Aída Kemelmajer de Carlucci: “Me fui con una Justicia tan lenta como la de hace 26 años”

Habló sobre la demora en nombrar su reemplazante e hizo un análisis sobre la problemática de los chicos infractores, descartando la baja en la edad de imputabilidad. También destacó que pese a leyes más duras, el delito no disminuyó.

Edición Impresa: lunes, 20 de diciembre de 2010
Aída Kemelmajer de Carlucci: “Me fui con una Justicia tan lenta como la de hace 26 años”

"Siempre he sostenido que uno de los grandes males de los argentinos es la corrupción y de ahí mi pregunta: a cuántas personas les importa que exista o no...”

Por Eduardo Luis Ayassa - eayassa@losandes.com.ar

Aída Kemelmajer de Carlucci fue la primera mujer que llegó y permaneció más de 25 años en la Suprema Corte de Justicia de Mendoza. Renunció hace siete meses al cargo que había asumido durante los primeros años del gobierno de Santiago Felipe Llaver y ese cargo sigue vacante.

Y fue la primera observación que hizo durante la entrevista con Los Andes, tomando las palabras de Lisandro de la Torre, cuando decía que "una de las maneras de violar la independencia judicial, era mantener los cargos vacantes durante mucho tiempo".

- ¿Y es lo que ha ocurrido acá?

- Acá y en el orden nacional o federal existe una importante cantidad de cargos vacantes. Y así no se puede trabajar, si los cargos están es porque son necesarios y si usted cree que no se necesitan saque o elimine los juzgados que están de más. Pero si hay una ley que dice tenemos tantos juzgados de Garantía y tantas fiscalías, esos cargos tienen que estar cubiertos. Y la Corte también.

- ¿Cuál es el balance que hace después de pasar más de un cuarto de siglo en la Corte mendocina?

- La Justicia en Mendoza en estos 26 años que yo lo integré cambió para bien y para mal. Logramos llevar la tecnología al Poder Judicial, como uno de los mayores logros. Pero también existe una deuda con la que me fui y es que, no obstante esa informatización y toda la tecnología puesta al servicio de la Justicia, me fui con una Justicia tan lenta como la que había cuando yo entré y este es, para mí, uno de los gravísimos problemas que hoy tenemos.

- ¿Sólo eso?

- No, también hay un segundo aspecto tan importante como negativo: es hoy una Justicia mucho más burocratizada que aquella cuando yo entré.

-¿Y la demora en la respuesta de la Justicia para la gente?

- Sí, y a esa gente le cuesta entender, mucho más que antes, porque está acostumbrada a una tecnología que aparece en la información y en diversos sectores y no pueden entender por qué la Justicia es tan lerda.
 
Antes había, tal vez, más tolerancia que ahora no hay, porque ve que hay otros campos en donde las cosas se desarrollan casi de manera vertiginosa, como ocurre con los medios gráficos o de información en general o en otros aspectos como la vida económica, como es el sistema bancario, entre otros.

- ¿Cómo califica la corrupción en nuestro país?

- Yo siempre he sostenido que uno de los grandes males que nos acoge a los argentinos es la corrupción. Por supuesto que la declinación de un país obedece a muchas causas y me refiero a grandes países y grandes imperios y de los países que no han ocupado esos lugares.

Pero recuerdo que una profesora de historia siempre decía que no había imperio que en algún momento cayese, era decía, como subir al Aconcagua, porque en algún momento hay que bajar. Y eso pasó con nuestro país.

La Argentina, nadie puede dudar que ha sido un país poderoso, y no me refiero a una posición económica a nivel internacional, sino que me refiero a posiciones culturales, educativas y de respeto internacional que hemos tenido, por el gran impacto que ha tenido la educación, la ciencia en la Argentina y que nos han posicionado en el mundo de una manera muy significativa.
 
Y eso hoy se ha perdido. No podemos ser tan necios de creer que hoy tenemos una educación extraordinaria o que sacamos científicos que ganan premios Nobel.

-¿Sería todo lo contrario?

- Exactamente. Por eso cuando uno se pregunta por las causas de esa decadencia, obviamente esta no obedece a una sola causa, sino que hay muchas. Pero la principal para mí es la corrupción y no sólo a nivel gobierno, sino en muchos aspectos de nuestra vida cotidiana y va más allá de las personas que no tienen cultura, educación o suficiente información, sino que se ve en todos los niveles.
 
De ahí mi pregunta es: a cuántas personas de la sociedad argentina les importa que exista o no exista corrupción y si, además, mide esa importancia respecto de cómo vota la gente; se llega a la conclusión de que, por lo menos cuando vota, a la gente esa corrupción no le interesa. No es un tema que decida nuestras conductas públicas.

- A pedido popular se impusieron penas más graves ¿sirvió?

- No. Fue muy malo. Esa legislación (impulsada tras la muerte de Axel Bloomberg) no ha disminuido en absoluto la delincuencia. Es decir, no hubo resultados como los queridos, o sea, bajar el delito; y eso no ocurrió, sino que por el contrario se incrementó y a nivel de sistema jurídico ha provocado un verdadero desastre.

- ¿Y bajar la edad de imputabilidad de los menores?

- Siempre estuve en contra de bajar la edad de la imputabilidad. Lo que he sostenido siempre es que no hay por qué esperar hasta los 16 años para intentar sacar a un chico de la carrera del delito. Antes de esa edad ese chico puede no estar sometido a verdaderas penas, pero sí a otro tipo de procedimientos en los que ese chico pueda concientizarse de que la conducta
cometida contraría la ética, el derecho, la moral, la posibilidad de vivir en paz en sociedad.

- ¿Cuál sería el remedio?

- Y a ese chico de 12 ó 13 años, que recién comienza su carrera delictiva, yo lo podría reubicar en programas donde se haga responsable de su propia conducta y es lo que nosotros, es decir toda la sociedad, debemos ir manejando. Porque a aquel que por primera vez le roba la cartera a una mujer en el supermercado, no lo podemos regresar a su casa. No sólo porque tenga 12 años sino porque tampoco sería conveniente; debería estar sometido a un programa.

Y ahí, lo primero que tengo que descubrir es para qué sirve ese niño. Puede ser útil en actividades deportivas o en manualidades, o para un montón de cosas en las que él puede comenzar a tener un desarrollo razonable que lo incorpore dentro de una sociedad más justa y equitativa.

- ¿Pero eso es posible?

- Este es un programa muy trabajoso y de largo aliento. Sería mucho más fácil bajar la edad de imputabilidad y decir: si los ingleses sancionan a los 10 años por qué nosotros no. Entonces le hago un juicio, lo mando a un instituto y me quedo tranquilo de conciencia. En cambio lo que estamos proponiendo es muy difícil y de largo alcance.
 
Pero la sociedad tiene que entender que el tema del menor infractor es un problema muy serio y que no es sólo de los jueces, ni de la policía, es un tema de toda la sociedad y mientras no lo entendamos no habrá soluciones.
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