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Por qué Federer es el más campeón de todos

El suizo, tras ganar su cuarto Abierto de Australia y su 16° Grand Slam, ratifica que es un tenista excepcional.

domingo, 31 de enero de 2010El ceremonial de Melbourne Park a la hora de proclamar un ganador del Abierto de Australia incluye un trofeo no apto para cualquiera, un wombat de peluche (parecido al koala), un cheque de 1.850.000 dólares y una variada sesión fotográfica.

La toma más espectacular es cuando el vencedor, trofeo en mano, se aproxima al logo de Melbourne pintado en el piso. Allí, justo donde indica el protocolo, debe mirar hacia arriba para que lo tome una cámara desde el techo del Rod Laver Arena. Roger Federer, el campeón más campeón de todos, apareció ahí multiplicado por cuatro sobre el piso azul.

Es el efecto de las luces, claro, aunque es el pensamiento generalizado: el suizo de 28 años y 16 Grand Slams vale por él y por esas cuatro sombras que se reflejan sobre la carpeta azulada de plexicushion.

Se hubiesen necesitado al menos cinco Andy Murrays para vencerlo. El escocés, solito y solo de cuerpo presente, nada pudo hacer. Federer jugó normal (es decir, magistral) y Murray tampoco salió de su normalidad: para ganarle hubiese tenido que jugar el partido de su vida.

Y no lo jugó... En dos horas y 41 minutos, el Rolex suizo se consagró con 6-3, 6-4 y 7-6 (13/11).

Tan pipón está de títulos el número 1 del mundo que, al terminar ese largo tie break en el que Murray despilfarró cinco set points, no se tiró al suelo cuando un drive suyo terminó con su rival dejándola en la red. En su tercer match point, lo aprovechó. Pero ni lloró ni, mucho menos, imitó a Jim Courier en el 92 y 93 arrojándose vestido a las infectadas aguas del río Yarra. Apenas levantó sus brazos...

Claro, como tiene Grand Slams de todos los colores (4° aquí en Australia, 16 en total), ya no sabe con qué salpimentar sus estadísticas personales: “Es mi primer Grand Slam desde que soy padre. Ojalá que las mellizas puedan estar el año que viene en el palco”, dijo Federer, ante el aplauso de todo el estadio.

Murray, que llegaba fresco tras haber cedido un solo set en el torneo, comenzó con una estrategia notoria: jugarle alto y profundo al revés del suizo, pero no le dio mucho resultado. Igual, el británico dispuso de tres puntos de quiebre en el quinto game del set inicial. Pero Federer metió dos aces seguidos y luego mantuvo su saque. En 43 minutos, el primer set fue suyo.

Al siguiente, el campeón lo quebró en el tercero y más tarde, con un golpe de nocaut, en el segundo set point a favor, cerró el parcial en 46 minutos para estirarlo a 2-0.

Perdido por perdido y con el histérico apoyo de su madre en la tribuna, Murray optó por abrir la cancha, moverlo e ir más por el drive a ver si Federer mostraba algún altibajo.

El suizo mostraba poco la hilacha. En ese tramo de la final, por momentos se pareció a un duelo de payadores donde el que más seguido se quedaba sin versos era Murray. Por eso, cuando Federer recurría a ese revés cambiante e imprevisible, hasta golpeaba su raqueta contra el piso...

Con Federer no tan preciso y con la zapatilla derecha de Murray rota, hubo tie break. El británico desperdició cinco oportunidades para ganar el set y Federer, al tercer match point, cantó victoria con 11 aces (contra 10 de Murray), 46 winners (29) 42 errores no forzados (36), 116 puntos ganados (100) y 4 breaks de 12 (2 de 8 de Murray).

Un Murray que, en su segunda final de Grand Slam (las dos contra Federer) no logró romper la maldición británica que data desde 1936, cuando Fred Perry ganó en Estados Unidos.
Federer, que había caído acá en 2009 ante Nadal, volvió a reconquistar Australia. Al mejor cazador se le pueden escapar dos liebres; al mejor tenista de todos los tiempos, no... CC

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OPINION
Lo quiero en mi equipo
Por Miguel Bossio (CC)

No lo es porque nació lejos, en Basilea. Pero se parece mucho a aquel amigo del barrio que no te falla. Ese al que invitás a jugar cualquier deporte y va. Y juega. Y se destaca. Al que elegirías primero en los picados.
Roger no es de usar el cuchillo de Simeone entre los dientes: él juega con la computadora de Anatoli Karpov en la cabeza. Así es que lo abre y lo abre a Murray sobre la derecha y, con la paciencia de un ajedrecista, la juega sobre la izquierda. El escocés no llega ni con las piernas de Usain Bolt...
Por momentos, Murray intenta atropellarlo con la fuerza de los All Blacks. Pero Roger sale del brete con un drive cruzado milimétrico para ponerse 0-40 y luego quebrarlo en el tercer game del segundo set.
Es Fernando Alonso cuando, en vez de pilotearla, acelera y pasa por el lugar menos esperado, como en el octavo game del segundo set: lo deja en cero para ponerse 5-3.
Cómo no vas a invitarlo a jugar a Roger, entonces, si para que Murray no se le escape en el tercero lo bailotea de lado a lado con la plasticidad de piernas de Ray Sugar Leonard y, al momento del golpe final, va a la red y le pega con el puño de Tyson.
Hace goles y golazos, por más que todos valgan un punto. Mete dobles y triples. Combina la mente fría de Kaká con el corazón caliente de Ginóbili. Por eso tira un drop que, al ser respondido por Murray con un globo, define el punto con un smash de espaldas. Seguro que vio en Youtube la famosa chilena de Francescoli...
En el barrio lo cargarían por llamarse Rogelio. Pero, al nacer para jugar y vivir para ganar, ¡cómo no lo vas a querer siempre en tu equipo!

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