Contreras en la bicicletería que tiene en Villa Hipódromo y en la que comparte la pasión por las dos ruedas con sus hijos. (Marcos García / Los Andes)
miércoles, 03 de febrero de 2010Han pasado poco más de 53 años de aquella destemplada mañana del domingo 14 de octubre de 1956, algo fría, con viento y llovizna, cuando en la ciudad de Trenque Lauquen, Buenos Aires, el referente e ídolo más grande del ciclismo mendocino de todos los tiempos, Ernesto Antonio Contreras, escribió el primer capítulo de su gran historia con el deporte del pedal al clasificarse campeón argentino de persecución individual sobre un recorrido de 4.000 metros, título que mantuvo hasta 1963 al ganarlo en ocho oportunidades de manera consecutiva, récord jamás igualado o superado.
El “Cóndor de América”, así bautizado en la época de los recordados Cruces de Los Andes entre 1967 y 1974 - dos primeros puestos, dos segundos, un tercero y un séptimo - por el periodista deportivo Marcelo Alejandro Houlné por sus increíbles hazañas en la geografía de la montaña - Los Caracoles de Villavicencio, La Cruz de Paramillos, El Cerro Negro y Paramillos, Portillo y La Cuesta de Chacabuco en territorio chileno.
Tenía entonces 19 años de edad (19-06-37) y había debutado algunos meses antes como federado, primera a cuarta categoría de la Asociación Ciclista Mendocina, con un triunfo el domingo 22 de abril en el departamento de San Martín, para clasificarse posteriormente tercero en el Premio Cerro de La Gloria y más tarde, el domingo 13 de junio, campeón mendocino de medio fondo al superar a Arturo Tejedor uno de los más grandes de esos años.
Por esos tiempos también sobresalían en el ciclismo mendocino José Caterino, Emilio Pennesi, Ricardo Godoy, Angel Fernández, Domingo Castagnolo, Roberto Romero, José Rubilar, Luis Araneda, Federico Federicci, Ernesto Robles, Silvio Pannocchia, José Pannella, Rinaldo Zangheri, los hermanos Francisco y José Sánchez y José e Italo Marchiori, Domingo Zúñiga, Cirilo Pegorín, Alejandro Pascualotto, Pedro Picón, Antonio Murcia, Gregorio Ricarti, Hugo Barboza, José Coria, Arturo Tejeda, Pedro Muñoz, Luis Strawchitz, Felipe Crisafulli, Carlos Reyes y seguramente muchos más.
Del mismo modo que el ciclismo nacional que se nutría de notables exponentes, pedalistas de raza, nombres ilustres, esforzados y heroicos habitantes de las rutas del país, entre ellos el cordobés Pedro Salas, Miguel Sevillano, Saúl Crispín, Humberto Varisco, Dante Benvenutti, Ceferino Perone, Oscar Muleiro, Oscar Pezoa, Alberto Ferreyra, Duilio Biganzoli, Héctor Acosta, Rene Simionatto y Ricardo Santos Senn, herederos de la fama, el brillo y el prestigio que entre las décadas del 20, del 30 y del 40 habían sembrado en esas mismas huellas Manuel Fernández, José Guzzo, Antonio de Lema, José Sampichiatti, el mendocino Cosme Saavedra y su hermano Remigio, el entrerriano Mario Matheu, Antonio Bértola y Julio Alba, entre los más destacados.
En ese ambiente desembarcó aquel pedalista de filosas piernas, pómulos salientes, ojos hundidos, gruesas cejas, muy blanca y saliente dentadura, grandes y callosas manos, el hombre que venía de las viñas de Mendoza y que llegaba a Trenque Lauquen como un ilustre desconocido para convertirse en muy poco tiempo en uno de los más grandes de la historia.
