Abrumadora. Tanto por la historia que se desarrolló en su territorio, como por su dimensión, las leyendas y mitología, sus personajes históricos y ficcionales. Protagonista del mundo antiguo, aún hoy, todos los caminos conducen a Roma.
Los romanos suelen decir que una vida no alcanza para conocer la ciudad. Probablemente sea cierto. No obstante, cuando se viaja los tiempos son acotados y es necesario jerarquizar. Aquí, los lugares que no pueden dejarse de lado cuando se conoce la hermosa capital italiana, en dos días.
Todos sus caminos
En la urbe se ponen en juego dos magnitudes. Por un lado el centro histórico abarca un radio pequeño que invita y, hasta obliga, al visitante a realizar el recorrido a pie. Por otra parte, cada monumento, fuente o plaza es colosal e imponente. Roma nos recuerda y confirma a cada paso por qué "todos los caminos conducen a ella".
Un laberinto de vías nos lleva al Campo dè Fiori, un verdadero abanico de colores ya que la plaza ampara múltiples puestos de flores, frutas y verduras que pueden conocerse de lunes a sábado de 8 a 13.
Antiguamente fue un punto significativo en las procesiones papales y, también, lugar de ejecuciones públicas. La más famosa fue la de Giordano Bruno, libre pensador denunciado por la Inquisición por seguir las enseñanzas de Copérnico, cuya estatua se encuentra en el centro y desde las alturas mira con aire sombrío.
Desde el Campo de flores se accede fácilmente a una de las plazas más famosas de Roma: Piazza Navona, en la cual se combinan bares, restaurantes, artistas callejeros y turistas. Antaño albergaba al Estadio Domiciano, donde se celebraban los juegos olímpicos griegos y de donde proviene la forma rectangular.
La Fontana dei Quattri Fuimi, en el eje central, es obra del arquitecto Gian Lorenzo Bernini. En ella, cada figura humana simboliza uno de los ríos más grandes de la tierra: Danubio, Nilo, Ganges y Río de la Plata.
Si se toma Vía Straderai se desemboca en el Panteón, templo romano dedicado a todos los dioses y declarado patrimonio de la humanidad por la Unesco en 1980. De forma circular es una de las edificaciones romanas mejor conservadas. Hoy alberga la iglesia de Santa María de los Mártires.
Al atravesar Vía del Corso estamos en el territorio de la fuente más famosa de la ciudad que se encuentra en la confluencia de tres calles, a las que debe su nombre. Escenario enigmático de La Dolce Vita es una obligación visitar la Fontana di Trevi, que posee un encanto diferente según el horario del día.
Para no encontrarse con una multitud turística es mejor llegar temprano por la mañana. La leyenda dice -y todos lo hacen- que se debe tirar una moneda al agua para asegurar el regreso a Roma.
Al norte, Trinidad del Monte, iglesia que antecede las legendarias escalinatas de Plaza España, Ofrece una vista panorámica del centro romano. Los 135 escalones son un refugio para los viajeros que hacen un stop. La escalinata fue ideada para unir la embajada española con la iglesia. Al final de la misma, está la casa en la que vivió y murió el escritor inglés John Keats. Actualmente se encuentra un museo dedicado a él.
Doblando a la derecha por Via del Babuino se llega a la imponente Piazza del Popolo en cuyo centro emerge un obelisco egipcio, uno de los más altos de la metrópoli. A los costados de la plaza las iglesias barrocas: Santa María dei Miracoli y Santa María di Montesanto construidas por Carlo Rinaldi en 1679 para recibir a los peregrinos que llegaban a Roma por la puerta Flaminia, antiguamente la principal entrada a la ciudad.
Pasado imperial
La historia de Roma es un tejido de mitología, religión, imperios y poder. Gran parte del mundo occidental como lo conocemos hoy, se gestó en este territorio. El Foro romano era la plaza pública, el lugar donde se ponía en juego la vida de la metrópoli: las decisiones políticas y económicas, los templos religiosos y los edificios de gobierno.
Recorrer el Foro es trasladarse temporalmente. En él nos encontramos con el Arco de Tito que emerge como ruina intacta rememorando la conquista del emperador sobre Jerusalén; el templo de Vesta que mantenía encendido el fuego sagrado y el mausoleo Augusto donde se conservan los restos de Julio César.
Es recomendable hacer el recorrido con una visita guiada ya que permite entender en profundidad la significación de los diferentes espacios que conformaban el Foro.
Atravesando el monte Palatino- donde la leyenda dice que Roma fue fundada- y el Arco Constantino, aparece el Anfiteatro Flavio, más conocido como Coliseo. Su magnitud es avasallante, posee un aforo para 50 mil personas. Construido en el 70 d. C., su edificación llevó tan solo 7 años. En su interior se llevaban a cabo las famosas y sanguinarias peleas de gladiadores y, también, los juegos olímpicos.
Todas las actividades eran gratuitas y las gradas indicaban jerarquía social, mientras más cerca se estaba de la arena, mayor era el poder. Al terminar el recorrido por la Roma imperial se puede continuar visita con el imponente monumento a Vittorio Emanuele II, el primer rey de Italia unificada, ubicado entre plaza Venecia y el monte Capitalino. Aquí también se encuentra la tumba al soldado desconocido realizada en la Segunda Guerra Mundial.
Del otro lado del Tévere
Son 44 hectáreas las que componen el Estado Independiente más pequeño del mundo, no por eso menos poderoso. La visita al Vaticano y sus alrededores amerita un día. El recorrido puede comenzar en la Plaza San Pedro antesala de la Basílica del mismo nombre. Si bien la arquitectura estuvo a cargo de diferentes personalidades los santos que rodean la plaza como el altar fueron realizados por Bernini.
La Basílica de San Pedro es la segunda iglesia más grande del mundo y posee capacidad para 20 mil personas. Aunque la entrada es gratuita, se prohíbe el ingreso con hombros descubiertos y pantalones cortos.
La Basílica impresiona por su majestuosa dimensión. En su interior, la Piedad de Miguel Ángel llevada a cabo a los 23 años del artista, nos recibe en la esquina derecha del recinto. En el corazón la tumba de San Pedro, el primer papa católico. En el subsuelo las grutas vaticanas albergan las tumbas de diferentes reyes, reinas y papas, entre ellos Juan Pablo II.
Los museos vaticanos poseen como principal atractivo turístico la Capilla Sixtina, al final del recorrido, donde las paredes laterales están decoradas por Boticelli, Ghirlandaio, Cosimo Rosselli, entre otros. La parte central por Miguel Ángel, al que le llevó 4 años realizar el trabajo.
La capilla enmudece y enamora. Sin embargo, es recomendable disfrutar de las antesalas de los museos: las estancias de Rafael, la galería de mapas cartográficos y el museo egipcio, entre otras propuestas. Por su parte, el sector de arte moderno incluye obras de Dali, Klee, Kandinsky y Chagall.
Una vez que se termina el recorrido por el Vaticano, se accede fácilmente al enorme Castello Sant Angelo, que posee un museo en su interior. La jornada puede concluir a orillas del río Tévere, el que divide a Roma.
Circuitos que asombran a los viajeros, condimentados por testimonios de piedra de los primeros habitantes y las costumbres centenarias de solitarios poblados.
Aseguran que más de un 90% de la hotelería del país no ha sufrido daños.