Pablo Minatelli, gerente de viñedos de Norton, habló en el encuentro de coyuntura Escenarios 2011 organizado por Área del Vino y con FINCAS sobre la posible saturación del Malbec y la falta de atención de otras variedades. Además, destaca que a pesar de que las bodegas han realizado todos los esfuerzos en bodega, debe empezar a trabajarse aún más en viñedos logrando así una mejor calidad de la uva.
- ¿A qué se debe la falta de uva para el segmento de mayor movilidad “Popular Premium”?
Existe -consiente o inconsciente- el efecto “AA”, como lo definen en el manual de calidad de uva. Este efecto está motivado por un precio de uva aparentemente más alto para aquellas que irían a vinos caros. Es una reacción natural cuando uno piensa en maximizar los ingresos.
Siguiendo los consejos de Laura Alturria, lo que tenemos que maximizar es la rentabilidad de cada parcela e integrarla a la cadena. Esta maximización viene únicamente de la aplicación del concepto de eficiencia productiva.
Y este es el gran aporte del manual de calidad de uva: la calidad orientada a un segmento se construye desde el sitio pero con un manejo técnico sobre el equilibrio vegetativo reproductivo de las plantas y utilizando los recursos necesarios para ello. Cantidad y costo son las únicas variables que el productor puede y debe manejar.
Si bien los índices propuestos en el scoring del viñedo son sencillos, lo que es complicado es medir a campo las variables necesarias para calcular esos índices y posteriormente, orientar los manejos para corregir los desvíos (me refiero que si tenemos relaciones hoja/fruta que muestran un exceso de vigor, no es válido despampanar para ajustar al número. Lo correcto sería controlar el desarrollo del brote desde el riego y la fertilización.
-¿Argentina está adecuadamente equipada en relación a la logística de cosecha?
La logística de cosecha es una gran deuda de la industria. Hoy, tenemos mucho trabajo hecho en los viñedos para lograr la calidad de uva y hay además mucho trabajo realizado en las bodegas en técnicas de elaboración en la misma línea.
Sin embargo, el nexo entre la uva y el vino -representado por la cosecha- no está bien resuelto.
Hay fallas desde las dos puntas: poca previsión para atender a la cosecha en su globalidad en las fincas (cosechadores, camiones, falta de control y exigencias a las empresas que prestan el servicio de cosecha mecánica, poca adaptación de los sistemas de conducción para recibir las máquinas) tanto como en las bodegas: poca infraestructura para recibir cosechas mecanizadas, reducido número de envases (bines/cajas), poca capacidad de molienda/prensado -uvas blancas/fermentación.
Es que muchos de estos procesos se piensan con un concepto de eficiencia contable: mientras más volumen hagamos pasar por cada uno de estos procesos, el costo es obviamente menor. Al igual que lo anterior, en este razonamiento está ausente el concepto de calidad: de nada sirve la eficiencia contable si no logramos luego el producto que necesitamos.
En estos puntos siempre hay un choque evidente entre la necesidad técnica y el costo del dinero -por cierto muy alto-. Es necesario avanzar en esquemas que nos permitan conciliar estas posturas aparentemente antagónicas. Y en la solución, deberán participar las bodegas y los productores.
-¿Qué pasa si avanzamos exclusivamente con el Malbec?
En mi opinión, Argentina debe instalar el concepto de que no somos solo Malbec. Este comentario no viene solo por la idea que circunda de que el Malbec es una moda, concepto que realmente no creo. Si somos capaces de utilizar al Malbec como colocador de otros vinos creo que avanzaremos en dos conceptos que para mi son claves en los negocios: agrandar la torta y mejorar la eficiencia.
Argentina tiene un rótulo: relación calidad-precio y debemos explotarlo. El Malbec no se puede comparar con el Carmenere o con el Pinotage. Es una variedad que tiene identidad de calidad y precio. Y como el Malbec, hay otras variedades con los mismos atributos. Es nuestro desafío avanzar en esa dirección.
-¿Qué es lo que debería hacer Argentina en cuanto a la implantación de otras variedades?
Argentina tiene hoy un espectro varietal muy rico y amplio. Así como lo hicimos con el Malbec, hay que trabajar en potenciar lo que ya tenemos. Es un camino más corto que pensar en variedades que no tenemos y para las cuales lograr volumen llevará mucho tiempo.
Creo sinceramente que nuestro país vitivinícola tiene muchas ventajas en posicionarse como multivarietal con estilo propio. Si hay muchos que comparten esta visión, solo resta trabajar para lograrlo.
-¿Algún momento faltará Malbec ante la alta demanda?
En general, nos gusta mucho mirar las fotos. Me parece que los datos de proyección hacia delante dan un escenario. Sólo eso. Depende de nosotros que esos escenarios se hagan realidad. Hace 20 años soñamos con un Malbec de estilo internacional y logramos posicionarlo. Que el escenario proyectado de falta de Malbec sea una realidad o no sólo depende de las acciones que empecemos a tomar.
-¿Los viñedos están siendo afectados por la Lobesia Botrana?
Las bodegas son muy concientes. De hecho, hay una comisión de Bodegas de Argentina que sigue este tema con la seriedad que se merece. Lo que no se ha logrado hasta ahora es que todas las instituciones que están trabajando en este problema lo hagan en forma coordinada.
Si se avanza en una coordinación técnica, de investigación,lograremos sin duda resultados más efectivos en menores plazos y paradójicamente, más baratos para la industria. En este sentido, el trabajo realizado en la obtención de los parámetros objetivos de calidad de uva es un ejemplo de coordinación que debería imitarse para este caso.
-¿Cómo se puede combatir esta plaga?
En primer lugar, hay que evitar difundir un mensaje de terror. El miedo paraliza. En segundo lugar, es necesario difundir mejor el verdadero estado de situación: hay una red de trampeo, pero no está suficientemente integrada y los resultados de esta red no están suficientemente disponibles.
En tercer lugar hay que trabajar en educar al productor vitícola, ya que no conoce de estrategias de monitoreo de plagas (como si lo hacen los frutícolas). Finalmente, apelar a la respuesta inmediata de control químico creo que es insuficiente y peligrosa. La eficiencia de los tratamientos no pasa sólo por aplicar una determinada droga.
Es necesario que la aplicación sea eficiente (hablamos de una concentración del principio activo suficiente para provocar el efecto letal en el lugar donde se encuentre el gusano): la calibración de los equipos de pulverización es una condición necesaria pero no suficiente para esta tarea.
Las estimaciones son dispares y los efectos no se podrán observar en su totalidad hasta el cuaje de los racimos. A simple vista en algunas zonas, los daños son cuantiosos y generan dudas sobre el futuro de la producción.
Costos crecientes, precios quietos y atraso cambiario complicarán a los exportadores. En el mercado interno, impactan las prácticas de competencia desleal.