La soledad de los vice

“Esta vez Cobos logró la unanimidad de que nadie -ni Redrado, ni el gobierno, ni Carrió, ni la UCR, ni el resto de los opositores, ni la opinión pública- estén con él. Hoy Cobos es la expresión más acabada de la soledad política. Pero la soledad a veces puede venir bien”.

domingo, 07 de febrero de 2010
La soledad de los vice

El vicegobernador Cristian Racconto y el vicepresidente Julio Cobos

Por Carlos Salvador La Rosa - clarosa@losandes.com.ar

Para los antiguos griegos, existían dos mundos: el de los dioses y el de los hombres, pero ninguno de ambos era perfecto. En los dos se cocían habas. Como un sucedáneo “divino” de las imperfecciones humanas, en el Olimpo griego los dioses conformaban una especie de monarquía con el rey, los príncipes y los cortesanos donde todos se mataban entre sí en la lucha por el poder. Mientras que en la tierra, los griegos comunes miraban el espectáculo, apostando a veces por uno y a veces por otro.

De tanto en tanto, algún dios cedía a la tentación romántica con alguna humana y del acto amoroso nacía un mestizo, un semidios. Tal el caso de Hércules, quien tuvo la suerte de recibir en su naturaleza lo mejor de los dioses y lo mejor de los hombres. Pero claro, por cada Hércules que nacía de las humanas tentaciones de los dioses, nacían también un montón de semidioses que portaban en sí lo peor de los dioses y los hombres (obviamente con menos prensa, porque su difusión no le convenía a nadie).

Julio Cobos -seguramente sin proponérselo- trajo a estos tiempos modernos la vieja leyenda de Hércules. Él, imperfecto como nadie, con su voto “no positivo” devino el semidios perfecto: habitante del Olimpo político pero a la vez expresión de los hombres comunes en su crítica a los excesos de los dioses pecadores.

Hasta que ocurrió lo inevitable, ya fuera en la vieja Grecia o en la Argentina moderna: cansados los dioses de un semidiós que crecía a partir de las imperfecciones de ellos, se conjugaron en un mes de enero para sacarlo a patadas del Olimpo, salvo que el Cleto aceptara ser tan imperfecto como ellos y no les siguiera haciendo competencia desleal frente al pueblo llano. Entonces, nuestro Hércules cuyano devino un Aquiles, apenas le encontraron el talón. Y ahora tiene un problema: lo siguen sin querer en el Olimpo, pero los de abajo lo quieren menos que antes.

Del voto “no positivo” al voto “sí positivo”. El voto “no positivo” de Julio Cobos fue una obra maestra pero no el producto de su genialidad, sino de circunstancias favorables que el Vicepresidente tuvo el talento de aprovechar, entre otras cosas porque todos se equivocaron creyendo que él no tenía ningún talento. Y, en opinión de quien esto escribe -sin dejar de lado las causales anteriores- su voto también fue un gesto de dignidad que lo honra, porque no todo en política es siempre actuación.

No obstante, haberse mantenido tanto tiempo en las alturas más que a su talento se debió a la increíble torpeza de los Kirchner, quienes al anteponer el odio personal y la venganza a toda racionalidad política, le permitieron crecer sin hacer prácticamente nada. Del mismo modo, la actual decadencia del matrimonio presidencial no se debe tanto a la inocua acción de los opositores, sino básicamente a ese odio que a veces hasta les impide ver sus propias conveniencias.

Pero Cobos no sólo mantuvo tanto tiempo su prestigio por la torpeza ajena, sino también por la ambigüedad propia, esa que lo llevó a ser a la vez la segunda autoridad de la República y el principal candidato de la oposición. O el político más popular de todos por ser el menos político de todos. Entre un millón de contradicciones más.

Fue en ese ínterin que el Cobos amado por la gente no sólo por oponerse a los Kirchner sino por hacer creíble lo que no es creíble en casi ningún político (alguien que parece ser y decir lo mismo en público que en privado, o sea un hombre transparente) se comenzó a transformar -quizá sin quererlo- en otro.

Así, de a poco fue trocando su llaneza discursiva en picardía política: en decirle a cada uno lo que cada uno quería escuchar. O no diciendo nada para mantener las expectativas de todos en él, que es lo mismo. Por eso se equivocan los que creyeron que no tenía nada que decir porque carecía de ideas.

