Viernes 10 de febrero de 2012 | 13:47 hs
Volvió con Juana Viale y se luce en "Botineras" como un malvado villano. Aquí habla de su rol en la TV, su nueva etapa personal, lo mucho que se aprende con las crisis, su pequeño hijo Silvestre y cómo se adaptó a la Argentina.
viernes, 19 de marzo de 2010
Acaba de cumplir 32 años. Y al soplar las velitas, Gonzalo Valenzuela tuvo mucho para celebrar. En lo personal, hace muy poco se reconcilió con Juana Viale, la mamá de su hijito Silvestre, de quien estuvo separado casi un año.
En lo laboral, Nino, el asesino que el actor chileno interpreta en “Botineras” (Telefé, a las 23; aquí por Canal 9) cobró un gran protagonismo con el cambio de rumbo de la tira, que de comedia viró completamente al policial, con buenos resultados. Su presencia casi permanente en la pantalla, hasta lo obligó a dejar de lado una gran oferta internacional.
-¿Te sorprendió la relevancia que tomó tu personaje?
-No me lo esperaba para nada, se dio con el giro de la historia, y lo tomo como un halago, un reconocimiento. Ahora me relaciono con todos los personajes de la tira y a todos, de alguna manera, los modifica esa relación. Nino es un abogado, de clase alta, un psicópata que se mueve en un lugar social donde nadie se lo imagina. Un tipo complejo. Por eso es un lindo desafío para mí.
-¿Es un punto de quiebre entre tus trabajos?
-No me lo planteo así. Pero esta es la tercera tira que hago en la Argentina, y hace mucho que no interpretaba a un villano. La primera vez que actué en una novela, hace casi 10 años, me tocó un rol del estilo (en Piel canela). Después vinieron los héroes, el que ama, se enamora y sufre, el galán, así que de alguna manera es como volver a ese comienzo pero con otra experiencia.
Y si de galanes se trata, habrá que recordar a Adán Mercader, aquel muchacho con traumas sexuales que interpretó en “Machos” (2003), la telenovela más exitosa de la TV chilena, y la que lo hizo conocido en nuestro país en un rol ciertamente atípico. Ahora, después de su paso por “Doble vida” y por “El tiempo no para”, Valenzuela va por más.
-¿Cómo compusiste a Nino?
-Uno está siempre observando. Los actores somos grandes ladrones, sacamos desde la observación cositas de aquí y de allá.
-El cambio que se hizo en la tira los favoreció en el rating. ¿Pero qué les pasó a ustedes cuándo se los avisaron?
-A decir verdad, al principio el programa era raro. Había muchos géneros distintos conviviendo y había que tomar una decisión de qué camino seguir. Justo me salió una oportunidad para protagonizar una serie para HBO, Prófugos, que se va a filmar en Chile, Perú y Bolivia.
A mí me interesan los cambios. Y esto era para toda Latinoamérica. Con todo el dolor de mi corazón tuve que renunciar a la propuesta, pero quedé muy contento, muy agradecido. Más allá del contrato, también quería respetar mi palabra.
-Al mismo tiempo, volvieron a estar juntos con Juana Viale. ¿Cómo estás?
-Bien, gracias (silencio, se ríe). Estamos muy contentos.
-Te vi en el programa de Mirtha Legrand cuando un poco te puso entre la espada y la pared para ver en qué andaban las cosas con su nieta.
-No me parece que haya sido tan así. Ella me preguntó si estaba enamorado y le respondí que sí, de mi hijo. Ella pensó que le iba a contestar otra cosa y se equivocó. Fue nada más que eso.
-¿Cómo está Silvestre?
-Muy bien, maravilloso. Tiene dos años. Es igual a mí. Físicamente es una fotocopia. Es increíble verse uno reflejado en esta cosita tan chiquitita y tan hermosa. Yo te juro que me veo a mí en él. Y eso es una sensación inexplicable. Todo lo que a mí me sucede con él no sabría cómo decirlo.
-Siempre hablaste maravillas de Juana y al separarse ninguno hizo declaraciones. Sin embargo, muchos medios dijeron cosas duras, hasta que se estaban peleando por la tenencia de Silvestre.
-Por suerte yo no leo ni leí nada. Sólo sé que se dicen muchas estupideces. Pero el tiempo te demuestra cuál es la verdad. Muchas veces son puras barbaridades las que se dicen. Pero está visto que nada de lo que se dijo fue así.
