Uno de los peritos psiquiatras no está de acuerdo con la versión del homicida confeso. (Oscar Guillén / Los Andes)
El juicio por la muerte de la anciana Rosa Olivi de Sánchez- ocurrido en julio de 2008 en Guaymallén- arrancó de forma poco usual: el imputado, Francisco Gutiérrez, se declaró culpable del crimen.
El detenido dijo que su intención era robar y que "le tapó la boca para que no gritara". Esta misma versión fue escuchada por uno de los policías que lo detuvieron. Según el uniformado, el preso se mostró "arrepentido".
Ayer, ante el juez Pedro Funes, de la Tercera Cámara del Crimen, Gutiérrez contó que la noche del homicidio le dio tranquilizantes a los perros que custodiaban una obra en construcción lindante con la casa de la víctima y, tras escalar un muro, ingresó a la vivienda, luego de abrir una ventana.
"Pensé que no había nadie. Empecé a buscar y escuché un grito. Tenía algunas pertenencias en la mano y le tapé la boca a la señora y me fui con lo poco que había agarrado", dijo Gutiérrez.
Sollozando -algo que pocas veces se ve durante los juicios-, el hombre afirmó que nunca tuvo intención de hacerle daño a la anciana y luego explicó que a los pocos días fue detenido y se le encontraron algunos objetos que pertenecían a la mujer. Fue entonces cuando le confesó a un policía que no había querido asesinar a la señora.
Un policía lo vio arrepentido
En efecto, este uniformado declaró ante el juez, confirmando la versión: "Cuando lo subí al móvil me dijo: ?Yo le tapé la boca para que no gritara, se quedó sin aire y se me fue'".
A continuación, el policía opinó al respecto: "Para mí que estaba arrepentido por la forma en que lo expresaba. Me decía que se quería entregar o suicidar, que no podía vivir con ese peso en su conciencia. Me dijo que le había fallado a su madre".
La estrategia planteada en el proceso por el defensor, Carlos Figueroa, no permitió que Gutiérrez se sometiera al interrogatorio del fiscal Oscar Giacomacci.
Preguntas del fiscal
Sin embargo, Giacomacci fue detallista al extremo al interrogar a Alberto Braconi, médico que realizó la necropsia, para tratar de dilucidar si el imputado la mató accidentalmente o no.
El médico explicó que la muerte se produjo por asfixia, es decir que le taparon la boca y la nariz durante al menos 5 minutos, tiempo necesario para que se produzca la muerte.
El especialista indicó que no había signos de violencia en el cuerpo, salvo algunas escoriaciones en la cara. "La intensidad de compresión no fue importante ya que una persona mayor no se defiende con tanta fuerza como una de 25", dijo el forense.
La opinión de Alfredo Jorge Crocco, médico psiquiatra del Cuerpo Médico Forense, no coincidió con la versión del homicida. Es que según este especialista, el acusado negó el hecho y le ocultó información cuando lo entrevistó.
Si bien había 30 testigos, las partes convinieron que con las testimoniales de ayer era suficiente, por lo que se optó por incorporar pruebas y testimonios para que mañana se realice la etapa de alegatos.
Gutiérrez está imputado por homicidio criminis causa, un delito que tiene pena de prisión perpetua. El 30 de julio de 2008 Gutiérrez entró a la casa de Rosa Olivi, en Bandera de los Andes al 1800 de Guaymallén, luego de darle un sedante a los perros del terreno lindante para que no lo delataran.
No le resultó difícil ingresar a la casa de la mujer ya que la ventana no tenía puesta la traba. Tras asfixiarla en su cama, se llevó algunos objetos de valor que la mujer guardaba de la joyería que había tenido su marido. El ladrón se hizo de varios objetos de oro: una pulsera, dos monedas, un reloj, una cadena y dos anillos, entre otros objetos.
Estaba en la casa de un hermano en perfecto estado de salud. Ayer había desaparecido de la finca en la que trabaja y se pensó que había sido secuestrada.
La ropa de la joven de 15 años fue encontrada entre unos árboles frutales. Más de ochenta policías se abocaron a la búsqueda.