En ese sentido, su actual “voto sí positivo” fue la suma acabada de ese arte de la ambigüedad que venía construyendo, pero esta vez le estalló en las manos porque todos se dieron cuenta y, entonces, al querer quedar bien con todos, terminó poniéndose a todos en contra.

Es que, aunque duela, la verdad es que en esta crisis institucional, Cobos no desempató a favor de la institucionalidad sino pidiendo la cabeza de quien se alzó para defenderla, aunque éste lo haya hecho por oportunismo o antes haya hecho lo contrario.

En consecuencia, aunque los cobistas digan que su jefe prefirió pagar el costo político de defender las instituciones, en realidad, más que actuar institucional o políticamente, Cobos actuó pensando en él, eligiendo la opción que creyó le haría pagar menos costo personal.

Es que como todo el Olimpo político había decidido de manera rotunda que debía elegir entre ser Vicepresidente u opositor, y él ya no podía humanamente resistir más tanta presión sumada, parece que eligió seguir siendo Vicepresidente.

Y entre la Vicepresidencia y la opinión pública también eligió la Vicepresidencia, sabedor que si se baja de ella, a la opinión publica la pierde casi seguro, y no por eso logrará que lo quieran más en el Olimpo.

Para saber cómo es la soledad. El primer efecto de su accionar es que esta vez Cobos logró la rara unanimidad de que nadie, ni Redrado, ni el Gobierno, ni Carrió, ni el radicalismo, ni el resto de los opositores, ni la opinión pública, estén con él. Hoy Cobos es la expresión más acabada de la soledad política.

Pero no siempre la soledad es mala, sobre todo luego de haber tenido tantas compañías oportunistas. Por lo tanto, hasta podría alabarse la actual soledad de Cobos. Es que con este voto “sí positivo” se libró de los fantasmas. Porque ahora nadie puede decir que votó como le ordenaron los radicales, lo cual sería admitir que es opositor. Ni que pensó en su candidatura, porque este voto le costará bastante en términos de opinión pública. Tampoco podrá ser tachado de oficialista, porque nadie en el Gobierno lo quiere de vuelta.

Por ende, no le va quedando mucho más que ser Vicepresidente full time, que es lo que debió haber sido desde siempre en vez de sucumbir a veleidades presidenciales, intentando construir fuerzas políticas propias que lo ayudan menos que si no tuviera ninguna.

Lo cierto es que la alianza implícita entre el Gobierno que lo quería bajar por odio y casi toda la oposición que lo quería bajar por envidia, convierte a Cobos en un probable candidato más, pero ya no más en el invencible supercandidato que pareció ser.

Todo el Olimpo unido contra él acaba de bajarlo al nivel del resto de sus miembros y ahora ya no es dios ni semidiós, sino un político un tanto particular, al que la élite sigue sin querer y del cual la opinión pública comenzó a dudar. Nada demasiado malo, al menos nada que le impida seguir siendo un político popular, ni que le impida pasar a la historia como un vicepresidente meritorio. Luego, Dios dirá, pero seguro no lo dirá ahora.

Cobos y Racconto, ¿quién es quién? Desde este momento los desafíos de Cobos ya no pasarán tanto por superar la contradicción entre ser Vice y candidato opositor a la vez.
 
Su nueva lucha, más modesta, deberá librarla para que no le ocurra como al vicegobernador mendocino, Cristian Racconto, quien viene queriendo ser la versión peronista y local de Cobos, pero no lo logra porque no halló su 125 y porque cada vez que busca diferenciarse, el gobierno de Jaque lo mata con la indiferencia. Tal cual le ocurrió esta semana, que en la suplencia de la Gobernación hizo de todo y nadie en el oficialismo le llevó el menor apunte. Astutamente, lo están matando con la indiferencia, que es lo que no hicieron los Kirchner con Cobos y por eso contribuyeron a encumbrarlo.

En síntesis, el peligro de la hora de la indiferencia también ha llegado para Cobos, y no por obra de Néstor y Cristina sino porque así lo quiso el destino.

Pero bueno, a remar, a construir desde la soledad, a luchar contra su “raccontización”.

Veremos cómo le va. En particular con los de abajo, los únicos que en las buenas épocas no se colgaron de él por oportunismo.

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