Sábado 26 de mayo de 2012 | 09:19 hs
domingo, 14 de marzo de 2010
En 1930, cientos de familias fueron arruinadas por la crisis financiera que años atrás había afectado al mundo.
En nuestra provincia, se podía ver la pobreza en las calles más céntricas. Gran cantidad de niños andaban de un lado a otro, pidiendo una monedita o un pedazo de pan para comer.
La mayoría, resguardados en pequeños grupos, sucios, con la ropa hecha jirones y descalzos.
La escuela de la calle les enseñaba a subsistir y, en momentos determinados, el robo era el único recurso que quedaba.
Otra de las consecuencias que sufrían era las palizas que a veces ligaban al enfrentarse con otros grupos o simplemente al pelearse entre pares hasta por unas migajas de pan.
La violencia era moneda corriente en el seno de sus familias y a veces preferían dormir en una plaza, en vez de ir a sus casas para no ser maltratados por sus padres.