Gioja, el cura que quiere ser obispo

De cómo el galán nacional, Néstor K, cambió su amor hacia la bella, conservadora y burguesa Mendoza por un nuevo romance sanjuanino, feudal y promocionado. Por Carlos La Rosa

domingo, 13 de junio de 2010
Gioja, el cura que quiere ser obispo

Por Carlos Salvador La Rosa - clarosa@losandes.com.ar

Néstor Kirchner no ideó el nuevo y perverso sistema de promoción industrial para castigar a Mendoza sino para beneficiar a su nueva esperanza cuyana, el gobernador sanjuanino José Luis Gioja, un político con el que el ex-presidente tiene más afinidad político-cultural que con todos los mendocinos juntos.

Cuando Kirchner despreciaba a Mendoza. Como buen patrón de estancias -que eso fue durante toda su gestión como gobernador de Santa Cruz- Kirchner nunca entendió del todo a Mendoza. Siempre le sorprendió que sus gobernadores no buscaran ser caudillos ni perpetuarse en el poder.
 
Eso que en la cultura política mendocina es una virtud institucional, para Kirchner es una tontería formal que, además, produce una clase de políticos débiles que mientras preservan la prolijidad, se dejan embelesar tanto por las luces de Buenos Aires que apenas llegan a la Gran Capital sucumben a sus encantos por lo que la mayor calidad institucional de dichos dirigentes no se traduce en beneficios concretos para los intereses provinciales que deberían representar.

Cuando Kirchner se enamoró de Mendoza. No obstante, cuando Kirchner devino mandamás nacional, sus convicciones previas acerca de Mendoza se volvieron ambiguas: es que como presidente de la Nación también sucumbió en parte frente a los encantos de la Suiza o la Barcelona argentina, como vienen llamando a Mendoza desde el siglo XIX tantos viajeros y observadores.

Munido de su creencia de que los dirigentes mendocinos son presa fácil de cooptar, pero a la vez ansioso de generar un nuevo movimiento político propio “transversal” que pudiera venderse como modernizador frente al peronismo tradicional que en ese entonces deploraba, Kirchner se lanzó (como tantos otros en tantos otros tiempos, del cual el más recordado es un famoso banquero menemnoventista) a la ímproba tarea de conquistar Mendoza.

Él pensó que si Mendoza tenía políticos tan fáciles de seducir y a la vez instituciones más sólidas que la mayoría de las otras provincias, desde acá podría nacer su proyecto político superador.

Además, en tanto candidato presidencial, Kirchner en 2003 perdió estrepitosamente en Mendoza, ganando sólo en el  municipio de Celso Jaque, casi el único dirigente K que había por estos pagos en aquel entonces.

Por ende, desde que Kirchner asumió la presidencia, vio a Mendoza como una mujer deseada, por ser tan diferente a él. Deseada no tanto en el sentido pasional, sino más bien en tanto buena esposa para formar una nueva familia. Así, con intenciones serias, se propuso seducir a la dama que imaginó como madre de sus hijos transversales.

Todas las veces que visitó Mendoza dejó de lado su verba agresiva y, en vez de mostrarse como ese feroz antiimperialista discursivo al que se convirtió desde que asumió la presidencia, más bien aquí hablaba como un moderado conservador de buenos modales.

Al mismo tiempo, prometía a su futura esposa una dote fabulosa de más o menos tres mil millones (no recordamos si de pesos o dólares, pero lo mismo da, porque eran todos de fantasía) que le entregaría apenas ésta le dijera que sí.

Lo cierto es que un día Mendoza le dijo que sí, o al menos le dijo que sí su gobernador, un prolijo conservador radical de sanas costumbres y escaso patrimonio, variedad casi inexistente entre sus pares del resto del país.
 
Allí nomás, entonces, el presidente encontró un futuro vicepresidente. Y no le fue nada mal porque en las elecciones de 2007 la fórmula Cristina-Cleto sacó en Mendoza la friolera del 64% de los votos, un grado de unanimidad del que no se tenía memoria en esta ínsula cuyana. El conquistador patagónico creyó culminada su obra.

No obstante, algo raro había ocurrido, que entre los festejos de tan colosal victoria pasó desapercibido: no ganó la gobernación el candidato del Cleto y del Néstor sino ese mendocinito kirchnerista olvidado del sur, que vio cómo su solitaria lealtad de 2003 era malpagada en 2007.
No obstante, ese mendo-kirchnerista abandonado por su líder cuando eligió casarse con el radical prolijito, dejó pagando a la pareja cuando convenció a los mendocinos que lo votaran a él porque era más mendocino que kirchnerista. Primera señal de alarma: se había conquistado a un gobernador pero no necesariamente a su provincia, algo difícil de entender por los caudillos que creen que las provincias tienen dueños.

