Cruce de los Andes: un hito crucial

Desde el análisis de una historiadora mendocina, el cruce del Ejército liderado por José de San Martín significó además una guerra que involucró no sólo las fuerzas militares, sino también toda una logística destinada a confundir al enemigo.

domingo, 31 de enero de 2010

Zulema Usach

Liberar de la corona española a los pueblos de América Latina fue para José de SanMartín y todos cuantos apoyaron sus ideas, un desafío que no sólo se limitó a cruzar la Cordillera de los Andes para enfrentar distintas batallas. Lejos de todo reduccionismo, su proyecto implicó un proceso de cambios políticos y sociales que se tradujeron luego en el bastión clave para sentar las bases de una república nueva e independiente.

Hoy, cuando el país conmemora el Bicentenario de la Revolución de Mayo y un grupo de soldados se encuentra emulando el cruce hacia Chile -que el 17 de febrero de 1817 culminó con la victoria de Chacabuco- una mirada al pasado muestra que la construcción de la soberanía tuvo un trasfondo complejo que implicó una gran fortaleza y convicción de los revolucionarios de la época, que lucharon contra la monarquía española liderada por Fernando VII.

Pero además fueron campesinos, esclavos y representantes de pueblos originarios quienes cumplieron un rol clave para concretar el plan liberador.

"El Cruce de los Andes se inscribe en un proceso político de decisiva importancia para la historia de América Latina. Se trata de una empresa militar y política decidida a reconquistar el bastión chileno a la causa de la América libre", explicó Beatriz Bragoni, investigadora del Conicet y profesora de Historia de la Facultad de Derecho de la UNCuyo.

Desde el análisis de la historiadora, quien además es autora del libro "San Martín: del soldado del Rey a Héroe de la Nación" -producción que será lanzada en los próximos días por la editorial Sudamericana- este hecho toma sentido frente a los sucesos ocurridos en octubre de 1814, cuando el Virrey de Lima (capital de Perú) envía expedicionarios al sur de Chile con el fin de mantener entre las poblaciones una opinión favorable sobre la monarquía y en detrimento de los grupos patriotas que por entonces habían logrado conquistar el bastión de dos provincias trasandinas: Santiago y Coquimbo. En tanto, en Concepción las opiniones estaban divididas entre patriotas y realistas.

Así, del otro lado de la cordillera surgieron dos partidos rivales en la conducción de la revolución en Chile, Miguel Carrera por un lado y Bernardo de O'Higgins por el otro. De este modo, el desafío militar fue aún más complejo: "Si uno mira el mapa de América del Sur en 1814 advierte un panorama muy contrario a la causa de la independencia porque hacia ese año, no solamente Fernando VII había sido restablecido en el trono, sino que había demolido lo que muchos liberales habían creído que se podía modernizar", continuó Bragoni.

Enfrentar esa situación no fue para nada sencillo: fueron más de cuatro mil hombres de combate y otros 1.200 quienes acompañaron las milicias para trasladar armamentos y alimentos. A la travesía por el Paso de los Patos y el Paso de Uspallata (dos de los principales recorridos) se sumaron arrieros y operarios capaces de indicar los caminos más óptimos.

A diferencia de lo que se cree, los soldados que conformaron el Ejército de los Andes que se gestó en Mendoza, estuvo integrado por soldados de distintas provincias, pero también se agregaron a la lucha esclavos, que gracias a su participación en el regimiento lograban no sólo su libertad, sino también un sueldo. Sin embargo, se calcula que la tercera parte de la población cuyana negra que fue reclutada (cerca de 300 esclavos) murieron en la travesía.

Por otra parte, la lucha estuvo acompañada de "pactos sociales". Ejemplo de ello fue la participación de los Pehuenches y las alianzas con caciques logradas mediante el apoyo de comandantes de frontera para lograr despistar al enemigo en tierras chilenas.
 
"Fue toda una maquinaria guerrera que estuvo puesta en marcha e implicó una red de espionaje y movilización de guerrillas del otro lado de la cordillera con el efecto de agitar y ganar los corazones y las voluntades de las poblaciones rurales", puntualizó Bragoni.

Claro, que la difusión de las ideas sanmartinianas estuvo acompañada de una promesa de libertad y de no saqueo. En este sentido, la historiadora agregó que "se trató de una guerra de recursos en la medida en que las poblaciones estaban involucradas y comprometidas en función de conquistar posiciones territoriales".

De este modo, la existencia de un "problema político que se traslada al campo de la guerra" significó en toda América del Sur "una revolución política, que antepuso los derechos de las personas, de los pueblos y de los grupos sociales por sobre el concepto que hasta ese entonces organizaba la relación entre gobernantes y gobernados en relación con su procedencia divina, tal como lo imponía la monarquía".

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