Pablo Rivas, el joven asesinado.
El jueves a las 23.15 dos jóvenes de 20 y 17 años estaban en el interior de un VW Gol gris estacionado frente a la manzana "C" del barrio Nueva Esperanza de Guaymallén; un sitio lejos de donde vivían. El de 20 años, quien estaba sentado al volante, se llamaba Pablo Rivas; el de 17, sentado a su lado, se llama Pablo Sosa.
En un momento, un Ford Falcon color crema, con cinco sujetos en su interior, se acercó hasta el Gol. Uno de los ocupantes -sin bajarse- le preguntó a Rivas dónde quedaba la calle Mathus Hoyos.
Rivas no alcanzó a responder porque desde el Falcon dos hombres comenzaron a disparar contra los dos amigos: Rivas recibió nueve balazos en distintas partes del cuerpo, Sosa cinco pero ninguno mortal: dos de ellos fueron a parar a sus testículos.
Una vez hecho lo cual, los que viajaban en el Falcon se fueron. Sólo los gritos del adolescente Sosa -embargado por el shock- rompían el silencio de la noche. Un vecino del barrio llamó al 911 para informar lo sucedido. Cuando la Policía llegó, Rivas ya había fallecido y Sosa fue enviado al hospital Central.
De la Quinta
El chico muerto trabajaba con sus padres, que son dueños de dos pollerías en la Quinta Sección, y según la pesquisa, tanto él como su amigo no cuentan con ningún tipo de antecedentes.
La familia de Rivas es vecina y conocida del ministro de Seguridad, Carlos Aranda. Los Rivas tienen uno de sus negocios en calle Juan B. Justo y hace tres años sufrieron la pérdida de otro de sus hijos, que falleció en un accidente de tránsito.
El caso está bajo la órbita del fiscal Mauro Perassi (33), a cargo de la Oficina Fiscal 9 de Villa Nueva, quien indicó que "de momento no hay datos de los autores, pero sí se siguen algunas pistas que no podemos dar a conocer".
De movida, los pesquisas descartaron de plano la posibilidad del robo como móvil del hecho, ya que los agresores jamás se bajaron del Falcon; "además, la víctima fatal tenía 600 pesos en su poder, que no fueron tocados; como así tampoco tocaron otros elementos, como son los celulares de los jóvenes: dispararon más de veinte veces y luego se fueron", tal como indicó una fuente de la investigación.
El móvil es la intriga
Juntamente el móvil del hecho es lo que tiene al fiscal Perisse un tanto perdido: "No sabemos bien a ciencia cierta qué hacían dos chicos de la Quinta Sección en ese barrio a esa hora; el sobreviviente sólo dijo que estaba allí porque acompañaba a su amigo", soltó el fiscal.
Asimismo, desde la misma fiscalía indicaron que no hay indicios de que Rivas y Sosa habían ido a jugar al fútbol, como se dijo en un momento, "ya que ambos no estaban vestidos con ropas deportivas".
En el arco de las especulaciones, no se descarta que los jóvenes hayan estado allí por alguna mujer y que fueron víctimas de alguien celoso; o que uno de los dos haya sido víctima de un iracundo vendedor de drogas, "tal como pasó con el chico Emir Manzur", recordaron desde la Oficina Fiscal. (ver aparte)
Otro de los datos con que cuenta la pesquisa es la certeza de que el Falcon en que se movilizaban los asesinos no era de la zona. "Antes de que llamaran por el crimen propiamente dicho hubo otro llamado de un vecino del barrio Nueva Esperanza, en el que manifestaba su preocupación por la presencia de ese auto, que no era conocido en la zona", indicó una fuente judicial.
Según lo que ha declarado el sobreviviente, los siete orificios que quedaron en la puerta del VW Gol corresponderían a pistolas nueve milímetros.
Al cierre de esta edición la pesquisa estaba paralizada; es factible que el sobreviviente y los familiares de las víctimas sean nuevamente interrogados por el fiscal una vez que la angustia de todos ceda un poco.
Según el abogado de la familia, una persona que tiene “mucho miedo de declarar” vio a la esposa de un policía al volante del móvil al momento del accidente.