Un mensaje para Cobos y Alfonsín

viernes, 26 de noviembre de 2010

Por Mario Fiore - Corresponsalía Buenos Aires

No se trata del lanzamiento de una candidatura presidencial. Si así fuera, el protagonista en cuestión transmitiría buenas noticias a los electores, le sacaría el cuerpo a los fracasos parlamentarios y se mostraría componedor con un oficialismo que tras la muerte de Néstor Kirchner siente que ganará el año que viene en primera vuelta.

Pero Ernesto Sanz, titular de la UCR, no viene haciendo nada de esto. Debió interceder entre alfonsinistas y cobistas en peleas “casi infantiles” por espacios de poder dentro del Congreso (y se comió la bronca de unos y otros) primero en la Cámara de Diputados y esta semana en el Senado.

Se vio obligado a explicar la falta de reflejo de su partido en la discusión del Presupuesto 2011 que terminó dejando al Gobierno nacional como víctima de una oposición mezquina. Tuvo que ponerle la cara a las derrotas en leyes clave como la reforma del Consejo de la Magistratura y la norma que regula el uso de los decretos de necesidad y urgencia.

Todo esto, mientras Ricardo Alfonsín miraba para otro lado y Julio Cobos confundía a propios y extraños anunciando que se tomaría unas vacaciones a la espera de un nuevo rapto de suerte.

En medio de la dura faena que implica ser presidente de un partido adicto a las internas, Sanz decidió desnudar que también a él le gustaría ser candidato a presidente, pese a ser el titular del partido (lo que lo obliga a la neutralidad), pese a ser el mentor de la candidatura de Alfonsín, pese a ser comprovinciano de Cobos y la interna nacional sumaría dos mendocinos.

Sus palabras no hay que leerlas literalmente. Tienen un objetivo hacia el interior del radicalismo donde hay muchos referentes que no terminan de enamorarse de un político sin demasiada experiencia como Alfonsín y de un ex gobernador que supo partir la UCR para irse
con los Kirchner.

Entre los hombres que piden a los gritos por “Sanz candidato” hay varios compañeros de bancada del sanrafaelino, como el formoseño Luis Peitcoff Naidenoff, el pampeano Juan Carlos Marino, el entrerriano Arturo Vera o el chubutense Mario Cimadevilla. Todos ellos jefes de la UCR en sus respectivas provincias y casi seguro candidatos a la gobernación.
 
El encolumnamiento que estos líderes provinciales tienen con Sanz es tal que pese a tener diferencias con el jujeño Gerardo Morales, votaron por ratificarlo en el cargo de presidente de la bancada de senadores. Ninguno quiso que Sanz, amigo y socio político de Morales, apareciera perdidoso en la batalla que el cobismo desató contra el jujeño.

Afuera de la UCR, en el establishment empresarial, muchas voces prefieren a Sanz como candidato porque Alfonsín casi no tiene roce con el mundo económico y porque creen que Cobos no podrá gobernar, si es electo, con un kirchnerismo furioso en su contra.

También en el socialismo y en el GEN de Margarita Stolbizer, aliados electorales de la UCR, están ansiosos. De ahí que el senador mendocino salió a apurar las definiciones, pidiendo que se resuelva todo en marzo y no en agosto.

Solicitar un apresuramiento de los tiempos atenta justamente contra su posible candidatura presidencial, dado que es de los tres nombres de la UCR el único que tiene alto desconocimiento en la ciudadanía.

Pero Sanz sabe que si bien tiene puesto el short de baño, la pileta no tiene agua para él y por eso sigue ejerciendo su rol de titular de un partido que aparece un tanto desconcertado. “Hay que darle dinámica al radicalismo”, se lo escucha decir en el Comité Nacional, preocupado. De allí sus amenazas a Alfonsín y Cobos. Al primero porque “sólo le habla a los radicales” y al segundo “porque está deprimido”.

En la cúpula de la UCR temen que si Ricardito y Cleto no reaccionan, el partido perderá la oportunidad de ser gobierno antes de ser derrotado por el oficialismo en las urnas, todo por culpa de una interna irracional e inexplicable.

Sanz casi no tiene más diálogo con Cobos, salvo por cuestiones institucionales en el Senado. El entorno del Vice lo considera un “verdugo” porque no sólo inventó a Alfonsín, sino que ordenó la tropa para derrotar al ex gobernador en todas las peleas internas. Los desencuentros se trasladaron a Mendoza, no podía ser de otra manera.
 
Hace varios meses que Cobos dio libertad de acción a sus dirigentes y hoy el precandidato a gobernador que a priori aparece como más poderoso, Alfredo Cornejo, articula nada menos que con Sanz. Contra ellos pelearán los ex socios de Cornejo, el resto de los cobistas como Juan Carlos Jaliff y Andrés Marín, unidos a los ex socios de Sanz, básicamente Roberto Iglesias y su tropa.

El trato con Alfonsín y los suyos es directo. Pero vienen teniendo problemas para entenderse.

Desde hace tiempo Sanz le pide a Ricardito que no sólo recorra los comités. Que articule propuestas, que intente enamorar a los innumerables sectores de la sociedad que hoy están atomizados y que antes constituían una homogénea clase media.
 
“Tengo que contener a los muchachos”, le dijo Sanz a muchos alfonsinistas que ayer fueron a pedirle explicaciones tras decir con todas las letras que por qué no podía llegar a ser el tercer hombre. Los cobistas, por supuesto, ni siquiera lo llamaron.
 
“Los muchachos” a los que aludió no son otros que los muchos dirigentes del partido que terminan el 2010 angustiados, que no saben si recluirse en sus provincias o directamente bajar los brazos. Porque todos saben que no hay mucho tiempo para hacer terapia si lo que realmente se pretende es gobernar el país.

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