Dónde llevar la uva. La incertidumbre invade a muchos bodegueros chilenos. (Archivo / Los Andes)
La semana pasada finalmente la Corporación Chilena del Vino le puso números estimativos al impacto del terremoto en la industria trasandina: alrededor de 200 millones de litros de vino perdidos, cifra que según Viñas de Chile son 120 millones. En el mejor de los casos, la catástrofe se habría cobrado el 5% de las existencias actuales en el vecino país.
Como sea, la situación invita a ver cómo incide la coyuntura de la vendimia chilena en los planes de las bodegas con un pie a ambos lados de la cordillera y en el resto de la vitivinicultura argentina.
Para Concha y Toro, el mayor grupo vitivinícola trasandino (en 2009 exportó más de 16 millones de cajas) cuenta con 11 bodegas vinificadoras y 4 embotelladoras en distintas regiones de Chile. Cuatro de ellas tuvieron daños de consideración, lo que obligó a detener una semana el fraccionamiento y los despachos.
Sin difundir sus pérdidas, en un comunicado de prensa el holding aseguró haber retomado la actividad en el mercado doméstico y exportador a partir de la reactivación de sus establecimientos Pirque, Lontué, además de Lo Espejo y Vespucio, en la capital.
“Nuestras bodegas están operativas nuevamente, lo que nos permite iniciar la cosecha con suficiente capacidad de recepción de uva acorde a la proyección 2010”, informaron. La excepción, Peumo (VI Región), estará recién a fin de mes.
“Son dos unidades separadas, donde se trabajan variedades y tipos de vinos distintos en cada mercado. Concha y Toro tampoco lo necesita por ahora”, remarca José Jottar, gerente general de Trivento, la filial mendocina, sobre el rol de la bodega en un eventual cambio de planes comerciales en Chile, desde lo logístico o lo productivo.
Algo que Jottar considera improbable por la diferencia de dimensiones; Trivento cerró el 2009 con 2.560.000 cajas vendidas al exterior, 16% de la cifra global del grupo. “Sigue una estrategia de diversificación regional que le permite atenuar el impacto”, añade.
Sin descartar medidas a plazo, el directivo destaca que el aporte solidario de Trivento estuvo, como otras firmas, centrado en ayudar a los trabajadores sin vivienda.
Pero la capacidad de molienda no está garantizada para todos, lo que abre el juego a la elaboración con terceros y a una posible importación de vinos para compensar las pérdidas. Como lo analizan los directivos de Doña Paula, en auxilio de la matriz de Santa Rita, en el Valle de Colchagua. Allí, a las bodegas de Carmen, Santa Rita y Palmilla, que de a poco vuelven a funcionar, la destrucción de salas de añejamiento y estibas les provocó resignar más de 2 millones de litros.
Edgardo del Pópolo, encargado de producción de Doña Paula, asegura que “les ofrecimos apoyo, ya sea desde el despacho de vino hasta para embotellar desde aquí. Por ahora no lo han dispuesto, pero si el caso fuera compensar volúmenes tendríamos que salir a buscar en el mercado”.
Ubicada en San Javier, a 24 kilómetros de Talca y en plena Región del Maule, 12 barricas y un centenar de botellas rotas fue el saldo para la bodega trasandina de José Gabriel Ortega Fournier, que va por su tercer vendimia y es más pequeña que su prima mendocina (450 mil litros).
Las pérdidas alcanzaron un 1% de la producción, calcula José Spisso, gerente local.
Para Spisso, salvo demoras en el transporte con Santiago “no se altera la vendimia. Lo que se observa es una suba de precios, y problemas con la capacidad de molienda y la búsqueda de depósitos”.
Al diagnóstico le sigue la hipótesis del apoyo logístico, aún cuando elaboración y fraccionamiento no están del todo comprometidos. “Si hiciera falta no hay problemas. Pero enviar volúmenes, depende de la cosecha y el flete a Chile incide mucho también”, analizó.
La Celia, en tanto, ya decidió avanzar en un plan de contingencias, explica el gerente general en Argentina de San Pedro Tarapacá, Marcelo Srbovic. Aunque lo califica como “plan B”, se sustenta en mermas por unos 9,5 millones de litros, e implica registrar etiquetas para fraccionar aquí.
“Aún está caro el vino argentino para Chile”, sentencia Luca Hodkingson, encargado de la producción de bodega Lurton en ambos mercados, tras evaluar daños con Francois Lurton.
Inicialmente la idea es compensar pérdidas (unos 11 mil litros entre sus dos bodegas de Lolol y Curicó) con compras locales a granel. Igual, Hodkingson coincide en que hay variaciones de precios también en Chile.
Tras coordinar envíos con agua, alimentos y medicamentos para los operarios de la bodega, inactiva por falta de electricidad una semana, desde Vista Flores planifican ayuda para al reconstrucción de las viviendas. Y están preparados para un refuerzo logístico: con 3 millones de litros su capacidad quintuplica a la de Lolol.
Luego de dos años críticos con altos costos, incertidumbre, pérdida de empleos y nula inversión, el sector encara un 2010 con expectativas favorables. Los fuertes anuncios de inversión de YPF y de otras compañías de capitales nacionales alientan un panorama de reactivación.
El responsable en Argentina de Finca La Celia, Tamarí y la bodega boutique Eugenio Bustos, analizó la actual coyuntura de oportunidades frente a stocks muy acotados y fuertes presiones sobre los costos internos. El de la polilla “es un tema súper grave”, dijo el ejecutivo y aclaró: “Estamos extremando las medidas de protección”.