El FMI, dirigido por el francés, Dominique Strauss-Khan, vuelve con sus recetas de ajustes
En el último mes hemos visto un repunte del dólar frente al euro y alguno podría creer que es porque la economía estadounidense está mejorando. En realidad, esto no es así, y la revaluación de la moneda norteamericana se explica por una devaluación del euro, producto de la crisis que afecta al viejo continente, sobre todo a algunos países, y a las limitaciones que su sistema monetario integrado les impone.
La eurozona está comenzando a ver, con demora, las consecuencias de la crisis internacional que le pegó muy fuerte a Estados Unidos y llegó con demora al continente europeo. No obstante, nadie podía pensar que esto no sucedería.
España, Portugal y Grecia son los países más afectados, aunque si se mira el nivel de endeudamiento, también están cerca Italia e Irlanda. El caso más preocupante es el de Grecia, que ya sufrió una caída en sus calificaciones de deuda en diciembre pasado, pero tanto españoles como portugueses están también muy complicados.
Hay otros países del Este europeo, como Rumania, que debieron ser asistidos, en este caso por el Fondo Monetario Internacional (FMI), aunque el destino era salvar la vida de varios bancos occidentales que operan en ese país.
El FMI ha vuelto con su ortodoxia, pero esta vez les está pegando duro a los países europeos en lugar de hacerlo con los latinoamericanos o los emergentes. A Rumania le aconsejó bajar salarios públicos y jubilaciones. A Grecia, Portugal y España les aconsejó bajar salarios. A los españoles, además, les autorizaron a elevar la edad jubilatoria de 65 a 67 años y aumentar los aportes.
Las limitaciones europeas
El problema que tienen los países europeos es que se quedaron sin bancos centrales con posibilidad de emitir dinero. El Banco Central Europeo, además, sólo puede emitir si le ingresa una contrapartida en divisas. Los países que en su momento se integraron al Euro disfrutaron las mieles de la unificación en tiempos de bonanza, pero en la situación actual no tienen más posibilidad de hacer política monetaria que tomar deuda para sostener un gasto cada día más deficitario.
La paradoja es que los Estados han gastado mucha plata en asistir a los bancos para que no se caigan y hoy estos bancos no quieren prestarles a los Estados porque dudan de su solvencia.
Aún se sostiene el debate entre quienes consideran que los Estados deben seguir inyectando fondos y quienes dicen que hay que parar. Aunque haya amortiguado un poco la crisis, el dolor se sentirá igual, de una manera u otra, y ese es un costo que nadie quiere pagar. Grecia, por ejemplo, falseó sus balances para recibir ayuda de la Unión Europea.
El mayor problema de las economías europeas es el déficit, que en 2009 registró un promedio del 7% del PBI de la zona. Pero dentro de ese promedio, se destacan Grecia, con un déficit de 13% de su PBI y España con el 12%. En el mismo período, Estados Unidos tuvo un rojo del 10%, con la diferencia que la Reserva Federal puede emitir dólares sin problemas (en el corto plazo). Paradójicamente, los mayores países latinoamericanos registraron superávit promedio del 7%, salvo Argentina que dibujó su déficit con ciertos artilugios contables para dar un modesto superávit.
Los escenarios de EEUU y Europa son distintos. Mientras los norteamericanos siguen inyectando plata, ahora el presidente Obama quiere regular los bancos para separar a los que se dedican a la banca comercial de los que lo hacen en el plano de las inversiones. Esto ya le ha traído problemas, pero el mayor error ha sido inyectarles tanta plata a los bancos ya que estos no prestan en líneas comerciales y especulan en mercados de materias primas. En este caso, la culpa no es del chancho sino del ....
En el caso europeo, además, están pesando cada vez más fuerte en los presupuestos las jubilaciones, porque el número de pasivos es casi igual al número de trabajadores activos y esta diferencia la tiene que poner el Estado. Francia todavía mantiene su edad jubilatoria en 60 años, pero Alemania ya la subió a 65 y ahora, España, con el aval de Consejo Europeo, la subió a 67.
Este es el problema más grave a futuro que deberán enfrentar las economías europeas y los ciudadanos. Para una relación activo/pasivo como la que tienen, necesariamente deberán ir a un sistema mixto, donde el Estado sólo podrá garantizar una jubilación mínima y el trabajador deberá aportar como ahorro si quiere tener un retiro digno. El sistema se está haciendo insostenible.
La ortodoxia del FMI
Uno de los reclamos fundamentales que se hicieron en las sucesivas reuniones del G-20 fue la necesidad de reformar el Fondo Monetario Internacional (FMI), además de encarar una seria regulación coordinada de los mercados financieros globales, para evitar nuevos colapsos como el que estalló en 2008.
Sin embargo, el organismo internacional, y sobre todo, su burocracia interna, han frenado cualquier intento por modificar de fondo su rol. Incluso, después que recibiera préstamos de fondeo de algunos países, salieron a hacer su "negocio": dar préstamos puente a países en problemas, con la inclusión de sus clásicas recetas de ajuste.
Decimos que este es el negocio que sostiene al Fondo, porque su estructura vive de los intereses que cobra por sus préstamos. Cuando a mediados de esta década varios países (entre ellos Argentina) decidieron cancelar sus deudas con el organismo, el FMI entró en una crisis financiera porque se quedó sin flujo de fondos.
Pero lo grave es ver que no ha variado un ápice la eterna ortodoxia del organismo, que aplica la misma receta para cualquier país, sin distinción de situaciones.
La recomendación de bajar sueldos hecha a Portugal, Grecia y España, y anteriormente a Rumania, la justifican en que, al no poder emitir moneda no pueden licuar su gasto, por lo que deben recurrir a rebajas nominales.
El mundo todavía no encuentra el rumbo. Las economías principales solo se sostienen por inyecciones de dinero estatal y nadie sabe cuándo se detendrá esta inyección ni el volumen de plata que involucrará. Pero tampoco nadie sabe hacia dónde está yendo con certeza, todo ese dinero.
El intento de Obama es una reacción contra los banqueros, los cuales le han jurado "vendetta" en el reciente Foro de Davos. Por ahora el presidente norteamericano está solo. Su par francés, Sarkozy, ha dicho que no lo acompaña. Si no se busca coordinación, volverán a ganar los de siempre y a perder los de siempre, y una nueva crisis no demorará tanto en repetirse.
Luego de un año donde los grandes proyectos se frenaron y sólo prosperaron las obras de pequeños inversores y familias en busca de un refugio para sus ahorros, el sector ve el 2010 con optimismo. La venta de insumos empezó a repuntar a fines de 2009 y todos confían en una reactivación de la obra pública, aunque temen por la inflación y la inestabilidad política.
Fue íntegramente diseñado y fabricado por la empresa Esigas. Invirtieron cerca de U$S 1 millón y buscan competir con el diesel.