Desconsuelo. El llanto y las rosas fueron postales que se repitieron en los 31 kilómetros que recorrió la caravana.
Fue una larga despedida, cargada de dolor y recuerdos. Los restos de Sandro ya descansan en el lugar que eligió su familia, un memorial ubicado en Longchamps. Pero antes unas 100.000 personas siguieron al cortejo fúnebre hasta la última morada. Ayer hubo lágrimas, cantos y una lluvia de rosas durante todo el recorrido.
La única parada del féretro fue en la casona de Banfield donde vivió Roberto Sánchez hasta internarse en Mendoza, donde falleció. Allí el minuto de silencio fue un momento ruidoso, un grito de euforia de parte de “las nenas” que levantaron un santuario con cartas, flores, fotos y rosarios.
Ayer las 12, cuando Olga Garaventa decidió que ya era hora de partir rumbo al cementerio privado Gloriam, los admiradores que no pudieron ingresar a la capilla ardiente irrumpieron en aplausos y arrojaron las últimas rosas rojas dedicadas al ídolo. En ese momento, un centenar de personas ya se apostaba sobre la calle Combate de los Pozos, detrás del Congreso de la Nación, a esperar la caravana. Y las esquinas se llenaros de lágrimas y abrazos.
Escoltado por los Bomberos Voluntarios de Lomas de Zamora, entidad a la que Sandro ayudó mientras vivía, las sirenas anunciaron la partida.
Detrás, en uno de los autos fúnebres, Olga y su hija seguían bien de cerca al féretro. Familiares y amigos íntimos fueron en los otros siete coches, que cargaban sobre sí algunas de las cien coronas que rodearon desde el martes hasta el mediodía de ayer el salón de los Pasos Perdidos donde fue velado. Según estimaciones de los organizadores, casi 50.000 personas se acercaron a despedir a Sandro.
A las 13.40 los medios ya habían anunciado el recorrido del cortejo fúnebre: en total los restos de Roberto Sánchez pasaron por trece barrios del sur del conurbano bonaerense.
Así, la caravana salió de la Ciudad rumbo a Almirante Brown y pasó por Avellaneda, Lanús y Lomas de Zamora. En la estela que dejaba la caravana, “las nenas” se mezclaron con los camiones que se colaban en las avenidas para saludar a Sandro. En la esquina de Hipólito Yrigoyen y Brasil, pleno centro de Lanús, Beatriz e Irma se hundían en un abrazo profundo. “Era un hombre con todas las letras, un caballero que siempre cuidó a sus admiradoras”, dice Beatriz entre angustiada y feliz “porque Sandro ya no sufre más”.
Custodiando el cortejo -que llegó a ocupar trece cuadras- un helicóptero zumbaba en el cielo. Después del diluvio de la noche, la gente se asomó a los balcones para llorar al cantante o salió de los comercios para arrojarle una flor.
“Sos un Rey y te vas como los Reyes”, rezaba el cartel de Carolina, una joven de no más de 20 años que esperaba el paso del coche en un bulevar de la avenida Yrigoyen, en Lanús. De fondo, las voces de los que se convocaron para el último adiós se confundían en el desorden de las canciones. Todo el cancionero de Roberto se habrá cantado ayer.
En medio de un gran operativo de seguridad, cerca de 5.000 personas recibieron el féretro en Gloriam. Para dar el paso, la gente formó un pasillo humano que dejaba unos dos metros libres en medio.
Expectantes, se tranquilizaban unos a otros. Pero cuando asomó el frente de la autobomba se repitió la misma la escena que en los 31 kilómetros: en los vidrios polarizados de los coches fúnebres habrá quedado la huella de cada mano que se posó para acariciar a Sandro. Por última vez.
Al mediodía habían decidido liberar la circulación de particulares y colectivos en Uspallata. Pero un grupo resolvió hacer bloqueos intermitentes cada 15 minutos.
Los especialistas dicen que enero será muy húmedo. Hoy y mañana, temperatura agradable.