La educación en zonas rurales

La caída en la matrícula de las escuelas de zonas rurales en los tres últimos años es preocupante. De allí que las autoridades deban seguir trabajando para solucionar la situación y evitar la emigración de jóvenes desde el campo hacia la ciudad.

jueves, 13 de mayo de 2010

La emigración desde el campo hacia las ciudades no es un problema que afecta sólo a la Argentina.
 
En el mundo, la gran mayoría de los países están preocupados por alcanzar algún tipo de solución, como subsidios especiales para que la gente continúe radicada en las zonas rurales; aportes diferenciales para cubrir posibles pérdidas por el bajo valor de los productos u otorgarles las mínimas comodidades a los efectos de que no se produzca la emigración, al menos de los jóvenes.

Para ello, lo primero es otorgarles a los habitantes del campo, las mismas posibilidades de acceso a la educación de los que viven en ciudades. Es por eso que no deja de causar preocupación que, de acuerdo con las estadísticas que maneja la Dirección General de Escuelas, se ha producido una disminución importante en la matrícula rural en los últimos años.
A modo de ejemplo, de 63.353 chicos que tenían clases en zonas alejadas en 2007, se pasó a 62.121 en 2008 y a 57.970 el año pasado.

Tiempo atrás, un estudio realizado por una entidad pública no estatal, para establecer cuáles eran los motivos que generaban una emigración desde el campo a la ciudad, determinó que la mayor preocupación pasaba por la educación. En orden decreciente le seguían el acceso a los centros de salud, las carencias en los medios de transportes y el mal estado en las rutas que muchas veces no les permitía trasladar su producción.
 
Tal estudio coincide con una encuesta que la Red de Comunidades Rurales hizo entre 2008 y 2009 a los directores de estos establecimientos en todo el país, en el que se indicaba que el abandono sufrido por los pobladores termina en su retirada hacia las ciudades y que las escuelas sufren la falta de recurso de comunicaciones, que provocan aislamiento y ausencia de oferta educativa en los niveles medio, de adultos o para capacitación laboral.

El tema es preocupante en el caso específico de Mendoza, en razón de que la educación rural alcanza a casi el 20 por ciento del total de la población escolar y con un dato no menos inquietante: a pesar de que se produjo un fuerte incremento de emprendimientos agrícolas en las regiones pedemontanas del Valle de Uco, en las escuelas de la zona también se produjo un cierto despoblamiento.
 
Paralelamente, los datos otorgados por la Red de Comunicaciones Rurales permite establecer que una de cada diez escuelas en la región de Cuyo no tiene acceso a ningún medio de comunicación; sólo un 24 por ciento cuenta con Internet y casi la mitad utiliza celulares para conectarse.
 
También se conoció que de las 500 escuelas rurales de Mendoza, 400 son de nivel primario, 8 son jardines nucleados y sólo 88 de nivel secundario, mientras un estudio nacional determinó que existe una gran distancia entre las escuelas de primaria y de secundaria, con un promedio de 26 kilómetros de separación entre unas y otras.

Los funcionarios del área educativa cuentan entonces con suficiente información como para continuar trabajando con la seriedad y la celeridad que el tema merece. La educación es un tema esencial para permitir la radicación de la gente en las zonas rurales y los jóvenes que allí permanezcan deben tener las mismas posibilidades para hacer frente a las exigencias de la vida actual.

De lo contrario continuará la emigración y seguirán creciendo las villas de emergencia en las zonas urbanas, como ha sucedido en las últimas décadas, como consecuencia de la actitud adoptada por jóvenes que residen en el campo y que deciden dirigirse a las ciudades en busca, erróneamente, de mejores horizontes.

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