Marcelo Srbovic: “Los valores están totalmente fuera de mercado”

El responsable en Argentina de Finca La Celia, Tamarí y la bodega boutique Eugenio Bustos, analizó la actual coyuntura de oportunidades frente a stocks muy acotados y fuertes presiones sobre los costos internos. El de la polilla “es un tema súper grave”, dijo el ejecutivo y aclaró: “Estamos extremando las medidas de protección”.

domingo, 14 de marzo de 2010

Por Federico Manrique - fmanrique@losandes.com.ar

Marcelo Srbovic es la cara visible en la Argentina del grupo chileno San Pedro Tarapacá, compañía que en el vecino país controla diez bodegas y en Mendoza opera otras tres: Finca La Celia, Tamarí y la boutique Eugenio Bustos, dedicada 100% al mercado externo. Todas en Mendoza.

Este año Finca La Celia, cabecera del grupo en el país, cumple su décimo aniversario con importantes logros. La bodega, ubicada en Eugenio Bustos, es la séptima mayor exportadora de vinos del país con envíos por 850.000 cajas de 12 botellas en 2009 a 55 países, lo que representa un crecimiento del 50% en ventas al exterior en relación al 2008, cuando el mercado creció en promedio el 8%.
 
También La Celia es el mayor exportador de vino Kosher de la Argentina con un muy fuerte mercado en Israel. Sobre su performance y la coyuntura actual, Srbovic dijo:

- ¿Qué balance hacen de los diez años de vida y qué expectativas tienen a futuro?

- El grupo está súper interesado en esta transformación que está viviendo la vitivinicultura argentina y en ese contexto nos estamos desarrollando en lo que son nuestras tres unidades de negocios como Finca La Celia, Tamarí y Eugenio Bustos, apostando a la calidad, a la capacitación del personal y al desarrollo de nuevos mercados.

Tenemos un futuro muy provisorio con el portafolio de productos que tenemos, por eso el grupo está invirtiendo y desde Chile nos están viendo con muy buenos ojos. El año pasado fuimos la compañía del grupo que más creció y hay mucho optimismo con eso, más allá de la coyuntura actual que está viviendo el país y el sector.

-¿A qué le atribuye el éxito obtenido tanto en el mercado interno como en el externo?

-Hemos empleado mucho tiempo en formar un equipo con mucha diversidad pero con un mismo compromiso y creo que ahí está la clave. Tenemos los mismos valores y una cultura de trabajo que empuja.

- Pero hay que reconocer que más allá de eso, la industria debió hacer grandes esfuerzos y ajustarse el año pasado para no hundirse en la crisis.

- Totalmente. La ecuación que hicimos fue apostar fuerte al crecimiento y sin despedir gente, como sí ocurrió en el sector, para compensar costos que se fueron al diablo. La apuesta en marzo, cuando las perspectivas eran negras, fue agarrar la chequera de viajes y salir a todos lados para tratar de compensar con crecimiento y nuevos mercados lo que no se podía resolver en costos.
 
También se salió a desarrollar el mercado interno y hoy estamos vendiendo en el interior lo mismo que vendemos en Capital y Gran Buenos Aires, con una estructura muy chiquita.

-Como parte de un grupo chileno, qué puede pasar a raíz del terremoto. ¿Es una oportunidad para ustedes y la vitivinicultura argentina, teniendo en cuenta las pérdidas que sufrió Chile?

-Es bastante incierto todavía y tampoco se sabe qué va a pasar al corto y largo plazo. Indudablemente creo que sí, que algún residual de eso va a quedar. Lo que se está haciendo desde el grupo es trabajar en planes de contingencias por si en Chile no pueden hacer ciertas cosas o cumplir ciertas metas. Se está trabajando para registrar ciertas etiquetas para sacar productos desde aquí el día de mañana. Pero son solo planes B.

-El problema es que esta coyuntura agarra a la vitivinicultura argentina con mínimos stocks y altos precios.

-Obviamente que lo ocurrido nos agarra en el peor momento. Los precios están totalmente fuera de mercado en lo que son uvas para vinos de exportación y varietales para el mercado interno. No hay forma de ser rentable con eso, a lo que se suma que no hay stocks de vino. Yo creo que si la situación de Chile hubiera llegado en un año normal el panorama hubiera sido totalmente distinto.

-¿Qué están haciendo al respecto?

-Tenemos una producción de 415 hectáreas y compramos a productores entre 5 y 6 millones de kilos de uva. Y el problema es que estamos a marzo y aun no hemos podido cerrar el precio con nadie.
 
Es bravo, hay mucha desconfianza y eso es muy difícil de explicar esto en Chile. No entienden muchas veces lo que pasa acá. Igual nuestros planes son optimistas e intentaremos mitigar gran parte de estos mayores costos con más crecimiento y apertura de mercados.

-Y se suma la polilla.

-Ese es un tema súper grave. Estamos extremando las medidas de protección, pero no sabemos qué va a pasar al detectar tempranamente el foco en Maipú. En Chile el problema fue que se detectó muy tarde y las consecuencias fueron devastadoras porque se tuvieron que arrancar muchas hectáreas de viñedos porque la polilla se va comiendo la misma planta.

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