Cobos entre la traición, la deserción y el deber

Con el año nuevo también comienza otra época para el vicepresidente Julio Cobos, porque lo que hasta ahora le alcanzó para ser durante un año y medio el político más popular del país, muy posiblemente ya no le será suficiente para mantenerse allí.

martes, 26 de enero de 2010
Cobos entre la traición, la deserción y el deber

El vicepresidente Julio César Cleto Cobos

Por Carlos Salvador La Rosa - clarosa@losandes.com.ar

Julio Cobos piensa que su voto “no positivo” evitó el derramamiento de sangre en la Argentina, pero no sólo eso, él también dice creer que tal voto no fue un hecho circunstancial o excepcional sino un signo del destino, o, más bien, la misión que el destino le asignó: pacificar los ánimos entre los argentinos. Al menos, esa autoevaluación es la que el Vicepresidente transmite cuando -acosado por los continuos ataques políticos- se confiesa ante algún interlocutor para explicar las razones de su accionar.

Durante año y medio, con un Congreso obsecuente, una justicia obediente y una oposición inexistente, Cobos fue el bastón, el soporte, el parche institucional que -en el imaginario popular- le ponía algún límite o control -aunque más no fuera simbólico- a un poder descontrolado.

Hasta ahora, con fórceps, la clase política más o menos toleró ese papel impuesto por una opinión pública despolitizada que ve en Cobos al único político más o menos potable porque no se parece a casi ninguno y porque lo desprecian casi todos. El oficialismo sólo se dedicó a provocarlo mediante chiquilinadas, a ver si se desgastaba por sí solo. Mientras que la oposición lo vio como al suertudo que sin mérito alguno se sacó la lotería y comenzó a seducirlo no porque tuvieran alguna estima hacia él sino para ver si podía compartir el premio.

Pero, en el fondo, tantos unos como otros, lo creen flor de traidorzuelo. Cosa que la opinión pública percibió en el acto: Y un hombre evaluado como traidor por la clase política no podía sino ser leal a la causa de la “gente”, supone la “gente”, esa categoría política colectiva de épocas antipolíticas, al que la elite dirigente desprecia tanto como al mismo Cleto.

Vale decir, la popularidad de Cobos tiene mucho que ver con el desprecio, la subestimación, la traición a su “clase”, que los políticos en general (oficialistas y opositores) le imputan de mil maneras.

No obstante, todo indica que con eso solo ya no le alcanzará: Es que a partir de la nueva composición del Congreso y luego del desastre institucional ocasionado por el Gobierno en el Banco Central, ya todos se le animan a los K y entonces Cobos empieza a molestar a todos.

En términos más precisos: el Vice comienza a ser atacado explícitamente en sus ambiciones electorales por todos los que tienen ambiciones electorales. Momento propicio entonces para que el Gobierno haya decidido montar la más gigantesca campaña para destruirlo, sabiendo que ya casi nadie en la oposición tiene mucho interés en defenderlo, porque seguir siendo vice es una ventaja demasiado grande que Cobos posee con respecto a todos los que también quieren competir en 2011. Por eso hasta los suyos le sugieren que renuncie... por “ética”.

Pero el Vice sabe que aunque renuncie, todos los que hoy le piden que lo haga, lo seguirán considerando “traidor”. Además, es probable que si renuncia, la mayoría de la opinión pública que lo sigue teniendo en alta estima lo considere un “desertor”.
 
Es que a la “gente” Cobos no les atrae tanto por sus ideas, ni siquiera como potencial presidente, sino porque es un hombre como ellos -como la “gente”- que está en el poder. Y ambas cosas son inseparables en el imaginario colectivo: si sigue siendo alguien como ellos pero renuncia a estar en el poder, lo más probable es que pierda su encanto.

A Cobos hoy el Gobierno le pide que renuncie a ser vice porque lo suyo es poco ético institucionalmente (¡mirá quien habla!), mientras que una parte de la oposición le pide que renuncie a ser candidato a presidente si quiere seguir siendo vice y otra parte le pide que renuncie a ser vice si quiere seguir siendo candidato. Mientras que la “gente” sólo le pide que no renuncie. Los oficialistas quieren que no los moleste ahora, los opositores que no los moleste después, mientras que la gente quiere que los siga molestando a todos.

En síntesis, Cobos corre el riesgo de quedarse cada día más solo porque ya no es tan necesario como antes. Ahora los opositores pueden ganar muchas batallas en el Congreso con o sin él, los aspirantes a cobitos (como Redrado) irán apareciendo por docenas, la Justicia le está poniendo cada día más límites a las pretensiones de poder absoluto y hoy todos los opositores se sienten en condiciones de ganarle a los Kirchner sin Cobos. Para colmo, los únicos que dicen apoyarlo, algunos radicales, no confían en absoluto en él. Y la “gente”, que será antipolítica pero no políticamente tonta, se da cuenta de esa desconfianza, lo que electoralmente puede ser letal.

Con respecto al talón de Aquiles de Cobos, parece ir apareciendo cada vez que muestra aspiraciones a la Presidencia. No sólo que allí todos los políticos se le ponen en contra, sino que es probable que la propia opinión pública vea esa actitud de postularse como algo que lo hace parecerse más a los políticos que a la “gente”.

Por eso, de ahora en más, seguir donde está será caminar por una cuerda cada vez más floja. Si se cae, se baja o lo bajan casi seguro se inmolará. Pero si utiliza la Vicepresidencia para ser presidente los ataques serán tantos y las defensas tan pocas, que también puede inmolarse.

En realidad, si Cobos en serio cree en el sentido patriótico de su voto, lo que debió hacer desde siempre fue dedicarse a tiempo completo a ser vicepresidente al modo en que lo requirió la historia (como control imperfecto de un poder sin control y como aspirante a pacificador en un país crispado) sin siquiera insinuar sus ambiciones futuras, o, mejor, insinuar que estaría incluso dispuesto a renunciar a ellas si la patria se lo demandara.

En otras palabras, que su destino lo decida la valoración que la gente haga de cómo cumplió su cargo actual en vez de utilizar su cargo actual para armar una candidatura más. Que, para intentar ser uno de los mejores vicepresidentes, demuestre sinceramente que está dispuesto hasta renunciar a postularse. Actitud que hasta ahora jamás mostró.

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