Antes el trastorno del sueño era un problema de los mayores de 50 años, pero ahora también afecta a niños y jóvenes. (Web)
Después de un día agitado, llegar a descansar es una meta ineludible. El sueño llega. Pero es suficiente con acostarse para que desaparezca. El paso siguiente es dar vueltas una y otra vez para que finalmente los ojos queden abiertos. Las horas continúan marchando y el "sueño reparador" nunca llegó. El despertador sonó y otra vez hay que volver a empezar. Fin de la historia.
El detalle es que al concluir el siguiente día, la saga muestra un nuevo capítulo. El insomnio es un motivo de consulta frecuente y puede presentarse en "estado puro" o ser un síntoma de otra patología. Lo cierto es que en las grandes ciudades, 40 por ciento de la población tiene insomnio.
Hay que diferenciar el trastorno del sueño que llega por las características del estilo de vida (mucho trabajo, responsabilidades, etc) del que se manifiesta como síntoma de otra afección.
"En las grandes ciudades, el insomnio está muy generalizado y Mendoza no es una excepción. Hay un 40 por ciento de la población que lo padece. Es un síntoma más de las relaciones interurbanas posmodernas; influye negativamente tomar mucho café y gaseosas con cafeína", analizó el psiquiatra Juan Carlos Bacha.
Al comenzar a transitar el último mes y medio del año, este tema adquiere relevancia porque el estrés y el ritmo de vida típicos de esta época del año, las condiciones ambientales, la ansiedad y la mala alimentación son las principales causas que hicieron del insomnio un síntoma crónico y social.
Es más, los médicos especializados en este tema señalaron que antes el trastorno del sueño era un problema de las personas mayores de 50 años, pero ahora también afecta a niños y jóvenes.
"Lo que es nuevo es la magnitud del problema y las circunstancias en las que se manifiesta en los más chicos. Hace décadas se consideraba algo habitual en el crecimiento, una problemática normal no poder dormir. Hoy se sabe que no es así, que es un problema específico y hay que tratarlo", argumentó Fernando Taragano, neuropsiquiatra, gerontólogo e investigador principal del Instituto Cemic, en Buenos Aires.
En niños y jóvenes -graficó el médico- existen muchos disparadores psicosociales del insomnio, tales como separación de los padres u otro tipo de problemas familiares. "Vemos en los chicos casos de mucha angustia y esto trae trastornos del sueño; en ocasiones, el problema se vuelve crónico, necesita tratamiento específico", enfatizó.
Crece con la edad
Según explicó el médico clínico Carlos López Vernengo, a medida de que las personas son más grandes se presentan más trastornos del sueño. "Después de los 45 ó 50 años es una consulta frecuente. Hay que estudiar cada caso en particular antes de indicar cualquier tipo de tratamiento", indicó.
El insomnio puede definirse como la dificultad para conciliar el sueño desde el inicio o -señaló López Vernengo- cuando se interrumpe durante la noche. "Muchas veces el paciente siente que el corazón se acelera, comienza a dar muchas vueltas en la cama, todo esto puede mostrar un cuadro de ansiedad. También el insomnio suele ser un síntoma de los trastornos depresivos", aclaró.
Otra característica de esta afección es mostrar un contexto emocional perturbado, muchas veces producido por las complejas relaciones interurbanas, por ejemplo, las laborales.
El insomnio tradicional hace que la persona demore más de 20 minutos para dormirse y genera dificultades para concentrarse, problemas de memoria, aumenta el riesgo de contraer enfermedades, aumenta la ansiedad, el mal humor y las adicciones. La automedicación, en lugar de ayudar, suma otro problema.
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