Una nueva visión: la Defensa y la Seguridad frente a la Naturaleza

El autor de la nota hace referencia a la compra de armamento dispuesta por los distintos países y a las catástrofes naturales que requieren la asistencia de personal de las fuerzas armadas en rescates y protección de vidas y bienes.

Edición Impresa: viernes, 31 de diciembre de 2010
Una nueva visión: la Defensa y la Seguridad frente a la Naturaleza

Miguel Ángel Gutiérrez - alterfutures@hotmail.com

El fin de la Guerra Fría no trajo la paz al mundo y la mayoría de los países, a ambos lados de la oxidada cortina, ajustaron sus estrategias de defensa a nuevas amenazas globales propuestas por EEUU: criminalidad organizada, narcotráfico, terrorismo, armas de destrucción masiva y seguridad ambiental. Esta última priorizó la preservación de recursos naturales vitales, como los conocidos minerales estratégicos, desde el punto de vista del interés nacional de la potencia dominante.

Un reciente informe del Instituto Internacional para la Investigación sobre la Paz, referido a la transferencia de armas en el mundo refleja que no sólo no se han reducido, sino, por el contrario, muestran una aceleración de la carrera armamentista; las ventas de armas convencionales crecieron 22% en el período 2005-2009 respecto a 2000-2004.

Destaca el reporte que los aviones de combate suman el 27% del total de armas vendidas, creando una "preocupante carrera hacia el rearme", en particular en Oriente Medio, Norte de África, Suramérica y el Sureste Asiático.

En Suramérica, las transferencias de armas aumentaron 150% en el último quinquenio. Chile fue el principal comprador de armas de Suramérica, y número 13 en el mundo y países como Perú, Brasil y Venezuela anunciaron significativas adquisiciones de vehículos armados y tanques durante 2009.

Recientes trágicas catástrofes causadas por la naturaleza en la región, como los terremotos en Haití y Chile y los deslaves en Río de Janeiro, y otras ocasionadas por la industria, como el derrame de petróleo en el Golfo de México, muestran dramáticamente la necesidad de contar con fuerzas armadas y de seguridad que puedan ofrecer a la población en riesgo, capacidad de rescate, provisión de alimentos, agua, energía, comunicaciones y protección de vidas y bienes.

El actual equipamiento y el propio entrenamiento de estas fuerzas en la región no está, sino excepcionalmente, pensado para atender este tipo de requerimientos.

El poder militar tradicional se muestra en términos de recursos que sostienen la capacidad para luchar y de amenazar con luchar -soldados, tanques, aviones, barcos y demás, como los recientemente adquiridos o solicitados por Chile: 500 tanques Leopard, más de 50 aviones F-16, 5 helicópteros rusos Mig 173, 3 submarinos Scorpene con misiles mar-aire, 24 cañones pesados de largo alcance, radares de localización de artillería, vehículos de apoyo, seis puestos de mando blindados sobre orugas M577 A2, 18 transportes blindados de personal sobre orugas M113 A2, y 24 vehículos de transporte logístico sobre orugas M548 A1, o los 15.000 nuevos fusiles de asalto Heckler & Koch, todos ellos fueron totalmente inútiles para afrontar las consecuencias del terremoto que volvió a asolar su territorio.

A más de los denominados "conflictos de cuarta generación", sin campos de batalla ni enemigos claramente definidos, que se orientan al terrorismo, mafias y hasta simples individuos munidos de armas de destrucción masiva, otra clase de conflictos se verifican por la actuación de individuos o empresas incluso con implicancias globales.

Como el desastre ocasionado por la British Petroleum en el Golfo de México, que exigió el empleo inmediato de fuerzas y equipos militares, dispuestos por el presidente Obama, pero que a pesar de la tecnología, equipamiento y entrenamiento de estos, el daño ambiental tendrá una magnitud inmensurable, al punto que científicos estadounidenses detectaron gigantescos penachos de petróleo sumergido en el Golfo de México, el primero con 15 km de largo y 5 km de ancho y 100 metros de espesor, los que pueden proyectarse hasta las playas europeas del Atlántico.

Es preciso incorporar a la agenda de amenazas, a más del publicitado cambio climático y cuestiones de seguridad no tradicionales -incluyendo el medio ambiente, migraciones y el desarrollo social- que se han convertido en estándar de consideraciones en la planificación de la seguridad: las catástrofes naturales, tales como terremotos y maremotos, erupción volcánica, contaminación de fuentes de agua, desertificación, entre otras.

Como es bien reconocido, la seguridad del medio ambiente no puede ser abordada por una sola nación, las estrategias militares y la geopolítica se reconfiguran en torno a cuestiones complejas y en marcos multilaterales. La participación en las misiones de mantenimiento de la paz, o asistencia humanitaria de Naciones Unidas no constituye un adiestramiento ni proporciona un equipamiento adecuado de las fuerzas armadas y de seguridad intervinientes en relación con estos nuevos requerimientos, más allá de los hospitales de campaña y del abastecimiento alimentario.

Concretamente, es necesario que el planeamiento estratégico de los países de la región incorpore las amenazas "naturales" como un elemento a tener en consideración en los planes de equipamiento, entrenamiento y capacitación de las fuerzas armadas y seguridad de la región. Asimismo, la colaboración regional y global debiera conformar un requisito fundamental a tener en consideración.

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