Las protestas sectoriales han pasado a ser una constante en la celebración de la Fiesta de la Vendimia.
Muchos sectores, desde los que dicen representar a la producción hasta organizaciones sindicales o miembros de entidades ecologistas críticos de la actividad minera, aprovechan la realización del Carrusel para elevar su protesta, con actitudes que sólo redundan algún tipo de rédito en los medios de difusión -escasísimo, por supuesto- pero que producen el rechazo generalizado de las decenas de miles de turistas y de mendocinos que se agolpan en las calles y de cientos de miles que lo observan por televisión. Si quienes organizan ese tipo de actitudes pusieran en la balanza el resultado final, observarían que el balance es absolutamente negativo.
Esa modalidad de protesta se implementa desde hace años, pero tuvo su pico de ebullición durante la gestión de Rodolfo Gabrielli en la Provincia -Carlos Menem era el presidente- cuando dirigentes de la zona Este realizaron un “tractorazo” con la intención de entorpecer el Carrusel. Reclamaban, en aquel momento, que el Gobierno provincial les otorgara un subsidio a los efectos de que los productores pudieran alquilar una bodega para elaborar sus propias uvas y no caer en manos de “oportunistas”.
Una gestión del entonces ministro del Interior, Eduardo Bauzá, logró -a través de un importante aporte económico- frenar la llegada de los manifestantes quienes, portando inclusive un cajón de muertos lleno de uva, detuvieron su marcha a la altura del Cóndor. Los hechos demostraron posteriormente que quienes finalmente resultaron beneficiados fueron los dirigentes de la marcha, porque en los años siguientes la situación de los productores siguió siendo la misma, pero se “diluyó”, sin que nadie supiera cómo, ni dónde, quedó el dinero que aportó el Gobierno.
Los años pasaron y las protestas continuaron. El año pasado, a modo de ejemplo, los dirigentes de los productores de la zona Este paralizaron un día antes una marcha de protesta al obtener una decisión del Gobierno provincial de incrementar el precio de la uva y, paralelamente, los gremios que nuclean especialmente a los trabajadores del Estado decidieron adoptar esa misma modalidad de reclamo. Anteriormente habían sido los docentes quienes reclamaron durante el Carrusel, aprovechando la proximidad de la Fiesta de la Vendimia con el inicio del período escolar.
En distintas oportunidades, desde estas columnas, hemos criticado la modalidad de protesta encarada por la dirigencia y que termina perjudicando al resto de la ciudadanía. Sucedió cuando los gremios estatales -especialmente trabajadores de la salud- decidieron realizar asambleas fuera de sus lugares de trabajo, cortando el tránsito frente a los hospitales o cuando los dirigentes ecologistas cortaron la ruta internacional, a la altura de Uspallata, en repudio al funcionamiento de una minera en la zona de alta montaña.
Ese tipo de actitudes son inaceptables. La dirigencia tiene todo el derecho de reclamar, pero para ello debe utilizar las herramientas que la propia Constitución les ofrece. Resulta inconcebible que el grueso de la población deba sufrir las consecuencias por el accionar de no más de dos centenares de personas. Los dirigentes deberán recapacitar y comprender que no es así como lograrán los objetivos que se han fijado.