La venganza del Viti

Víctor Fayad convirtió su municipio capitalino en un laboratorio de la política nacional, porque supo entender mejor que nadie el verdadero significado de la crisis institucional que el país vivió en enero.

martes, 09 de febrero de 2010

Por Carlos Salvador La Rosa - clarosa@losandes.com.ar

De nuevo Mendoza se convierte en el laboratorio ideal de los cambios políticos que se van gestando fuera de ella. Esta vez, la inmensa crisis institucional que inauguró el nuevo año de la política nacional, está teniendo su primer efecto político concreto en la lid electoral de la Capital provincial. El modo en que se va desarrollando la misma -si bien reconoce causales internas, locales- es básicamente hija del inédito clima político que dejó el mes de enero en el país. Por eso, antes de explicar lo de Capital, hay que hablar del tema nacional.

De pactos y conspiraciones. La crisis institucional de enero tuvo, hasta ahora, dos interpretaciones políticas acerca de porqué ocurrió. Una la dio Néstor Kirchner, la otra Elisa Carrió. Ambas tienen más parecidos que diferencias.

Néstor Kirchner, desde el mismo momento en que intuyó que Redrado le andaba mezquinando las reservas no dudó, y los acontecimientos posteriores sólo fortalecieron su convicción inicial: todo se trató -según él- de una fabulosa conspiración para derrocar al gobierno de su esposa, en la cual Redrado era apenas la cara visible de una asociación secreta compuesta por Clarín y todos los medios no oficialistas, Cobos junto a toda la oposición política y el "partido judicial" donde incluyó a casi todos los jueces y hasta una parte de la Corte Suprema que el mismo gestó.

Para Elisa Carrió, en cambio, todo fue un pacto entre sus propios "socios" del Frente Cívico y el kirchnerismo: el partido radical que al principio del conflicto propuso entregar la cabeza de Redrado; Cobos que al final del conflicto votó con el gobierno contra Redrado y hasta el socialista Binner sobre el cual lanzó sospechas de connivencia con el kirchnerismo.

Kirchner viendo la realidad como un intento golpista opositor y Carrió como un pacto entre la oposición y el gobierno, son dos caras de igual moneda: la visión conspiracionista de la política según la cual las grandes decisiones se toman en cenáculos secretos con fines inconfesables.
Pero lo cierto es que en enero la política argentina agregó dos elementos que de tan inesperados tientan a ser leídos desde una explicación conspiracionista:

El primero, es que cuesta entender que un personaje tan políticamente menor como Redrado haya generado por sí solo un escándalo tan mayor. Ante eso, sólo hay dos explicaciones posibles: Una, que el gobierno está tan débil que cualquiera, con sólo quererlo, puede ocasionarle heridas gravísimas. O dos, que una conspiración brutal busca terminar con el gobierno.

Y es sabido que la mayoría de los seres humanos preferimos sentirnos víctimas del mal ajeno que de las debilidades propias. Por eso Kirchner habló de la gran conspiración. Era eso o reconocer su extrema debilidad.

El segundo, es que cuesta entender la conjunción contra Cobos que ocurrió en enero de tantas y tan diversas voces: el gobierno en pleno, más Carrió, más muchos radicales, más Solanas, más Macri. En fin, salvo Felipe Solá y De Narváez, la casi totalidad de los políticos argentinos se puso en contra de Cobos a la vez. Pero no fue una conspiración secreta sino coincidencias públicas por las razones más contradictorias entre sí. Como que su presencia en el gobierno (o el apoyo popular que ella le venía generando) les resultara insoportable a casi todo el resto de sus pares.

Por ende, más allá de las fábulas conspiracionistas (las que siempre parten de una verdad aunque después finalicen en el delirio), no es fácil entender como el gobierno pese a tener tanto poder y manejar tanto dinero, cada día parece políticamente más débil. Y también cuesta entender el odio que suscita un personaje a la vez tan menospreciado por los políticos como Julio Cobos. Pero el hecho es que a partir de ahora nadie podrá entender la nueva realidad política sin esos dos grandes datos: la terrible debilidad política del gobierno y el increíble odio de los políticos hacia Cobos.

La sonrisa de Fayad. Sin temor a exageraciones, nos atrevemos a decir que el primer político en entender mejor que nadie esa nueva realidad política, es Víctor Fayad quien logró poner a su entero favor -con inusual brillantez- todas estas inéditas coordenadas.

En efecto, aduciendo la pureza municipal para supuestamente defender nada más que su territorio de la invasión ajena, hizo tomar parte a la Capital local en los debates políticos nacionales, a modo de un laboratorio donde poner a prueba las nuevas tendencias.

Logró un insólito “acuerdo” con el partido radical provincial y el nacional donde él se quedó con todo y ambos partidos sólo con él. Obligó a Cobos a entregar todos sus aliados y a que aceptara mansamente la soga que le ofreció para ahorcarse. Hizo volar por los aires (y muy probablemente mucho más allá de la Capital local) al Frente Cívico, con lo cual ayuda a la UCR a que se pueda ir sacando de encima a los aliados del 28 de junio, que cada día necesita menos.

Pero también obtuvo la simpatía de Elisa Carrió y de los gobiernos peronistas de la provincia y de la Nación al golpear tan duro a Cobos. E hizo que casi todo el resto de los partidos y alianzas políticas pusieran sus mejores fichas en Capital para enfrentarlo, por lo que si obtiene un claro triunfo quedará como el único radical provincial en pie, mientras que de sus rivales (PJ local, kirchnerismo puro, socialismo, PRO, PD, la Coalición y la izquierda no K) se proyectará el que salga segundo.

En síntesis, puso todos al pie porque hizo política, o sea entendió la realidad tal cual es y a partir de esa comprensión la puso a su favor, en vez de inventar conspiraciones y pactos ocultos con los cuales se distrajeron el resto de los políticos y entonces la realidad los pasó por encima. En cambio, Fayad -al que tantas veces en su larga vida política la realidad y todos sus discípulos lo pasaron por encima- esta vez no cesa de reír.

Más notas de esta sección
Copyright 2010 Los Andes | Todos los derechos reservados
prev

La venganza del Viti

next