Viernes 10 de febrero de 2012 | 13:57 hs
¿Por qué las ficciones de la TV no se atreven a más? Aunque el modelo tradicional dejó paso a nuevos tipos de vínculos familiares, la realidad expuesta en la misma televisión está mucho más lejos: matrimonios gay, adopción de embriones, alquiler de vientres, identidades sexuales elegidas. Los nuevos temas están ahí, pero nadie se atreve.
miércoles, 10 de marzo de 2010
La familia de este nuevo siglo es un menú a la carta. Fruto del avance de la ciencia, el feminismo, el vértigo de las comunicaciones, la transformación de las pautas sociales, económicas y éticas, el paradigma de padre, madre e hijos ya no es el único modelo familiar.
La televisión que supo retratar esquemas clásicos en “Los Campanelli”, “La familia Ingalls” o “La familia Falcón”, por caso, se hizo eco de las transformaciones que presentaba la vida real. Así, en la pantalla globalizada fueron apareciendo opciones más heterodoxas.
Entre otros, “Los Simpson”, con su incorrección política; “Sex and the city” o “Amas de casa desesperadas”, con sus mujercitas de temer; los ácidos “Casados con hijos”; “Ciega a citas” riéndose del mandato materno de que la hija de treinta y pico tenga “un novio normal”; “Botineras” o “Alguien que me quiera”, con tanta gente privada de una parentela de manual.
Se diría que las ficciones televisivas corren detrás de las tendencias sociales. Pero últimamente la realidad, en vez de correr, vuela: matrimonio entre homosexuales; aumento de hogares monoparentales y hasta unipersonales; bancos de semen y de óvulos; alquiler de vientres; la genética desafiada por las identidades sexuales elegidas.
Hombres y mujeres empeñados en seguir siendo hijos cama adentro a la edad en que otrora habrían estado a punto de convertirse en abuelos; bisexualidad, adultos que se comportan como adolescentes; el debate sobre la adopción de embriones congelados... ¿Y si esta vez la realidad estuviera superando a la ficción?
“Ultimamente, en nuestras ficciones no hemos mostrado la típica familia italiana. Nos gusta contar historias de la generación intermedia con la que de algún modo nos identificamos. En esa generación hay muchos que eligen vivir solos, sin ligazón familiar”, dice Pablo Culell, director de Producción y Contenidos de Underground, la empresa de Sebastián Ortega que actualmente tiene en pantalla “Botineras” y ha realizado tiras que incluyeron asuntos como la homosexualidad (“El tiempo no para”) o la posibilidad de enamorarse de alguien sin tener en cuenta su género (“Lalola”) o la hipocresía social y mediática en relación a los gays (“Los exitosos Pells”).
Y agrega: “Apuntamos a reflejar lo que sucede e intentamos que la gente comprenda que se puede vivir de otro modo y ser tan feliz o infeliz como los que siguen el modelo tradicional. Ojalá que estas ficciones consigan dar el mensaje de que hay que ser un poco más misericordioso con las elecciones de vida del prójimo”.
La transgresión y el rating
En los Estados Unidos, “Queer as Folk”, la serie que narra el modo de vida de un grupo de homosexuales urbanos de clase media, fue un tanque en materia de rating. “Familia moderna” (Cityfamily) habla en tono de comedia de tres familias contemporáneas bien distintas. La primera es tradicional: un padre, una madre ama de casa y tres hijos. La segunda, un hombre mayor casado con una jovencita.
La tercera está integrada por una pareja gay que adoptó un bebe asiático: aquí, la ficción extranjera parece ir bastante más lejos que las argentinas. El matrimonio gay o el deseo de las parejas homosexuales de adoptar niños no es un asunto que contemplen las tiras locales.
Como tampoco aparecen en ellas otras situaciones de la vida actual: parejas que han conservado embriones congelados y quieren darlos en adopción, mujeres que recurren a los bancos de semen para embarazarse, donación de óvulos, matrimonios que alquilan vientres para poder procrear.
“Esos serán los grandes temas de discusión en la próxima década y admito que son conflictos geniales para las telenovelas -opina Culell-. Pero por ahora, la mayoría de los argentinos los ve como cuestiones lejanas. Aunque nada de eso es ciencia ficción si lo ponés en una tira, parece de ciencia ficción. Incluso la homosexualidad sigue siendo una cuestión de minorías".
