Estilo

El túnel del tiempo

El mundo cabe en una figurita

Tiene casi 100 años y una vigencia inalterable. En este Día del Niño recordamos una pasión sin edad: la de coleccionar figus.

domingo, 09 de agosto de 2009

Si existe algún objeto que haga retroceder, diez, veinte, treinta o cuarenta años, son sin lugar a dudas las figuritas. Su magia reside en la nostalgia; en el hecho de que cuando éramos chicos pusimos tanta pasión en la colección, en el rastreo de aquella figurita difícil y en el sueño de poder ganar la codiciada pelota de fútbol, como máximo premio.

Por supuesto que después de muchos años, uno se da cuenta de que era más fácil ahorrar esas monedas que nos daban nuestros padres y adquirir el premio, que comprar cientos y cientos de paquetes.

Pero, a pesar de todo, en cada una de estas redonditas, chapitas o figus rectangulares, cuando las volvemos a ver, aparece el imborrable recuerdo de aquellos años de nuestra niñez.

La historia poco conocida

La afición por coleccionar figurita en nuestro país nació allá por los años 20 y, créase o no, era un entretenimiento netamente femenino; pero tiempo después, se transformó en unisex cuando varias marcas de cigarrillos como los Fontanares, Combinados, Dólar y Plus Ultra, incorporaron figuritas coleccionables en sus paquetes.
 
El juego era evidente: al finalizar la colección se entregaban interesantes premios. De esta forma, las empresas tabacaleras iniciaron los primeros pasos del marketing.

A fines de 1928 surgió una nueva estrategia. Las vehiculizaban las etiquetas de los chocolates Águila. Estos incluyeron las primeras figuritas en golosinas; los promotores de la novedad ofrecían canjear determinado número de esas piezas por premios como muñecas y pelotas de fútbol.

Coleccionar, cosa de hombres

Por esa época, comenzaron a circular los primeros álbumes por iniciativa de las fábricas de chocolate.

En estos álbumes, los niños y algunos otros con unos añitos de más, pegaban en sus páginas las caras de deportistas como Luis Ángel Firpo o Justo Suárez (llamado “El torito de Mataderos”) a los que se les agregaron también las legendarias leyendas del fútbol argentino como Américo Tesorieri, Alejandro Scopelli, Bernabé Ferreyra, Domingo Tarascone o el paraguayo Arsenio Erico (el ídolo del rojo fue el máximo goleador de la historia del fútbol argentino).

En muy poco tiempo, las imágenes de estos cracks se adueñaron del mercado y la actividad de juntar y coleccionar figuritas se volvió cosa de hombres.

¡Figurita sí, tabaco no!

Se puede decir que en 1940, las figuritas se convirtieron en productos independientes de las golosinas y el tabaco. Fue en esos años que la popularidad de las figuritas creció notablemente. Esto hizo que algunos empresarios vieran un verdadero negocio.

A partir de ese momento, las figus pasaron a ser comercializadas en sobrecitos que se vendían en almacenes y quioscos, en tanto que los álbumes se entregaban gratuitamente para que los pibes las coleccionaran en forma ordenada.

Los chicos de aquella época se lanzaron a las calles en busca de la novedad.

El rey de las figuritas

Si en la década del 40’ la figurita tuvo su auge, a fines de los 50’ marcó la proyección y la prosperidad de este mercado hasta hoy.

Todo esto se lo debemos a un ex jugador de fútbol de Racing Club y de la selección argentina llamado Ernesto Gutiérrez, apodado “el rey petiso”, quien en 1956 al mando de la editora denominada “Crack” editó ciento de colecciones.

Aparte de institucionalizar las figus, Gutiérrez tuvo como objetivo principal brindar, al público “figuritero”, cantidad, calidad y originalidad.

Como base estaban los jugadores de fútbol pero también incluyó figuritas como Caperucita Roja, Blancanieves, Payaso, Lejano Oeste. También películas como “King Kong” y algunas series televisivas como “Batman y Robin” y el agente de C.I.P.O.L .

Redondas y metalizadas

¿Quién no se acuerda en los años 70 de las clásicas figus “chapitas” que, como su nombre lo indica, eran redondas y metálicas en donde tenían grabado a todo color, el rostro de los jugadores de fútbol de aquella época?

Éstas eran muy buenas para jugar con los amigos del barrio al “punto” porque no se rompían; también a la “chiru” a pesar de los riesgos que corrían los eventuales competidores.

Otros que rompían con el esquema tradicional se llamaban tarjetones, en donde aparecían en colores equipos de fútbol de aquellos años; boxeadores como el recordado Nicolino Locche y pilotos legendarios del T.C. como Carlos Pairetti o Eduardo Copello.

Más tarde llegaron unas figus que fueron de las más populares, llamadas: “Titanes en el Ring”, en las que se encontraban los máximos exponentes del catch nacional como Martín Karadagián, la Momia, Rubén Peucelle, entre otros.

Tiempo después, salieron las figus “Zoo” que traían artistas del cine y la T.V. argentina, en la que se destacaban los rostros de Biondi, Olmedo, Porcel, Piazzolla, Atahualpa, Mercedes Sosa, entre otros.

Cabe destacar otras importantes colecciones como las de los mundiales de fútbol o las de “Frutillitas”, para ellas. Hoy, los niños del siglo XXI siguen juntando y jugando a la chiru y al punto, como hace casi 100 años. Carlos Campana - las2campanas@yahoo.com.ar

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