Crece la tecnología en producción de huevos

Mendoza produce por día entre 4.000 y 4.500 cajones de 30 docenas. La automatización de los procesos actuaría en una incipiente concentración de la actividad.

sábado, 13 de marzo de 2010
Crece la tecnología en producción de huevos

Huevos. Galpones con alta tecnología versus tradicionales

Luego de subas y bajas a lo largo de la última década, el sector productor de huevos en la Argentina comienza a recuperarse del último ciclo negativo. Aunque la creciente tecnificación de la actividad y las inversiones requeridas para lograrla, podrían dejar a algunos productores en el camino.

Según explican esto parece ser un proceso de concentración difícilmente reversible.

El oxígeno parece haber llegado -sobre todo- por el lado de una demanda relativamente sostenida, favorecida por el incremento de los precios de alimentos como las carnes vacuna y de pollo -por ejemplo- que no fueron acompañados por los del huevo.

De todos modos, cabe señalar que el consumo nacional ya venía evidenciando un interesante crecimiento, al pasar -en poco menos de una década- de 135 a 140 unidades promedio por habitante y por año, a poco más de 210 huevos habitante promedio al año al cierre de 2009.
Pero a pesar del notable aumento del consumo en los últimos años, la producción nacional sobra para abastecer la demanda interna.
 
Una parte menor del huevo fresco en cáscara se exporta, al igual que el producto industrializado (se procesa entre el 10% y el 12% de la producción nacional), lo que sigue traccionando al sector; porque el sólo crecimiento vegetativo de la población daría para avanzar apenas el 1% ó 1,5% anual.

La recuperación

La capacidad de producción comenzó a incrementarse, una vez superada la crisis de 2001/2002. Previo a ella, Argentina disponía de 21 millones de ponedoras aproximadamente. A mediados de 2002 el plantel nacional se redujo a unos 17 millones y en la actualidad, Argentina cuenta con unos 35 millones de ponedoras.

Mario Maroto, presidente de la Unión Avícola Regional Andina (UARA) apunta que, acompañando esas fluctuaciones de la actividad a nivel nacional, el plantel de Mendoza cayó a 1,1 millón previo a la crisis de 2001; 2 millones al promediar 2002; para recuperarse luego y contar, hoy, con entre 1.800.000 y 2.200.000 ponedoras en toda la provincia. Esto le permite a Mendoza producir entre 4.000 y 4.500 cajones de 30 docenas de huevos cada uno por día.

En realidad, sigue siendo escasa la participación relativa de la provincia en la producción nacional de huevos. Aunque aumentó -en términos absolutos en los últimos 8 ó 9 años, representa algo así como el 7% u 8% de la oferta nacional (algo menos, quizás, que en el período crítico 2001/2002).

De todos modos, alrededor de la mitad de lo que se produce aquí alcanza para satisfacer la demanda del mercado interno provincial. Del resto, una parte va -para consumo en fresco- a prácticamente todas las provincias del Oeste (desde Patagonia hasta Salta), Santiago del Estero, Córdoba, San Luis y La Pampa. La otra va a los establecimientos que industrializan el huevo con destino a la exportación.

Cambio de tendencia

En Mendoza, todavía hay un número importante de granjas pequeñas, que están logrando sobrevivir en este esquema que, “como están dadas las cosas, está tendiendo a la concentración“, advierte Maroto.
 
La tendencia viene acompañada de un fuerte proceso de actualización tecnológica, que ha derivado en profundas transformaciones en la actividad.

Esto se traduce, en un mayor número de aves alojadas en una misma superficie, junto con la automatización de prácticamente todo el proceso y la menor demanda de mano de obra pero más especializada.

Más tecnología

Ezequiel Gatti, gerente general de La Castellana, la granja productora de huevos situada en Maipú, dice que “el huevo debe ser el producto con la demanda más inelástica; uno no consume más por el hecho de tener más ingresos; ni mucho menos cuando la capacidad de compra de esos ingresos es menor”. Eso hace que se le dé “mucha importancia a la calidad y a la eficiencia en la producción, porque lo que determina el precio del huevo es la oferta”.

El empresario explica que este proceso de desarrollo tecnológico para el sector se viene produciéndose desde hace años en el mundo. “Las gallinas actuales son el resultado de muchas modificaciones genéticas, y son mucho más eficientes comparadas con las aves de hace 10 o 15 años.

Han sido “diseñadas” para producir en condiciones muy distintas (mucho más apropiadas para producir en los niveles para los que fueron preparadas) de las que pueden ofrecer los establecimientos convencionales” sostiene Gatti.

Al tiempo que agrega que “los cambios bruscos de temperatura; la contaminación sonora, el estrés al que están sometidas las aves en un galpón convencional, afectan la producción”.
De todos modos, en La Castellana todavía esperan tener en la mano los resultados finales de la experiencia que están realizando sobre la incorporación de tecnología en su sector.

En el predio de casi 5 has. enclavado sobre el carril Rodríguez Peña, junto a los 13 galpones convencionales capaces de alojar alrededor de 9.000 aves cada uno, se erige una nueva unidad, automatizada.

Ezequiel, que lleva adelante la empresa familiar junto a su hermano Estanislao (quien se ocupa de la dirección comercial), está a seis meses de cerrar la evaluación del desempeño que ha tenido esa unidad, que está automatizada casi en su totalidad.

Dispone de cuatro hileras de jaulas (baterías) de seis pisos cada una (donde “sólo se ingresa a hacer controles”, explica), todo lo cual les ha permitido sextuplicar la densidad de ponedoras en una misma unidad de superficie, en relación con la carga que soporta un galpón convencional.

Gatti reconoce, no obstante, que en el ámbito local “hay muchos productores que se mantienen, y son muy competitivos, sin hacer este tipo de inversiones”.

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