"Cuando mostramos la homosexualidad como algo natural en ‘El tiempo no para’, recibimos el elogio de gran parte de la crítica y la respuesta positiva de un sector del público, pero el programa no consiguió entrar en la mayoría de los hogares, porque en la Argentina la composición familiar sigue siendo la de la familia tipo”.
¿Cómo se explica entonces que cuando trabajaba para Ideas del Sur, la dupla Ortega-Culell haya logrado altísimos niveles de rating con “Los Roldán”, la comedia donde el personaje de Laisa (Florencia de la Ve) era un travesti que no vivía en los márgenes sino perfectamente integrado a su familia?
“Porque era una comedia -responde Culell-. El género también determina que un tema pueda ser apto para el consumo masivo, para el paladar de la familia tipo que mira la televisión. Es cierto que el gran público tuvo un sentimiento positivo hacia Laisa. Pero no sé que habría pasado si el personaje no hubiera sido interpretado por Florencia de la Ve, alguien que antes de la tira había logrado que el público la aceptara como artista y que la quisiera. Lo de Florencia es una excepción. No creo que todas las personas de su condición sean fácilmente aceptadas en los ámbitos familiares y laborales”.
La realidad en posición adelantada
Extraño mundo el de la televisión y sus espectadores: el mismo público que rechaza las ficciones centradas en los modelos familiares adoptados por diversas minorías, ve en la misma pantalla casos reales de esas nuevas opciones.
Por ejemplo, Ricardo Fort contando que sus hijos fueron concebidos, en California, mediante la elección del óvulo de una mujer y el alquiler del vientre de otra. O Florencia de la Ve explicando su deseo de tener un hijo: “Quiero ser madre” dice, en el lenguaje propio de las mujeres, el género al que siempre sintió pertenecer y en el que construyó su identidad desafiando el malentendido genético y los prejuicios culturales.
¿Qué habría pasado si un guionista hubiera imaginado un personaje con la biografía de Florencia de la Ve? “Dado que existe Florencia de la Ve, para un guionista hoy sería más fácil que le aceptaran una historia en la que un travesti triunfa como vedette, se casa y quiere tener hijos. Pero antes de Florencia, ningún autor podría haber soñado con encontrar productor para esa historia”, dice la guionista Teresa Donato, quien junto a Hernán Piquín escribe “Besos al aire”, una serie sobre amores diferentes.
Actual integrante del equipo autoral de “Consentidos”, Donato es terminante: “En materia de vínculos amorosos, las ficciones televisivas atrasan. Y cuando adelantan, es porque plantean una suerte de viva la Pepa: los personajes son swingers o tienen 65 novios a la vez o son gays en plan living la vida loca. Cuando el guionista le dice al productor la palabra “gay”, lo que imagina es una maqueta.
Los de ‘Queer as folk’ se jugaron, pero con lo que iba sobre seguro: gays que curten a lo pavote. Y ésa no es la realidad: yo tengo muchos amigos gays que no viven la sexualidad de ese modo. La tele atrasa. A la tele, la palabra “gay” le sigue dando miedo”.
Para Donato, el atraso televisivo respecto de la realidad no pasa sólo por el tema de la homosexualidad: “Lo que la tele no incorpora son las diferencias”, sostiene. Y ejemplifica con su propia vida: “Si en un guión pongo una pareja como la mía, los productores la rechazarían diciendo que no es verosímil. ¿Por qué? Porque llevo 20 años junto al mismo hombre y aunque nada nos impedía tener hijos, no los tuvimos; y tampoco nos lamentamos de esa decisión. Para un productor no sería verosímil que un hombre y una mujer que se quieren y se llevan bien no sientan la necesidad de ser padres”.
La serie que escriben Donato y Piquín plantea “la vida de un grupo de amigos que eligió amar y dejarse amar de otra manera -contesta Piquín-. Los personajes tienen diferentes preferencias sexuales pero coinciden en el deseo de vivir el amor en pareja y para siempre”.
¿Será que en materia de sentimientos no hay nada nuevo bajo el sol? Las ficciones televisivas podrían empezar a pensarlo porque de ser así, tal vez no les resulte tan complejo incorporar los nuevos modelos de familia que está trayendo el siglo XXI. Adriana Schettini - CC