El "Cinco-Diez"
Aquel primer título del 56, de los 12 que logró en su brillante trayectoria deportiva - los 8 seguidos de persecución individual sobre 4.000 metros entre 1956 y 1963; los 3 de resistencia, distancia de 120 km. contra reloj: 1959 en Santa Rosa, La Pampa, sub-campeón René Simionatto a tan solo 3 segundos; 1970 nuevamente en Santa Rosa, La Pampa, sub-campeón Gerardo Cavallieri y 1971 en San Rafael, Mendoza, sub-campeón Carlos Miguel Alvarez a 46 segundos y 1 en kilómetro con partida detenida, recorrido de 1.000 metros en 1961- resultó una verdadera proeza y la seguidilla de campeonatos se convirtió en una marca histórica que se mantuvo durante años y que recién pudo quebrar el marplatense Juan Esteban Curuchet entre 1985 y 2009, con 16 coronas nacionales, logradas en kilómetro (1), vueltas puntables (5), Madison (6), australiana (1) y contrarreloj (3) en los escenarios de Mar del Plata, Esperanza, Buenos Aires, Río Cuarto, La Plata, Bahía Blanca, Santiago del Estero, Córdoba y San Juan.
Es que el Cóndor mendocino, aquel domingo que se vistió de invierno en el mes de octubre del 56, con un tiempo de 5m. 18s. superó con amplitud el registro de los olímpicos Pedro Salas (5m. 24s. 4/10), que por otra parte defendía su título de la especialidad, Alberto Ferreyra (5m. 24s. 6/10) y Héctor Acosta (5m. 29s.9/10), los que habían sido seleccionados junto a Jorge Batiz, Duilio Biganzoli y Ricardo Santos Senn para representar a La Argentina en los Juegos de Melbourne, Australia, disputados entre el 22 de noviembre y el 8 de diciembre de ese año. Ernesto siempre cuenta que fue un registro excelente, sobre todo por la inclemencia del tiempo y el fuerte viento en contra que perjudicó obviamente a todos los participantes por igual.
Entre las anécdotas de aquel campeonato se recuerda el comentario que hizo un dirigente sanjuanino de apellido Robledo, que presidía la delegación de Cuyo porque los ciclistas de Mendoza, San Juan y San Luis corrían en equipo, quien al comienzo de las series eliminatorios opinó muy entusiasmado y convencido de lo que decía: "traigo un mendocino que hizo "Cinco-Diez" (5 minutos, 10 segundos) en los 4.000 metros en las selectivas de San Juan. Se trata de un pibe de unas condiciones extraordinarias, que puede ser la gran revelación y el nuevo campeón de persecución individual".
El propio Ernesto, cada vez que evoca aquella anécdota, comenta que los delegados de las otras provincias y algunos periodistas soltaron la carcajada cuando lo escucharon, porque descreían que alguien pudiera hacer ese tiempo en la distancia de los 4 kilómetros, cuando el récord nacional estaba en poder del cordobés Pedro Salas - que fuera campeón argentino de resistencia en 1949, 1952 y 1958 - que había fijado 5m. 15s. exactos y que con ironía y burla le preguntaron "si ese tiempo lo habían tomado con un almanaque".
Contreras, con su humildad y modestia de toda la vida, reconocía entonces que "realmente yo era un desconocido en el ciclismo, porque no me conocía absolutamente nadie. Llevaba apenas unos pocos meses como pedalista federado, no tenía experiencia y nadie daba nada por mi, ni siquiera un peso. Creían que lo del "Cinco-Diez" era una cargada y nadie ni siquiera discutía que el cordobés Salas, que era la figura del momento, y que se preparaba para los Juegos Olímpicos, pudiera dejar de ser el dueño de la persecución individual que era su especialidad".
Bicicleta prestada
“Ernesto Contreras: El Campeón de la Bicicleta Prestada” fue el llamativo título de una nota publicada por la revista El Gráfico en marzo de 1964, autoría del periodista Ernesto Cherquis Bialo, cuando el querido y respetado Negro ya vivía en Palmira - donde se había casado con quien fue siempre su eterna y leal compañera - Marta Martínez -la que le regaló tres hermosos hijos: Ernesto Walter, Omar Alejandro y María Laura, todos relacionados con el deporte de modo especial Omar que llegó a ser su auténtico heredero- y en la que Contreras contaba que había ganado el título de Trenque Lauquen con una bicicleta prestada, que le había facilitado su amigo el “Chueco” Enrique Pérez que también era corredor federado en Mendoza.