Pero el colmo de su decepción ocurrió cuando el mendocinito radical prolijo y frugal al que puso de vice, se le dio vuelta y le hizo perder la más grande batalla que Kirchner hubo encarado hasta entonces en toda su vida política: la guerra contra el campo.

Cuando Kirchner quiso vengarse de Mendoza. Luego de tal decepción, y ya más motivado por el odio y la furia que por la razón o el interés, Kirchner se propuso convertir al leal Celso que en 2007 abandonó, en su instrumento de venganza contra Cobos. Para eso le brindó todo el apoyo que antes le negó, a fin de que destrozara al Cleto en los comicios legislativos de 2009. Pero Néstor y Celso perdieron contra Cleto. Por paliza.

Recién allí comprendió lo que todos los conquistadores de Mendoza entienden sólo cuando fracasan estrepitosamente: que la provincia es inconquistable y que sus políticos son tan fáciles de seducir como de abandonar al seductor cuando no les sirve más.

Cuando Kirchner se olvidó de Mendoza. Al darse cuenta de que esta bella, conservadora y burguesa provincia trata con benevolencia a los que pretenden sumarse a ella, pero mata con la indiferencia a los que quieren poseerla sin pasar antes por el registro civil y por la Iglesia, Kirchner ya no buscó seducirla ni vengarse de ella sino que, directamente, la olvidó para siempre.

En busca de amores nuevos. Pero nuestro coyote nacional y popular es insistidor. Su virtud es que jamás se rinde aunque se le caigan encima las mil puertas del infierno. Es insistidor hasta decir basta y por eso jamás cejará en su intento de hacer suyo todo el país, incluyendo -claro está- a la región de Cuyo.

Las malas lenguas cuentan que ahora anda en amoríos con otra provincia cuyana pero que ya no busca algo distinto al peronismo tradicional, como buscaba cuando quiso enamorar a Mendoza.

Ahora quiere seducir a caudillos igual que él que no serán tan atractivos ni tan prolijos como los de la bella Mendoza pero sí más previsibles y confiables. O, al menos, no piden casamiento ya que se conforman con el concubinato, mientras se les brinde seguridad económica como a las desposadas.

Esta semana, con bombos y platillos, Néstor Kirchner inauguró, en el Teatro Nacional de la Capital Federal, a “Gestar”, el Instituto de Estudios y Formación Política del PJ nacional, cuyo presidente es José Luis Gioja. Sus estelares jóvenes figuras son el ex-jaquista Diego Bossio de la Anses y un hijo del “Chueco” Mazzón, el gestor de Jaque.

José Luis Gioja, el cura que quiere ser obispo, según sus allegados, es uno de los posibles candidatos a la vicepresidencia por la fórmula kirchnerista de 2011, sea encabezada ésta por Néstor, Cristina, Scioli o quien fuera.
 
Pero como los políticos sanjuaninos no se contentan sólo con promesas como sus pares mendocinos, Kirchner les acaba de regalar la promoción industrial, como prueba de sus serias intenciones. Es un regalo nada menor y exclusivo, aunque lo disimule regalándoselo también a otras provincias.

Es que Catamarca y La Rioja, por más que sigan teniendo promoción, de nada les servirá como no les sirvió en los últimos treinta años y San Luis ya la aprovechó todo lo que la podía aprovechar. Obviamente, sus gobernadores no dirán que no porque, aunque no les sirva para hacer progresar a sus provincias, el sistema les servirá para seguir enriqueciéndose ellos.

En cambio, para apostar al liderazgo político de Cuyo, a Gioja la promoción industrial le viene como anillo al dedo, puesto que la misma -tal como fue planteada en sus inicios y se sigue planteando igual ahora- no persigue equiparar desequilibrios sino fortalecer caudillismos políticos y capitalistas prebendarios.
 
El modelo triunfó en San Luis, porque allí -desde 1983- existieron los caudillos que San Juan recién tiene ahora y que las otras provincias siguen sin tener.

Por eso es que no hay que equivocarse: Kirchner no se está vengando de Mendoza, simplemente se olvidó de su existencia. Ahora, ya desilusionado con cortejar a damas que no se le parecen, sólo seduce a las que sí se le parecen y el líder de San Juan cumple ese requisito.

Además, la promoción industrial, tal como la entiende Gioja, es la mejor herramienta para que Cuyo avance en ese modelo de capitalismo ineficiente de amigos premiados por su cercanía al gobierno, modelo con el que Néstor Kirchner aspira a perpetuarse en el poder nacional.

Los nuevos novios, Kirchner y Gioja, quizá no estén muy enamorados entre sí, pero la falta de pasión es compensada por los intereses compartidos.

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