¿Qué es la Economía Social? (la otra economía)

Una apasionante defensa de la economía solidaria, no sólo para compensar lo que no provee per se el mercado sino, también, para construir una nueva ética social.

Edición Impresa: jueves, 14 de octubre de 2010
¿Qué es la Economía Social? (la otra economía)

Por Roberto D. Roitman - Director Centro de Estudios de Economía Social - (CEES). Facultad de Ciencias Políticas y Sociales.

Por supuesto que toda economía es social y que toda sociedad tiene su manera de organizar la obtención y distribución de bienes para la provisión de sus necesidades

Ahora bien, toda economía es social pero el mercado no crea sociedad. Desde el nacimiento de la moderna economía se la denominó economía política (Smith, Ricardo, entre otros), pensando que la política reglaba las relaciones de los hombres conviviendo en una sociedad y la economía era una parte de la misma.

Pero con el transcurso del tiempo se fue escamoteando la obvia incrustación del mercado en una sociedad y se nos trató de formar en la idea de que las relaciones de competencia y no las de colaboración, eran las "normales" y "permanentes" entre los seres humanos, priorizando objetivos individuales sobre los colectivos, lógica que se trasladó a la esfera pública.

Eso fue lo que se llamó "el pensamiento único". Por eso, cuando se producía una crisis -como la del otoño boreal de 2008- se la llamaba "catástrofe" o "tsunami", para que creyéramos que eran "naturales", no producto de la acción de los seres humanos.

Tres subsistemas que conviven

En nuestro país, como en casi todo el mundo, coexisten tres subsistemas en la provisión y distribución de bienes o servicios: el Mercado, el Estado y el de la Economía Social. Estos tienen tres lógicas diferentes. En el subsistema orientado por el mercado la lógica que prevalece es la del afán de lucro y la acumulación de capital. En el estatal, la lógica es la construcción de legitimidad y el incremento del poder político.

En el sector de la economía social lo que se propone es asegurar el nivel y calidad de vida ampliada para sus miembros. Si bien los tres subsistemas coexisten en el espacio y en el tiempo y tienen fluidas relaciones entre ellos, la dinámica de cada uno es totalmente diferente.

El vigoroso resurgimiento de la economía social en la agenda pública no sólo es reflejo de la falta de respuestas para toda la sociedad de los otros dos subsistemas sino de su crecimiento real y teórico verificado. Por ende, es imprescindible una legislación que contemple las nuevas situaciones que la sociedad ha desarrollado.

El Siglo XXI se caracteriza, además, por una separación entre la producción y la generación de empleo. Esto es: con la masiva incorporación de la informática, la biotecnología y las telecomunicaciones a los procesos de producción y distribución de bienes y servicios, hoy se produce más con menos gente.

Dicho de otra forma, el crecimiento del Producto Bruto Interno no garantiza la generación de empleo suficiente para la cantidad de personas que intentan incorporarse al sistema. De ahí que esa vieja cuestión de que una cosa es el empleo y otra es el trabajo, se hace más visible y relevante, demandando nuevas respuestas e instituciones.

La aparición de numerosas formas de "ganarse la vida" nos invade y, con ella, la necesidad de recuperar un destino colectivo. O sea: los proyectos individuales de miles de pequeños emprendedores logran un nuevo sentido (y mayor eficiencia) si son ensamblados de manera asociativa. Éste es también el rol de la Economía Social.

A los tradicionales esquemas de prever el futuro (jubilaciones, pensiones, mutualismo de salud, seguros de invalidez, sepelio, etc.) frente a los cuales surgieron las mutuales y formas cooperativas de enfrentar el consumo, la producción, el empleo, la vivienda, el crédito, etc., se le suman estos "nuevos" desafíos que tienen que ver con el asociativismo, el microcrédito, el voluntariado, la economía de los cuidados, los clubes de trueque, el comercio justo, la moneda social, por mencionar algunos, del universo de soluciones de las que hacen a que los hombres seamos parte del mismo proyecto colectivo. O sea: una patria, una sociedad que nos contenga a todos.

La economía social es mucho más que la nave insignia de las cooperativas y mutuales, ponderando adecuadamente el importante rol que instituciones de esta naturaleza cumplen en el tejido económico y social de nuestro país y de nuestra provincia. Véase si no, sólo como ejemplo, el rol de las cooperativas de servicios de agua potable y saneamiento en el mapa provincial.

Algunos estudiosos recomiendan que para caracterizar a una institución como integrante del sector de la Economía Social, se debe atender al cumplimiento o no de los objetivos declarados para su constitución, así como a la vigencia efectiva en su seno de relaciones democráticas y participativas, mucho más que a las formalidades jurídicas, o sea su declamado propósito. Esto es porque a veces encontramos entidades que bajo formas de economía social, disfrazan otro tipo de relaciones.

Por lo menos, esto es lo que pensamos los que nos alineamos en que la regla para no equivocarse es que el capital debe estar al servicio de la economía y la economía debe estar al servicio del hombre.
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