Viernes 10 de febrero de 2012 | 13:12 hs
El cineasta falleció ayer de un paro cardiorrespiratorio. Dirigió, entre otras, “Pubis angelical” y “Un infierno tan temido”. Su última película fue “Peperina”. El recuerdo de Graciela Borges, su actriz fetiche.
sábado, 20 de marzo de 2010
Fue productor, director, guionista, intérprete y compositor de sus películas; pero podríamos resumir, todos esos roles, en uno primordial: cineasta.
Y aunque no forma parte del grupo de hombres que han de pasar al bronce, por sus aportes cinematográficos ineludibles, Raúl de la Torre sí fue un director de fuste, un trabajador inquieto del cine, un apellido de resalto, un artista bien amado; que supo entregar buenos opus fílmicos para dejar en el recuerdo.
Hacía ya mucho tiempo que no llegaba una película firmada por él en los créditos. La última fue “Peperina”, en el ‘95; un film muy flojo, pero largamente publicitado porque se centró en la idea de cruzar al rock con la historia de la mítica canción de Serú Girán.
De hecho, las actuaciones fueron las de Andrea del Boca (con quien tuvo un romance, luego de esa película), Charly García, David Lebón, Pedro Aznar e su propia participación especial, en la piel de un policía.
Del listado de obras que son de su autoría hay, decíamos, algunas que merecen sin duda ser destacadas; en especial “Pubis angelical” (1982) en el que el propio de la Torre tomó la pluma junto al genial Manuel Puig, para adaptar al cine la obra homónima de novelista.
Allí se lucían, claro, Alfredo Alcón, Graciela Borges y Pepe Soriano (entre un extensísimo elenco), al contar la historia de una mujer enferma, que a través del recuerdo de sus amores, echa luz a hitos claves de la historia nacional.
También es justicia mencionar el estupendo guión que escribiera, junto a Aída Bortnik (1986); donde nuevamente Graciela Borges (su actriz-fetiche) se mueve con soltura en el protagónico; esta vez junto a Lautaro Murúa.
La última buena apuesta de de la Torre para la pantalla grande fue “Funes, un gran amor”: la trama se desarrolla en un salón de baile de poca monta al que llega una pianista misteriosa (otra vez -y siempre- Borges), que seduce y apasiona a los varones del lugar.
La película es fruto de otro guión del cineasta que, junto a Ugo Pirro, buscó adaptar el cuento “Háblenme de Funes”, de Humberto Constantini. Este film, estrenado en el ‘93, fue el que selló una década de buenos intentos (como “Un infierno tan temido”, que ganó el Cóndor de Plata al igual que “Juan Lamaglia y señora”, “La revolución”; y otros tantos títulos).
Como experto guionista, Raúl de la Torre no se ciñó solamente a los textos que podía plasmar en la pantalla grande. También probó suerte (y fue éxito) en la televisión. Es así que sus voluntades de escriba se derramaron hacia Latinoamérica construyendo el suceso de la telenovela “La intrusa” (emitida en el ‘93).
El momento del final
Tal la semblanza artística de quien, en la madrugada de ayer falleciera de manera imprevista en su casa de Zárate.
El director tenía 72 años. Presumiblemente habría sentido un malestar que terminó derivando en su deceso, a causa de un parocardiorespiratorio.
Según informó su asistente personal, Mabel, De la Torre se descompuso y sufrió falta de aire, por lo que fue asistido y acompañado por su propio hijo, que es médico. El cuidado del paciente se extendió a lo largo de la noche cuando, finalmente, a la madrugada desencadenó el deceso.
La noticia ha provocado gran conmoción y sorpresa en el ambiente artístico, debido a que de la Torre es un hombre respetado y reconocido, por sus pares y por la gran cantidad de artistas con los que trabajó. Patricia Slukich - pslukich@losandes.com.ar