tarea fácil. También procuró informar a la prensa acerca de los dos detenidos, pero no había tiempo para eso.
El comisario no tuvo más remedio que escuchar lo que la gente le gritaba. Por eso, en un momento dado el jefe policial les contestó a los vecinos: "Yo no soy corrupto".
Por más que el sol de ese mediodía no calentaba, el ánimo de los lugareños levantaba temperatura a cada minuto. *****
En el laboratorio de Balística, a la una y media de la tarde, los efectivos Bengolea, Pérez y Gutiérrez alternaban sus miradas ya cansadas entre el microscopio y el monitor en donde aparecían dos balas (una de ellas era la usada en el crimen) 55 veces más grande.
En la pantalla de la computadora apareció lo que tanto buscaban: el rayado estrial de la bala de prueba era idéntico al de la bala periciada. "Luego ese procedimiento se hizo con las otras tres balas de ensayo y el resultado fue el mismo".
Conclusión: en un 100 por ciento estamos seguros de que la bala que sacaron del cuerpo de la víctima fue disparada desde el arma secuestrada a los dos sujetos", indicó Bengolea.
La oficial Bengolea se lo informó a la fiscal especial Claudia Ríos, la fiscal Ríos al ministro de Seguridad Carlos Aranda y Aranda lo dio a conocer a la prensa. El crimen estaba resuelto en gran parte.
A la tarde, el propio ministro llegó hasta el laboratorio y les agradeció por el trabajo: esos tres policías eran quienes lo habían salvado de la primera crisis seria en su gestión. *****
En la noche del viernes, alrededor de 500 vecinos del Unimev hicieron una marcha de silencio por las calles del barrio. Poco se mencionaba acerca de la captura de los presuntos autores ni de las pericias balísticas. Es más, los familiares directos de la víctima no fueron, por más que los invitaron.