San Telmo

miércoles, 26 de agosto de 2009

El edificio amarillo de la calle Chile 371 podría ser el más anodino de San Telmo: está despojado de balcones, y apenas sobresalen los escapes de las estufas de tiro balanceado.

Pero aunque la construcción no tenga nada que pueda compararse con la arquitectura ornamental del resto del antiguo barrio, es un punto de peregrinación permanente.

En la tira, el inmueble está retratado con un estupendo realismo. Mafalda aparece frecuentemente hundida en sus reflexiones existenciales mientras está sentada en su entrada vidriada, tan típica del gusto modernista de los ‘60. También figuran los angostos pasillos, el ascensor, las escaleras, así como la letra “E” del departamento del décimo piso en el que vivía el dibujante cuando se publicaba la historieta.

“Todo igual”, asegura el portero, don Alberto. “Sólo que los vecinos de entonces se han ido mudando... Mudando hacia Chacarita”, agrega con pertinente humor.

Sin embargo, el espíritu de la niña preguntona quedó atrapado allí desde entonces, dando pie a toda clase de leyendas acerca de qué personaje de la vida real podría haber inspirado a los individuos de la tira. Se dice, por ejemplo, que una señora que sale con ruleros empujando un changuito era una antigua residente de carne y hueso, a la que todo el mundo conocía.

Los vecinos del 371 no ocultan su orgullo por esta madeja de historias, a las que hace muchos años querían potenciar con un monumento a Mafalda (ya había una placa recordatoria en la puerta). El rumor sobre esta aspiración de larga data llegó al programa Puertas del Bicentenario, dependiente del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, que finalmente hará el deseo realidad.

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