El Cleto se volvió loco

Para elaborar su denuncia penal contra Julio Cobos, los abogados Antonio y Darío Liurgo fundamentan sus razones en una adaptación jurídica de las tesis psicológicas de... Por Carlos Salvador La Rosa

martes, 20 de abril de 2010

Por Carlos Salvador La Rosa - clarosa@losandes.com.ar

Para elaborar su denuncia penal contra Julio Cobos, los abogados Antonio y Darío Liurgo fundamentan sus razones en una adaptación jurídica de las tesis psicológicas de Erich Fromm, famoso ensayista que criticó nuestra civilización sintetizando ideas de Freud, Marx y Adorno.

Así lo dicen los sesudos letrados en su presentación ante la Justicia: “En el ejercicio anormal e ilegítimo de su función, Julio Cleto Cobos... acude en descargo a esta pantomima discursiva que Erich Fromm define como la patología de la normalidad”.

Según José Antonio Marina, la enfermedad que descubrió Fromm se manifiesta “en aquellas personas que se acomodan a lo que satisface a la mayoría”, pero “ese criterio no es de fiar porque las sociedades pueden estar enfermas sin saberlo. En ese caso puede hablarse de una patología de la normalidad ya que una sociedad enferma consideraría enfermo, precisamente al sano”.

Por eso, los denunciantes primero sugieren meter preso a Cobos por abuso de autoridad, pero al final sugieren hacerle al vice una pericia mental a fin de verificar si el mendocino padece de “algún grado de inimputabilidad que le impida conocer la criminalidad del acto”.

Además, para ser más contundentes, ponen como testigos que verifiquen la demencia de Cobos a tres senadores, entre los cuales se encuentra Carlos Menem, el senador que huyó del recinto justo cuando el vicepresidente se volvió loco, quizá intuyendo que eso pasaría.

En verdad, más que una presentación judicial, estamos frente a un medular manifiesto político-filosófico por el cual se considera al Vicepresidente como el “abanderado y jefe aglutinante de la oposición” en la búsqueda de captar “la simpatía de los anti-oficialistas”.

Por lo tanto, además de pedir la condena de Cobos, los abogados efectúan una denuncia global a todos los que se oponen a Kirchner, acusándolos de formar parte de una sociedad enferma que, por estar enferma, considera enfermo precisamente al sano (vale decir a Kirchner).

Durante la parte final del período rosista, cuando ya las diferencias entre los bandos enfrentados se habían tornado absolutamente irreconciliables, el federalismo gobernante llegó a la conclusión de que la evidente criminalidad de los unitarios se basaba en algo peor que la maldad manifiesta de los mismos: los unitarios eran unitarios porque estaban locos, se sostuvo jurídicamente.
 
Entonces muchas provincias (entre ellas, Mendoza) llegaron a emitir decretos gubernamentales donde se condenaba por chiflados a los acusados de unitarios.

Cuando la política se define como el conflicto entre amigos y enemigos, ella deja de ser el debate racional entre posiciones contrapuestas que aceptan convivir en un marco compartido.

Lo que entonces aparece como alternativa es el intento de eliminación del otro o, lo que es lo mismo, creer que el otro busca la eliminación mía. Y cuando eso ocurre, si no es posible eliminar físicamente al enemigo, sólo quedan dos caminos para él: la cárcel o el manicomio.

Así lo expresan con supina claridad los abogados citados que, en su escrito, piden condenar a Cobos por el delito de “oponerse destructivamente y generar el mayor caos posible al Gobierno nacional”.

Estos letrados acaban de dar el primer paso para criminalizar la opinión. Proponen empezar por Cobos para luego proseguir con el resto de los salvajes unitarios.

Más notas de esta sección
Copyright 2010 Los Andes | Todos los derechos reservados