San Salvador de Bahía: del candomblé al carnaval

Las costumbres y creencias, producto de la combinación de sangre aborigen, africana y portuguesa, son la riqueza de la ciudad.

domingo, 24 de enero de 2010
San Salvador de Bahía: del candomblé al carnaval

Una de las pequeñas playas del sector bajo de la ciudad. (www.carnaval.salvador.ba.gov.br)

En el momento en que la camioneta estaciona en la zona alta para que los turistas desciendan a fin de emprender un recorrido a pie por el Pelourinho -el centro histórico con construcciones del siglo XVI, XVII y XVIII-, una veintena de jóvenes -y no tanto- copan las salidas con sus buenos augurios y las pulseritas del Bonfim.
 
"Bienvenidos a Bahía, aquí tú serás muy feliz, tienes que pedir 3 deseos, uno por cada nudo", dice el vendedor de collares de semillas al colocar la primer cinta de colores -fitinha- en honor al máximo dios. Cuando aún el visitante no pudo emitir sonido, ¿que has pedido?, increpa amablemente, el viajero tartamudea y rápidamente el moreno arremete: "yo pedí salud, dinero y mucha felicidad para ti", todo con la más extensa sonrisa y un tono tan afable que no queda más que agradecerle la atención con algunos reales.

A continuación varios de estos nuevos amigos portadores de un sinfín de productos serán compañía permanente. Los precios son accesibles, aunque si regatea se sorprenderá de lo poco que cuestan las cosas (un collar que inicialmente lo pregonaban a R20 a las dos cuadras de charla -porque nunca dejan de seguirlo- puede terminar en una compra de 4 por R15).

En un rincón junto al Mercado Modelo, -antigua aduana a la que llegaban los barcos- en el que los visitantes encuentran plasmada la idiosincrasia del lugar, sus costumbres -un combo de herencia africana, portuguesa e indígena- en cuadros, telas, cerámica y metales, una típica bahiana cocina acarajé en su puesto íntegro de acero inoxidable.

Vestida de blanco inmaculado de una tela liviana aunque con volados, puntillas, y un miriñaque que la hace más voluptuosa, y que, con el calor casi sofocante de estas épocas, no le envidiamos para nada. El manjar que caracteriza a esta zona es un bollo de masa de porotos relleno con pasta de camarones preparado de leche coco y aceite de palma, que sirve en una servilleta de papel. No prejuzgue, pruebe.

Los dos pisos del Mercado y sus entrepisos son un deleite para los que buscan llevarse un pedacito de Bahía, hay cerca de 300 puestos. Otro sitio para encontrar inigualables recuerdos es la Feria de Sao Joaquim en cuyos escaparates la diversidad de productos es asombrosa, desde frutas hasta amuletos de candomblé, llamados patuás, pasando por instrumentos musicales -como las percusiones de capoeira, atabaques, palos de lluvia y tambores de agua, además del famoso berimbau-, especias, tisanas entre tantos objetos que juegan con la mística y lo oculto.
 
Luego en los comercios del centro colonial y en las calles con sus vendedores ambulantes, hay buenas ofertas de productos autóctonos. Las castañas de cajú y las cocadas, como unos ajíes picantes muy pequeñitos, son tan famosos como las bahianas representadas en cerámica, óleos paja, cuero, madera y papel. También hay muchas piedras preciosas, y si el viajero lo desea se incluye una visita a una de las joyerías más famosas de Brasil en la que realiza un tour privado.

Tus santos, mis dioses

En la urbe de las 365 iglesias, una para cada día del año según afirman, donde “el día comienza con una bendición en el altar y culmina con una fiesta pagana", el sincretismo entre ritos católicos y africanos, es fascinante.
 
Los esclavos siempre se negaron a abandonar a sus dioses, la resultante para conservar su vida fue disfrazarlos de santos católicos. El candomblé replica esta mixtura cultural, en sus centros - como Casa Branca- donde los dioses son adorados y consultados desde hace más de 350 años.

Ahora las prácticas ya no son ocultas, por el contrario conviven en sorprendente equilibrio en las acciones y creencias de los habitantes que encienden velas en la iglesia y le brindan ofrendas al mar. A Óxala, el grande, el misericordioso se lo identifica en el culto con Jesús, a Lemanjá, madre fértil del mar, con María, y así a cada deidad imperfecta y netamente humana le corresponde un santo del imaginario católico apostólico y romano.

Retazos coloniales

El Pelourinho fue declarado en 1985 Patrimonio Histórico de la Humanidad, su denominación refiere a la columna de piedra donde se ataban y castigaban a los esclavos, por ello las piedras del adoquinado tienen tintes rojos, es la sangre de los africanos, dice la leyenda.

Se encuentra en la parte alta, recordemos que con fines militares para defender a las ciudades de los ataques piratas y de los enemigos, la piedra fundamental de cada asentamiento colonial se depositaba en un punto en el que se tuviera pleno control del mar. Pero la ciudad se fue extendiendo hacia los lados y hacia abajo, donde ahora se encuentran las áreas más modernas a las que también cabe echarles un vistazo.

Como a sus playas, ya que el extenso litoral bahiano -50 km- depara al viajero aguas muy claras, arenas blancas y la posibilidad de combinar alojamientos de lujo con pequeñas posadas, paseos embarcados, visitas a reservas coralinas, parques ecológicos sin olvidar los pequeños poblados de pescadores -que ahora viven esencialmente del turismo- cuya fisonomía termina de pintar el alma bahiana.

Más notas de esta sección
  • Mendoza es Aventura

    Mendoza es Aventura

    Una síntesis de las propuestas de turismo activo que rigen durante el verano. Recorridos, prestadores y todos los precios.

  • Puerto Pirámides: nadar con lobos

    Puerto Pirámides: nadar con lobos

    En las aguas más cristalinas y profundas del Golfo Nuevo es posible explorar el mundo submarino para observar variedad de peces, crustáceos y jugar con lobos marinos.

Copyright 2010 Los Andes | Todos los derechos reservados
prev

San Salvador de Bahía: del candomblé al carnaval

Una de las pequeñas playas del sector bajo de la ciudad. (www.carnaval.salvador.ba.gov.br)

San Salvador de Bahía: del candomblé al carnaval

Hay que dedicar varias horas para disfrutar del Pelourinho.

next