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Joaquín Sabina en el Malvinas

Sabina, joven por siempre

El sábado, en el Estadio Malvinas, el español volvió a probar su estatura artística. Una puesta en escena deliciosa, de climas diversos y altísima calidad musical, cautivó a las más de 7 mil personas que llegaron a la cita.

Sabina, joven por siempre
El músico repasó éxitos, cantó temas nuevos, recordó a sus amigos que no están y hasta dedicó unos versos a Mendoza en un show de algo más de dos horas. (Fotos: Adriana Ojeda / Los Andes)

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lunes, 15 de febrero de 2010

21.45. Se apagan las luces del estadio y el grito unánime de la multitudinaria platea dio paso a los inicios de lo que, se anticipaba, sería el viaje hacia un exquisito universo, hecho de música y poesía.

Y no nos equivocamos en el pronóstico, porque apenas se hizo la noche en el gigantesco espacio, el escenario que cobijaría a Joaquín Sabina, su disco “Vinagre y rosas”, y sus músicos, se nos antojó la postal de alguna preciosa ciudad europea: con sus callejuelas y fachadas mirando al puerto, sus aires fabriles, sus barandas sobre el puente.
 
Allí, en ese entorno sostenido también por el vestuario de los músicos, al compás de “Lili Marleen” (deliciosa canción alemana que ha sabido ilustrar algunos films, como el de Fassbinder), los artistas llegaron tarareando.

Luego él: Joaquín Sabina, de levita e infaltable sombrero-hongo, terminó de cantarla, para al fin arrancar en pleno con “Tiramisú de limón” (uno de los cortes de difusión de su disco).

Desde ese instante iniciático todo lo demás fue un conmocionante regalo. O, más bien, un encuentro amoroso con el público, impecablemente urdido por Sabina y sus compañeros: Antonio García de Diego (guitarras, teclados, percusión), Pancho Varona (bajo, guitarrón mariachi), Jaime Azúa (guitarra eléctrica), Marita Barros (coros), Pedro Barceló (batería y percusión) y José Misagaste (saxo y clarinete).

¿Lo que cantó?: casi no importa, porque cantó todo aquello que ha hecho que Joaquín Sabina sea el amado artista que es. Fue repaso de antaño: con “19 días y 500 noches”, o “Aves de paso”, o “Noche de bodas”, “Una canción para la Magdalena” (que generó uno de los momentos exquisitos del show, junto a Marita Barros), “Llueve sobre mojado” (como recuerdo de aquella dupla que hiciera con Fito Páez; aquí, junto a Jaime Azúa).

Fue presente absoluto: “Viudita de Clicquot”, “Agua pasada”, “Embustera” (temas de “Vinagre y rosas”).

Fue el estar suspendido en un universo insólito, hecho de momentos diversos: tan íntimos que el abismal estadio se convertía en una placita minúscula de alguna calle de Praga; tan celebratorio que el mismo espacio transmutaba en festival encendido para el grito rockero.
Fue la posibilidad de saborear esa ductilidad de Sabina para convocar el genio de la gran Chavela; o el pulso preciso del blues, el tango, la ranchera, el rock o la rumba.

Fue la delicia de calibrar el peso de la palabra, en canciones autobiográficas que suenan siempre a nuevas; en frases de arenga bien trazada: “Aprovechando que estamos en la falda de los Andes, para recordar a San Martín: que ése sí que era un milico, y no como estos otros hijos de puta”, o “Quiero calentarles un poquito el corazón a los mendocinos; a las mendocinas un cuartito más abajo”.
 
O “Como es probable que otra noche igual no vuelva a sucedernos, quiero recordar a los que amo: Adolfo Castelo, Bioy, Borges, el petiso Guinzburg, la Negra Sosa, Tomás Eloy, Sandro”; todo entre gritos de aprobación de la platea enamorada de su trovador.

“Es mi primer concierto a los 61 años -confesó con tono suave y cálido, para contar que el día anterior había sido su cumpleaños-. Es la misma canción, la misma cara de viejo, el mismo poema. Luego llega la hora de bajarse el telón y sentir que ha sido un lujo llegar de nuevo a Mendoza”.
 
¡Vaya, Joaquín; qué bien te sientan los años!: si sabes hacer el amor con canciones como pocos, ¡guapo! Patricia Slukich - pslukich@losandes.com.ar

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El Origen: Por fin en las salas mendocinas se puede disfrutar de la última película de Chistopher Nolan, protagonizada por Leonardo Di Caprio.