Maradona llamó por teléfono a Passarella para ponerse a su disposición por el caso del Burrito.
miércoles, 10 de febrero de 2010
Martes, apenas pasado el mediodía. Daniel Passarella atiende su celular y queda sorprendido. Gratamente sorprendido. Del otro lado, una voz conocida pero distante en las dos últimas décadas, lo saluda. “¿Qué hacés, Daniel? ¿Cómo andás?”.
Una voz con nombre y apellido: Diego Maradona. La larguísima historia de desencuentros entre los dos más grandes emblemas de la Selección tiene, por fin, un capítulo de sonrisas, de buena onda y de agradecimientos mutuos. Una cumbre por teléfono.
-¿Seguís sorprendido?
-La verdad es que fue un buen gesto de Diego y me puso muy contento. En los últimos tiempos los dos habíamos dicho, cada uno en diferentes oportunidades, que estábamos dispuestos a hablar y a reencontrarnos. Y se dio por esta iniciativa de Diego de llamarme para ponerse a mi disposición por el caso de Ariel (Ortega).
“No sé si yo lo quiero tanto como vos a Ariel, pero también lo quiero mucho. Y estoy dispuesto a colaborar, a hacer lo que necesites para tratar de ayudarlo”, me dijo Diego. Obviamente, se lo agradecí mucho. Después, seguimos hablando un rato.
-¿De la Selección?
-De todo un poco. Diego me dio las gracias porque antes del partido en Montevideo con Uruguay, aquel que terminó clasificando a la Selección para la Copa del Mundo, yo le había mandado mis buenos deseos a través de Julio Grondona.
-Vos y Maradona tenían una gran relación hasta el Mundial de México, cuando se rompió sin vueltas la amistad. ¿Desde esa época, hace veinticuatro años, no se hablaban?
-De hablar en serio, largamente, sí. Tuvimos algunos encuentros ocasionales, como en el 90, cuando nos vimos en Italia en una fiesta de La Gazzetta dello Sport y nos saludamos con un “hola, qué tal”, y nada más. De esa noche pasaron veinte años... Parece mentira.
En estos días, el presidente de River trabaja sin descanso para intentar hallar la mejor solución posible al serio problema de Ortega.
En medio de las reuniones con el técnico Astrada, Passarella ya habló con la madre del Burrito y con una de las hermanas para gestionar que la familia firme una autorización para que Ortega se someta a un tratamiento o a una internación para darle batalla a su adicción al alcohol.
Passarella todavía no logró esa firma, pero no baja los brazos: continúa, pacientemente, con su tarea de convencimiento.
“Es que si no se compromete algún familiar, nadie lo podrá hacer”, dicen en el club. River ya no puede hacer más de lo que hizo. El principal impedimento, claro está, es que Ortega no está decidido a tratarse ni, mucho menos, a internarse. El quiere volver a jugar, simplemente, aunque Astrada también ya dejó sentada su posición: si el Burrito no está en condiciones, no juega.
-En junio vence el contrato de Ortega. ¿Qué vas a hacer?
-Voy a tratar de seguir ayudándolo, como hice siempre. A intentar combatir su enfermedad. Nunca lo vamos a dejar en el camino. Después se verá lo del contrato.
Passarella, entre Maradona y Ortega. Un martes diferente. CC