Hoy estamos juntos y el amor entre nosotros nunca se apagó. Yo no tengo nada que aclarar. Eso no quiere decir que las cosas que se dicen no afecten. Pero yo intento que no me afecten porque sé que hay gente muy mala, gente muy triste, y la propia vida se encargará de darle lo que ellos dieron. Yo no hago nada de eso, no le hago daño a nadie y la vida se está encargando de darme cosas lindas, como mi hijo, mi carrera, mi mujer, mis proyectos.
-¿Qué rescatás de este tiempo que pasaste sólo?
-Hay cosas muy personales que no me interesa comunicarlas pero sí te digo que se aprende y se valoran muchas cosas. En ese tiempo también tuve lindas experiencias, también la pasé muy bien internamente, se aprende mucho.
No siempre la vida le ha sonreído a Valenzuela quien de muy joven perdió a su hermano mayor, y también tuvo que sobrellevar la muerte de sus padres, enfermos de cáncer, con pocos meses de diferencia.
-En los momentos de crisis qué es lo que te sostiene?
-A mí me sirve mucho hacer deporte. Esta vez no fue posible porque me tenían que operar de la rodilla y la rehabilitación implica no hacer deportes. Es decir, tuve que dejar de lado ese escape y afrontar desde otro lugar. No lo podía creer, lo que más necesitaba era ir a jugar al fútbol, salir a correr, descargar. Pero eso me obligó a detenerme, a reflexionar, a pensar y a valorar. Por algo pasan las cosas, creo yo.
Hoy día agradezco todo lo que pasé, finalmente se cierra un ciclo. Lo he dicho siempre: hasta con las pérdidas más grandes uno después se da cuenta de que algo gana. Como te decía, el tiempo se encarga. No hay que frenar los procesos.
-Hace poco cumpliste 32 años, ¿en qué etapa de tu vida te toman?
-Estoy en un momento que está bueno, lo estoy pasando muy bien, tanto en lo personal como en el trabajo. Tengo buena gente alrededor, buena energía. Estoy concentrado en mi familia que está muy bien, estoy en un país donde me voy sintiendo cada vez más cómodo.
Es muy lindo cuando a uno le dicen que está haciendo bien las cosas, sobre todo cuando te interesa que así sea. Me encuentro en un muy buen momento. Estoy cerrando un ciclo y se viene uno nuevo. Espero.
-¿Qué ciclo es el que se termina?
-El de todo lo que se sabe que me ha pasado. También me encuentro en otro lugar de la paternidad, ya la entiendo. Al principio uno no sabe muy bien cómo reaccionar a tanta responsabilidad, pero ya la tengo.
-¿Te costó asumirla?
-No, para nada. Asumí la paternidad desde el primer día pero ahora la entiendo mejor. Me alegra mucho todo lo que estoy viviendo.
-¿Vas a volver al cine?
-Ojalá. Este año debería estrenarse “Olvídame”, una película de Aldo Paparella (la protagoniza con Antonella Costa). A mí me gusta que el cine sea un lugar para experimentar, para crecer, que se convierta en una suerte de laboratorio.
La tele te da esa cosa de la popularidad, así que en el cine elijo ir por otro lado. Y siempre está pendiente producir (con Benjamín Vicuña) La celebración, para teatro. Hay otras cosas que iré activando a lo largo del año.
En 2005 la dupla de actores y amigos Valenzuela-Vicuña, junto al empresario Cristóbal Vial, inauguraron en Santiago de Chile el Centro Cultural Mori, un complejo que aspira a "generar un nuevo modelo de desarrollo cultural para Chile".
-¿Qué proyectos tiene el Mori?¿Y la productora de TV?
-Fuimos premiados con unos fondos del gobierno, así que está creciendo un montón. Cada día el Mori se hace más relevante en la cultura nacional. Es un enorme orgullo. Además, estamos con varias producciones. Hicimos dos temporadas de Humanos en el camino, donde yo además fui el conductor, y podría haber una tercera.
-¿Cómo te resultó la conducción?
-Tremenda experiencia fue hacerlo en un programa de ese estilo. No hay nada que me guste más que los equipos y esto lo hicimos entre amigos, fue algo muy bonito. Hicimos de todo: desde conversar con un ermitaño, que lo único que hizo en su vida fue leer o ver cómo es la vida en alta mar, hasta cosas muy tristes, como la avioneta que cayó sobre una cancha llena de gente haciendo gimnasia...
Este año, además, vamos a estrenar Karma, una ficción con libros de Maxi Gutiérrez, que habla de sexo, pero desde un punto de vista diferente. Lo armamos como una compañía de teatro de 18 personas. Estuvo buenísimo.
-¿Ya te adaptaste a la Argentina?
-Sí, totalmente. Hace como seis años que estoy yendo y viniendo. Incorporé de todo porque me siento muy bien en la Argentina. Lucila Olivera (CC)