Lo que así evoca, cuando ya ha cumplido los 72 años de edad, en su bicicletería de la calle Pellegrini esquina O'Higgins en el departamento de Godoy Cruz: “cuando mi hermano Rodolfo insistía para que yo fuera corredor no le decía nada, pero en mi interior sentía cierta vergüenza cuando veía las máquinas que tenían los demás ciclistas y por eso no me decidía. Por eso no me animaba a participar, porque tenía miedo al papelón, hasta que un día cerré los ojos y largué y para sorpresa mía terminé primero".
"Muchos creían que yo corría con una bicicleta de paseo y con esa también fui a San Juan y sin embargo fijé aquel registro increíble que armó un lío bárbaro. Por suerte a Trenque Lauquen pude ir con un rodado mucho más moderno".
Pedro Picón, primero gran pedalista, representante del Club Atlético Argentino, después mejor mecánico, le comentaba años después a un periodista deportivo de Los Andes: “lo que hizo Contreras en aquella selectiva de San Juan resultó sorprendente, porque su bicicleta más bien parecía un arado”.
Tiempos felices
Aquellos comienzos tienen que ver con una infancia y una adolescencia muy humilde y de mucho trabajo, pero también muy feliz en su Medrano natal, departamento de Junín, donde eran 7 hermanos - 5 varones y 2 mujeres - y donde don Crispín Contreras, el padre de familia, administraba una finca vecina a la vieja calle La Legua por lo que sus hijos ayudaban en las tareas de la chacra y las viñas y aprendían desde chicos el duro oficio de sembrar y regar la tierra fértil que los rodeaba.
Lo que el Cóndor siempre ha evocado con nostalgia: "atrás de la casa donde vivíamos había una canchita de fútbol y yo siempre quería jugar a la pelota, entusiasmado por los Campeonatos Evita de esos años. Pero una tarde el viejo se enteró que habían quebrado a un chico y nos prohibió a mi y a mis hermanos que volviéramos a ir".
"Lo que entonces hacíamos, cuando el papá se iba a dormir la siesta, era agarrar su bicicleta y nos turnábamos dando vueltas entre los mismos viñedos. Después y casi sin darme cuenta me iba pedaleando al pueblo y así recorría unos 8 kilómetros todos los días, hasta que me hice federado y empecé a correr en serio. Lo que nunca hubiera imaginado es que a los 6 meses de largar ya había establecido un récord que se hizo tan famoso. Como será que la revista El Gráfico me puso: “Cinco-Diez Contreras”.
Cóndor olímpico
La brillante trayectoria de Contreras lo llevó a intervenir en tres Juegos Olímpicos, por lo que es el deportista mendocino con más participaciones: Roma, 1960, 5to. en persecución por equipos, eliminado por Italia en cuartos de final, con Alberto Trillo, Héctor Acosta y Juan Brotto: Tokio, 1964, 8vo. en persecución por equipos, derrotas frente a Italia y Australia, con Alberto Trillo, Juan Alberto Merlos y Carlos Miguel Alvarez y México, 1968, noveno en persecución por equipos, eliminado por Italia en octavos de final, con Juan Alberto Merlos, Carlos Miguel Alvarez y Juan Alves. Después Contreras junto a Merlos, Alvarez y Roberto Breppe tomaron parte en la prueba de los 100 km. contrarreloj en ruta donde terminaron séptimos.
Ernesto siempre se lamentó: “nunca pude correr la prueba individual de ruta en los Juegos Olímpicos. Creía que la gran oportunidad la iba a tener en México, porque me había aclimatado muy bien, me sentía entero físicamente y el terreno en cierta manera me favorecía, porque era muy duro y exigente. Sin embargo quedé afuera y nunca dije nada ni protesté porque siempre fui muy respetuoso de las decisiones técnicas y de mis compañeros”. José Félix Suárez - Especial para Más Deportes