Nunca acaba de pisar el último cigarrillo que encenderá en su vida. Lo aplasta con el pie izquierdo, suelta una bocanada larga y se jura: "Ni un pucho más, que por la adicción se nos fue el Gitano".
Entonces una lágrima le acalambra el rostro y con la mano temblorosa sostiene la foto y la rosa, una más que formará la montaña roja al pie del cajón del ídolo. La mujer caminará los quince metros que la separan de la calle hasta la capilla ardiente y cerca del cuerpo de Roberto susurrará: "Te voy a extrañar, hasta siempre mi amor".
Ayer, mientras en Buenos Aires se clavaba el sol durante el día y a la noche caía un gran diluvio, 40 mil personas despidieron a Sandro en el salón de los Pasos Perdidos, según estimaciones de la seguridad del Congreso de la Nación. Hoy a las 14, escoltado por los Bomberos de Banfield sepultarán sus restos en Gloriam, un cementerio privado de Adrogué.
Pese a los 35 grados de sensación térmica que hizo durante gran parte del día, "las nenas" no se rindieron. Tampoco los hombres y los jóvenes que le dieron forma a las nueve cuadras de cola. Todos, nerviosos y emocionados, cumplieron con el ritual de la rosa roja para despedir al Rey de América.
Por las altas temperaturas, las puertas del salón se abrieron a las 13, una hora antes de lo previsto. A esa hora, la fila de gente llegaba hasta la avenida Corrientes y en cada vereda se escuchaban las anécdotas que retratan a Sandro. "Su música, su sentimiento, su alegría, la pinta... no va a haber otro igual", avisa Mari Virgan, una admiradora.
Teresa, Cristina y Dora, vecinas del sur del conurbano, pasaron 20 horas sin dormir. Apenas se enteraron de la peor noticia pasaron por Banfield y de ahí, al Congreso. Fueron las primeras en llegar: "No queremos que esto se termine con el velatorio y el entierro. Mientras estemos vivas, cada 19 de agosto, para su cumpleaños, vamos a celebrar en la puerta de su casa".
En el recinto donde descansarán hasta hoy los restos de Sandro, un hombre recibió cada una de las cartas, rosarios, posters y fotos que los fans le dejaron. La fila avanzó rápido y en silencio durante todo el día y nadie pudo detenerse más de un segundo frente al cajón.
Cerca de las 18, apareció Olga Garaventa, la mujer que lo acompañó desde abril de 2005. Sentada en una silla junto al féretro, de vez en cuando levantaba la vista y agradecía con una sonrisa el gesto de los admiradores. Trascendió que antes, cuando abrieron el cajón, Olga le dio tres besos en la frente a su marido y pidió que "dejen entrar a la gente que se muere de calor".
Después de las 20, diluvió sobre la ciudad. Sin embargo todavía había nueve cuadras de cola: la gente que salía de su trabajo decidió pasar a despedir al ídolo. Y otra vez en cada vereda reflotaban el recuerdo del Gitano en vida. "Lo amé, lo amo y lo amaré toda la vida", avisa Juana Torres.
Más atrás en la fila Jacinta Eogavil Vega, de Perú, contó que la enamoraron sus canciones: "En mi país Sandro es un rey y lo seguirá siendo porque ya es una leyenda". Primero llegaron las coronas y después los famosos. De perfil bajo e ingresando por la misma puerta que los admiradores, políticos y artistas dieron el presente.
"Lo vi con paz en el rostro. Sandro fue un amigo entrañable, el dolor que queda es saber que con esta enfermedad él ha sufrido muchísimo", aseguró el locutor y animador Cacho Fontana luego de abandonar la capilla ardiente. Justo ahí, donde el perfume de las flores del día eleva la figura de Roberto Sánchez. Sandro, el hombre de Valentín Alsina, caballero, seductor y arrabalero, hecho mito.
Velatorio reservado
Austera, y reservada para el último encuentro del ídolo con su público, la capilla ardiente que se armó en el salón de los Pasos Perdidos del Congreso Nacional para velar los restos de Sandro fue el fiel reflejo del respeto por la privacidad que caracterizó a la vida íntima del cantante. Sus familiares lo despidieron por la mañana en una casa de sepelios ubicada en el barrio porteño de Belgrano y luego, cuando el cuerpo fue trasladado al Palacio Legislativo, dieron la rigurosa indicación de prohibir el ingreso de cámaras fotográficas y de televisión en el recinto.
Así, el incansable desfile de admiradores ante el féretro ubicado en el centro del salón, y rodeado de coronas y ramos de flores, se convirtió en un acto de despedida privado, en el estricto sentido de la palabra: para saber lo que allí ocurría era necesario asistir y aguardar el turno en la larguísima fila que rodeaba al Congreso, aunque más no fuera para contentarse con verlo apenas unos segundos por última vez.
Tal vez esa preocupación por lo íntimo hizo que la visita de las figuras del ambiente artístico que se preveía numerosa, pasara casi desapercibida. Las personalidades optaron por estar presentes a través de los arreglos florales: desde Diego Maradona, hasta el Club Atlético Banfield, pasando por el bailarín Julio Bocca, la Asociación Argentina de Actores, el "Gobierno y el pueblo de Mendoza", la Secretaría de Cultura de la Nación, el diario Crónica, las productoras Universal Music, Sony y Warner Music y los cantantes Alejandro Sanz y María Martha Serra Lima, entre muchísimos otros, enviaron ofrendas para despedir al ídolo popular. CC - Corresponsalía Buenos Aires
El cuerpo del "Gitano" ya descansa en el cementerio de Longchamps, en el conurbano bonaerense. Una incalculable cantidad de seguidores le dieron el último adiós en el Congreso y en el cortejo fúnebre.
Se trata de un turista mendocino que volvía de La Rioja. Por el intenso calor sufrió un infarto.