Diego Golombek.
Desde siempre ha habido una marcada separación entre la ciencia y el conocimiento común de los hechos de todos los días. Tenemos la imagen del científico, como una persona con guardapolvo blanco, ojos desorbitados, despeinado y algo "tocado" luego de haber estudiado tanto.
Sin embargo, la ciencia no está sólo en los laboratorios, sino que puede y debe aplicarse en las pequeñas cosas. Es tarea de los científicos permitir que la ciencia llegue a todos y se aplique a las pequeñas grandes cosas de la vida.
En la cocina, el jardín, el baño, la cama y en la calle se pueden generar hechos científicos ¿Existen parámetros para explicar la belleza? ¿Los sentidos mienten? ¿Por qué cantamos mejor en el baño? Estas son preguntas que quizás nos hacemos a menudo y tienen una explicación científica. Otras son un buen incentivo para empezar a investigar.
Diego Golombek es un reconocido científico a nivel nacional e internacional. Es doctor en Ciencias Biológicas especializado en cronobiología e investigador del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet) de la Universidad de Quilmes. Actualmente, conduce el programa televisivo "Dr. G" en canal Encuentro y ha sido columnista de "Científicos argentinos" en Canal 7 Argentina.
Además, ha escrito numerosos libros y publicaciones científicas que lo llevaron a ganar prestigiosos premios. El investigador dio una charla en la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad Nacional de Cuyo. "La ciencia en la vida cotidiana", forma parte de una serie de conferencias organizadas por el Instituto de Biología y Medicina Experimental de Cuyo (Imbecu).
"Esta charla intenta crear un puente entre dos culturas: la científica y el conocimiento vulgar", explica Golombek. "Hay una confusión muy grande sobre qué es esa cosa llamada ciencia. ¿Es buena? ¿Es mala? ¿Es una porquería? ¿Vamos a terminar viviendo en una novela de ciencia ficción?
Aclarar estos interrogantes es responsabilidad de los que investigamos. Si la ciencia, entendida como una forma de ver el mundo, es maravillosa, entonces no puede ser una porquería. En todo caso, no la estamos contando bien. Si explicamos de manera apasionada lo que hacemos vamos a apasionar y entusiasmar a nuestro público. Al tener una jerga, los científicos nos alejamos un poco de la sociedad", sentencia el estudioso.
El expositor insiste en que podemos hacer ciencia partiendo de las cosas que nos rodean. Se define como investigador y divulgador científico y siempre ha tratado de explicar didácticamente y con humor cómo hacer ciencia.
Descubrir qué cosas producen determinados fenómenos o la aparición de algunos hechos u objetos desconocidos es una actividad científica. Podemos hacer ciencia sin necesidad de microscopios electrónicos, aceleradores de partículas o un sofisticado laboratorio.
"La ciencia es eso que te pasa todo el tiempo y no te das cuentas. Esto se ha planteado como una lucha entre dos bandos: nosotros (los científicos) estamos en el bando de los buenos, por supuesto", aclara el investigador, con picardía. "Pero también estamos en el otro bando cuando no entendemos algo que no es de nuestra área científica. Por eso, nosotros también sentimos esa separación entre dos culturas".
Las pequeñas cosas
Al pensar en ciencia muchos suponen que se trata de explicaciones muy complicadas y cosas extrañas. Quizás así sea en algunas disciplinas y siguiendo ciertos abordajes teóricos. Por eso, la mayoría no piensa en las cosas de la vida cotidiana. Es allí cuando se cae en el error de separar la actividad científica de los hechos de todos los días. Aquí van algunos ejemplos que tal vez aclaren tal confusión:
¿Qué es el bostezo? ¿Para qué sirve? ¿Por qué es contagioso? "La respuesta es muy breve: no tenemos idea. Hay hipótesis que dicen que es para relajar los músculos, otras postulan que sirve para oxigenar la sangre del cerebro y algunas que se produce para mantener un estado de vigilia. Pero ninguna ha podido explicarlo totalmente. Además, es muy contagioso, pero tampoco se sabe bien por qué", explica el investigador del Conicet.
La cocina es el ejemplo más completo para encontrar ciencia en la vida cotidiana. "Es un auténtico laboratorio, producimos todo el tiempo reacciones químicas y físicas, a veces en forma controlada y a veces no, a veces en forma comestible y a veces no", bromea el científico.
"Es un lugar donde podemos aprender principios muy básicos como qué se mezcla con qué, experimentar por prueba y error. Aprendemos por qué se queman las tostadas, por qué un bife cambia de color, una serie de cuestiones muy básicas que son ejemplos muy ricos para entender la ciencia en las cosas que hacemos todo el tiempo".
Cuando estamos en el baño cantamos en la ducha mucho mejor que fuera de ella y hay razones muy claras para explicar esto.
"Primero porque el baño es una caja de resonancia donde algunas frecuencias suenan más que otras. Las graves suenan más y están más tiempo en el aire que las agudas. Y eso tiene dos consecuencias: si una onda está más tiempo en el aire se promedia y todo lo que se promedia quita los defectos; por otro lado, las notas graves son las que menos erramos. Cuando uno canta 'pifia' más en los agudos que en los graves. Uno no tiene en cuenta estos aspectos físicos, pero inconscientemente, canta porque se da cuenta que suena mejor en el baño que afuera", desliza el disertante.
Se trata de "Mendigogame", la versión española del exitoso "Pennergame" de Alemania. Consiste en recoger chatarra, beber alcohol, pedir dinero para sobrevivir y hasta delinquir. El lanzamiento ya generó polémica en Europa. Próximamente, Argentina podría tener su versión.
El gobierno de San Luis les entregó casi 70 mil hectáreas para fomentar la agricultura y crianza de animales. Se levantaron 24 viviendas, una escuela y un hospital con la más moderna tecnología. Se proyecta el área, a futuro, como un polo turístico con la construcción de un hotel cinco estrellas. Se encuentra a más de 200 kilómetros de la capital puntana.