Estilo

Crónica negra

El peor de los crímenes

En 1930, un infanticidio ocurrido en un conventillo de Godoy Cruz conmovió a la opinión pública.

domingo, 14 de marzo de 2010

Hace unos días, los mendocinos, hemos quedado impactados con la noticia del caso de Bruno Ismael Angélico, un bebé de dos meses de edad quien murió a los pocos minutos de ingresar al hospital Notti.

Sus padres quedaron detenidos, sospechados de homicidio. Coincidentemente, sigue el proceso  judicial de los padres de una beba llamada Andrea Ábalos, quien fuera muerta hace un año atrás y que todo lleva a suponer que falleció por el mal trato de sus progenitores.

 Tal vez, alguien puede pensar que estos tristes acontecimientos que nos tocan vivir hoy no ocurrían  tan seguido en el pasado. Pero no es así, porque un hecho de similares características ocurrió en los años 30, conmocionando a la opinión pública de la época.

Preludio de un infanticidio

Ocurrió en un humilde hogar del departamento de Godoy  Cruz, hace 80 años.

La víctima: un pequeño  de a penas unos meses de vida, quien vivía con su madre Rosalinda Quiroga y su esposo, quien era un obrero de la construcción. Además de tener este recién nacido, Quiroga criaba a otros dos niños, de 4 y 6 años de edad.

En esta pobre vivienda, doña Rosalinda mantenía a sus niños como podía, apenas tenían para comer. Los pocos pesos que traía su marido, no alcanzaban.

 Todos vivían en una misma pieza que servía de cocina, comedor y de dormitorio. Y, por supuesto, el estado de higiene de la habitación era desastroso.

Rosalinda, según se desprendió del juicio, estaba siempre de muy mal humor, renegando con los chicos, maltratándolos en todo momento, sin razón alguna.

Los  gritos y llantos de los niños eran escuchados por los vecinos que al principio no le prestaron importancia. Estos testimonios serían después de mucha utilidad para esclarecer el crimen. El peor de los crímenes.

El silencio de los inocentes

En aquel conventillo de Godoy Cruz, doña Rosalinda se levantaba muy temprano para realizar sus tareas domésticas.

La alimentación de los niños era muy precaria. Apenas podían comer un pedazo de pan duro o simplemente tomaban algunos mates. Eran sus almuerzos y sus cenas.

Los chicos por cualquier motivo, eran golpeados por su madre, dejándoles grandes hematomas en todo el cuerpo.

El pequeño bebé era alimentado por la leche materna y podía por lo menos, pasarla mejor que sus hermanitos. Pero, como todo bebé, el llanto era el único medio de comunicación que tenía para manifestarse. Con el tiempo, esto había sacado de quicio a Quiroga.

La muerte de un ángel

Algunos vecinos sabían que allí se  maltrataba a los niños y también se dieron cuenta de que si no denunciaban el hecho, podía pasar algún acontecimiento fatal. Una mujer que vivía enfrente fue a la policía para contar lo que sucedía en aquel hogar, pero  los uniformados le restaron importancia.

Con el correr de los meses, el bebé era golpeado con mayor violencia, ante la mirada atónita de los hermanitos. Un día, la madre le propinó a su pequeño una golpiza tal que el bebé falleció en el acto. Lejos de lamentarse y de admitir el infanticidio, la mujer no tuvo mejor idea que enterrar el cuerpito del niño en el fondo.

Después de un tiempo, los vecinos notaron un raro comportamiento en ella, lo que hizo sospechar que algo había pasado en la familia. Sin pérdida de tiempo, un vecino dio aviso a las autoridades.

Con los antecedentes que tenía la policía, llegaron a la vivienda y, luego de un largo interrogatorio, la mujer se quebró declarando que había matado a su pequeño hijo a golpes y luego lo había enterrado en el fondo de su vivienda.

La Justicia la condenó a pasar cinco años en la cárcel. Nunca suficientes para lavar esa conciencia. Carlos Campana - las2campanas@yahoo.com.ar

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